Soy una contradicción viviente. Quiero ser amada con ternura, pero me aterra cuando alguien se acerca demasiado. Digo que ya no espero nada de nadie, pero en el fondo, todavía espero que alguien me demuestre que no todos vienen solo para irse. Digo "ya no importa", cuando la verdad es que importaba tanto que tuve que fingir que no. Y sí... no soy fácil de explicar. Porque siento demasiado, pienso demasiado, perdono demasiado... pero también me canso de ser la que siempre entiende a todos mientras nadie intenta entenderme. No soy perfecta. A veces soy el caos.
A veces soy el silencio. A veces soy todo lo que no sé cómo explicar. Pero también soy alguien que sigue intentando amar bien incluso después de haber sido amada mal tantas veces.
Y tal vez esa sea mi mayor contradicción: que aunque la vida me ha dado razones para volverme fría... todavía hay algo en mí que se niega a dejar de sentir.








