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Rodó los ojos al escuchar las continuas quejas del menor, ocupándose por cubrir su rostro con la loción, protegiendo su piel de los abusivos rayos. Con su pequeño espejo se aseguró de que no hubiera ninguna imperfección mientras la voz del contrario seguía taladrando sus orejas. “Yah~, tú odias todo.” Le contestó, apenas volteando su cuello para mirarlo de costado. “Además, te viene bien un poco de diversión en la playa, nunca me quieres acompañar cuando te invito.” Su entrecejo se frunció, a Sungjoon le encantaba aquella casa en la playa, en donde podía disfrutar de su tiempo libre nadando y relajándose. “Ni se te ocurra encerrarte en tu habitación.” Dijo, esta vez volteando del todo para apuntar un acusador dedo a su mejor amigo, rostro serio. “Mejor que te dediques a entretener a los invitados o te juro que duermes con la tortuga.”
“Nunca quiero venir porque...” aclaró la garganta mientras se concentraba en mirar fijamente al mayor “Odio la playa” susurró de la manera más lenta posible, queriendo dejar en claro ese hecho para después, soltar un suspiro frustrado, dejando de lado su tarea con el protector solar y continuando su pequeña rabieta “¿Qué clase de mejor amigo deja a su mejor amigo dormir con la tortuga?” alzó la voz, aparentemente bastante ofendido con las palabras del contrario “No me importa, no quiero estar aquí, me tomaré los dos días libres, es más, me tomaré tres días libres y quizás jamás vuelva a Corea” de nuevo, dramatizando cada letra de sus palabras.
Asintió para confirmarle que se encontraba bien y tomó de su mano, controlando sus risas avergonzadas para, en su lugar, sonreírle en gratitud. “¿Por qué lo dices? Es una playa preciosa,” comentó una vez que estuvo de pie, contemplando sus alrededores. “¿No te gusta la playa?”
“La playa es horrible” dictaminó como si aquello fuese la única verdad existente “Hay arena en todos lados, el sol es mucho más intenso y el olor... el agua...” sacudió el rostro en negación y suspiró “Detesto la playa” concluyó con su pequeña crítica para entonces observar a la morena “¿Te lastimaste?”
Las quejas contrarias llegaron a sus oídos, pero no hizo nada al respecto, al menos hasta que la desconocida figura acabó en el agua. Fue una vez completada su misión que volvió a su puesto inicial. “Debía hacerlo.” Explicó como si nada, tomando asiento segundos más tarde para observar a su víctima salir del agua. La señora no estaba muy contenta y se podía ver con claridad en sus facciones y la rapidez de sus orbes que probablemente buscaban al culpable. “Si pregunta, yo no me he movido en toda la mañana.”
“Eres una chica bastante peculiar, Heo Minju” murmuró con la misma tranquilidad de la contraria antes de pasear nuevamente sus dedos por sobre sus ojos, tallándolos un poco ---estaba algo adormilado--- “Pero vale, seré tu cómplice o lo que sea, solo... no te muevas mucho” y entonces aprovechó que la morena estuvo de vuelta cerca de él para acomodarse una vez más, recargando un poco su cuerpo contra el de ella y sin decir más.
Se encontraba en uno de los sillones de playa desplegados para los invitados, resguardado del sol bajo una de las enormes sombrillas. Sus manos pasaban por cada zona expuesta, cubriéndose minuciosamente de protector solar. Llegó el problema al intentar embadurnar su espalda, apenas llegando hasta parte de sus omóplatos y espalda baja, una gran parte sin crema. Con un suspiro miró a su alrededor, labio inferior sobresaliendo en un puchero, mirando a la persona más cercana. “¿Me ayudas?” Preguntó, quería refrescarse en el agua, pero no podía hacerlo hasta estar completamente protegido del sol.
