—Quizás mis hermanos harían una revolución sólo para que no vuelva a casa —apoyó su espalda contra el árbol que tenía detrás e inhaló una gran bocanada de aire, cerrando los ojos— me molesta el gas en la bebida, así que tomo jugo de frutas o agua —se quedó en silencio unos segundos, con los ojos cerrados— amo la tranquilidad de este lugar.
—¿Por qué harían eso? —la miró confundida— También yo la amo, me hace acordar a mi hogar, y aunque me gusta estar aquí, también disfruto el recordar como era todo allí.
—Lo harían simplemente por el hecho de que, al estar durmiendo aquí, mi habitación queda vacía y la pueden usar como sala de juegos y esas cosas —una sonrisa se formó en sus labios, aún con los ojos cerrados— Yo aprecio la tranquilidad de aquí porque no suelo tenerla en otros lugares, sólo cuando duermo. En mi casa siempre había griterío y ni hablar de mi instituto anterior. Las chicas de allí eran un fastidio.











