kangunji:
Instintivamente se soltó del agarre de la muchacha, no era el tipo de personas a las que le agradase el contacto físico y mucho menos si éste era inesperado–. Lo siento, no bailo –respondió, embozando una sonrisa amable.
“¿Por qué no?” preguntó arrastrando las palabras. Se le acercó más a la chica y esta vez le sostuvo la mano, parpadeando repetidas veces en un intento por convencerla. “Baila conmigo, ¿sí? Ya me aburrieron los hosts, he bailado con todos”.