Tomó un poco de protector solar al momento que el contrario le pidió ayuda y comenzó a esparcirlo por lo ancho de su espalda con el menor cuidado posible, no era a lo que iba en ese momento “Como te decía, este evento es completamente estúpido, ¿Quién quiere estar en la playa en esta época? Hace calor, el sol está imposible...” siguió con sus quejas sin detenerse un poco, sabía que el ir a desquitarse con el presidente no era exactamente de ayuda, pero resultaba que también era su mejor amigo, no podía no quejarse con él “Odio la playa, odio el agua y odio el sol, iré a dormir hasta el atardecer y si alguien sigue vivo para esas horas, cumpliré con mi trabajo de Host”
Una figura demasiado cerca del agua fue suficiente incentivo para hacer que la estudiante se levantara de su cómodo asiento (donde había estado tomando el sol previamente) y empujara con toda sus fuerzas la espalda de aquella persona, provocando su directa caída al mar. Por fin comenzaba a divertirse.
“Yah... ¿A dónde se supone que vas?” el contrario alzó la voz al ver que su actual compañera de asiento se levantaba rápidamente y tacleaba a otra persona, no es que se quejara del ataque, poco podía importarle, pero si se quejaba de que la morena había servido para detener unos rayos de sol que le llegaban directo a los ojos y ahora... ahora no le quedaba de otra más que levantarse “¿Por qué me dejas así como así? Traidora” se quejó, un bostezo escapando sus labios segundos después.
“¡Estoy bien!” anunció entre un montón de alegres carcajadas, luego de haber aterrizado de trasero cerca de la orilla. Se había resbalado por accidente—las consecuencias de salir corriendo cual niña pequeña a meter los pies al agua—y lo peor del asunto era que no traía puesto un traje de baño, iba completamente vestida y con los pantalones arremangados.
“¿Segura que estás bien?” preguntó al ofrecer su mano para la castaña, buscando su mirada entre tanto ajetreo “Debiste tener cuidado, la arena no es confiable para ir corriendo así como así--- de hecho todo este asunto de la playa no es nada confiable” agregó, denotando su disgusto al estar ahí.
soft!
Haciendo su mayor esfuerzo por recordar las notas, Grace posicionó sus dedos sobre las teclas que creía, eran las correctas, y esperó a que el menor le diera la señal para tocarlas. Estaba bastante oxidada y se equivocó en más de una ocasión, pero hizo lo mejor por seguir el ritmo del otro y recuperarse rápidamente, su sonrisa nostálgica nunca abandonando su rostro.
Tocó al mismo tempo que la castaña, se dejó llevar por la música y de pronto sintió esa clase de conexión que se tenía cuando se compartía una pieza musical, algo que solo había sentido durante su tiempo en el conservatorio y entonces sonrió, mirándole de costado y sin dejar de tocar “Estás haciéndolo muy bien” elogió con una sonrisa algo nostálgica.
En silencio, se dedicó a oírle tocar, en su mente recordando una de las partituras que había practicado horas antes. Y, aun si estaba parcialmente distraída, el error no pasó bajo la mesa, peor tampoco le prestó mucho interés. Simplemente meneó la cabeza, con una sonrisa. “No importa,” respondió, encogiéndose de hombros, “has tocado hermoso igual.”
“Es una de esas piezas que te obligan a tocar una y otra vez cuando recién te acostumbras a usar ambas manos” respondió con una sonrisa, llevando una de sus manos hacia el puente de su nariz, cerrando los ojos por unos segundos “Al menos mi abuela lo hacía, es su favorita” agregó, de pronto recordando a la mujer y asintiendo un poco “¿Tu sabes tocar?” preguntó entonces, curioso.
“Las personas que no tienen mucho que hacer, muchas veces realizan cosas excelentes.” Las palabras del muchacho, solamente le hacen mantener la sonrisa. “¿Podré escuchar alguna vez aquello? Digo, un gran cover realizado por ti, o tal vez algo realizado por ti, es mucho mejor.” Comentó. La castaña se alzó de hombros levemente. Siempre le gustaba todo tipo tipo de música, especialmente si era original. La mente humana era maravillosa para crear grandes obras. “Argh, pocos tienen constancia. Es algo díficil tenerla en estos tiempos.” Más bien eso podía ser una opinión demasiado personal. “¿En serio? Ahora que lo recuerdo, puedo tocar ‘Mary tenía un pequeño corderito’. Puedo hacer una pequeña demostración.” Recordaba algo, o tal vez casi nada de eso.
