Siente que no puede más con los cumplidos que le hace el otro, Jun tenía una manera muy honesta y relajada al hablar de lo que pensaba. Termina negando con la cabeza y sonriendo, a pesar de todo. “¿No debería compensar por tu tiempo, si es una cita?” ´pues ese era el trabajo de los hosts como él, al final del día. Planea mentalmente pagar por el tiempo del muchacho, si es que de verdad se quedaba un rato con él.
Brindar con el seoulite hace que olvide momentáneamente su situación anterior, pero el comentario del mayor lo hace considerar nuevamente lo que habrá sucedido con la muchacha de la cita fallida. “Pues, ahora que lo mencionas…” observa el teléfono unos segundos, ponderando si debería intentar una nueva llamada para asegurarse de que nada grave le haya ocurrido o no. Termina desechando la idea, estaba seguro de que se enteraría si algo realmente malo hubiera tenido lugar, y es precisamente lo que le informa a su acompañante. “Además, es una especie de drama queen, no desperdiciaría la oportunidad de llamar la atención,” añade con una risa. Un rato después se relaja nuevamente sobre su silla, esta vez echando una mirada a su alrededor. “Las citas a ciegas son realmente una mala idea. Realmente tenía un mal presentimiento sobre esto, pero al parecer tengo un problema para decirle no a la gente que aprecio” suspira, un amigo lo había persuadido a pedirle una cita a la muchacha. “Eso o necesito consejos sobre ‘cómo encantar a las mujeres’.” Se ríe, “Ustedes harían buen dinero con eso!”
La sonrisa que ha mantenido durante la mayor parte del encuentro se esfuma rauda de su rostro, instalándose a cambio los pliegues en el entrecejo. Pero no está molesto, como puede fácilmente parecer, sino que más bien contrariado, estupefacto, algo incrédulo—. Esta no es una de esas citas —aclara con voz neutra, relajando sus músculos faciales cuando nota la mueca que está manteniendo—. No estoy trabajando en estos momentos —hace énfasis en su aseveración, la vista fija en él—, pero si insistes en compensarme con algo, que sean muchas risas y un buen tiempo, ¿vale? —la sonrisa comienza a volver a medida que ladea el rostro, esperando así haberse hecho entender—. No le des más vueltas —vuelve a hablar antes de finalizar con aquel tópico. Aprovecha entonces que Junsu está echándole un vistazo a su móvil para estudiar él a su alrededor, las mesas de les rodean, los murmullos del ambiente y el escenario que está siendo ocupado termina por llamar su atención, distrayéndose con los músicos y su interpretación de fly me to the moon unos prolongados segundos. La voz de su compañía le regresa a tierra y vuelve entonces su rostro a él—. Mh, ¿no tienes suficientes drama queens en el club para ir a por más, acaso? —inquiere, riendo ante su propia gracia—. Bueno, no es por nada que las citas a ciegas siempre han tenido fama de desastrosas. Pero, ¡hey! La vida se trata de experiencias, ¿no? —trata de animarle. Va a tomar un sorbo más, pero termina por apartar la copa de su rostro para reír con todo el escándalo que quiera provocar—. Qué va. ¿Por qué crees que siempre tenemos clientas nuevas? Las antiguas se van desencantando con una velocidad preocupante —revela cuando la compostura se halla recuperada, hundiéndose entre sus hombros. No le preocupa, en cualquier caso, pues siempre ha sabido que la fantasía de lo falso dura ridículamente poco—. Si sirve de consuelo —se mantiene silente en lo que reclama su sorbo de licor suspendido, quizá queriendo agregar un tinte de suspenso a sus palabras, también—, encantar a hombres se te da de maravilla.