“Otras veces simplemente destruyen una pieza que ya era perfecta antes de que decidieran hacer cualquier cosa” agregó, ya un tanto aburrido con el tema “Hablaba figurativamente, no me gusta inventar piezas, soy más pianista que compositor, a todo esto” añadió, solo queriendo dar un ejemplo de sus palabras y entonces mirarle de costado “Por eso es que lo dejé, en un principio, la única cosa constante en mi vid es mi familia y el club” claro que no en ese orden, lamentablemente “Adelante, seguro que a todos los del club les encantaría escuchar tu destreza en el piano” agregó con una suave sonrisa, levantándose del banquito para recargarse sobre el piano, observándola (sus manos, más específicamente)
Courtesy of yours truly
“Puedes ser.” Bromeó, encogiendo sus hombros. “Claro que sí” Reafirmó sus palabras con una leve sonrisa, posando rápidamente su mirada al joven. El piano era una de sus melodías favoritas y las más relajantes, siempre la escuchaba alguna que otra pieza cuando tenía que estudiar o estaba estresada. “Lo es, te sorprenderá lo variado que es.” Tenía un gusto extraño pero no tan grande, o comparado con el castaño no lo era. “Podrías tocar el piano en las fiestas, seguramente conseguirás más chicas.” Ironizó con una media sonrisa.
“Tal vez en la próxima fiesta haga una aparición especial, he estado escuchando Jazz y no voy a mentirte, La la land me inspiró bastante” agregó con una guiño para entonces girar completamente hacia ella, regalándole su atención “Mamá me dijo que modelarás con ella en la semana de la moda, ¿Es cierto? últimamente suele mentirme mucho, también me dijo que Haneul sería imagen de su nueva línea y él odia modelar” agregó, rodando los ojos. Sabía bien que no debía creer por completo las palabras de su progenitora.
“Ah, ya veo.” Aunque eso no le quitaba mérito, pues desde su punto de vista el trabajo y esfuerzo eran importantes, pero también se requería un mínimo de talento. El que ella carecía, por ejemplo, en matemáticas. “Ugh. Las odio. Las matemáticas, digo.” Su desprecio hacia los números incrementó cuando sus padres la enviaron a aquella academia para estudiar la asignatura horas extra. “Y son innecesarias. Es decir, para algo se inventaron las calculadoras.” Recordaba haber mantenido una conversación parecida con sus progenitores, los que no parecían estar tan de acuerdo como el contrario. De hecho, la castigaron por semanas por no cobrar bien a uno de los clientes de su carnicería. “Bueno… sí se podría.” Observó ahora el viejo piano, una mueca apoderándose de su rostro. “Golpeándolo bien fuerte con una silla, o algo.”
“No es que esté defendiendo a las matemáticas --créeme, las odio-- pero gracias a los estúpidos números es que tenemos calculadoras, vale, hasta celulares” agregó encogiéndose de hombros, sabiendo que tenía la razón “Pero bien se sabe que hay gente tan demente que se sienten apasionados por los números, gracias a los dioses que yo no soy uno de esos” agregó ya casi con dramatismo para meditar las palabras de la contraria “Creo que los únicos capaces de dañar un instrumento tan hermoso serían Dahee y Jaeyong... pero completamente intoxicados” y si se atrevían a dañar el preciado piano del host, seguro les iría mal, muy, muy mal.
No pudo evitar emocionarse al ver aquel piano de cola en medio del salón ¡era realmente bonito! Y jamás había tenido la oportunidad de escuchar un instrumento de esos, así que cuando el mayor pidió una sugerencia soltó lo primero que se le vino a la cabeza sin siquiera pensar si era posible o no. ❛¿Sería muy difícil tocar el tema de Howl’s Moving Castle?❜ inquirió mirándolo con ojos reluciente, realmente no le importaba mucho lo que el contrario decidiera tocar. ❛O lo que sea, sólo déjame escucharte ¿sí?❜
“Eh... pensaba que dirías algo más como ‘Für Elise’ o algo así” admitió con una pequeña sonrisa, sacudiendo el rostro poco después “No soy muy fanático de las películas, pero puedo tocarte el tema de Mario Bros.” agregó elevando ambas cejas, era una pieza que había aprendido por mero capricho y le servía en situaciones como esa “O también algo más... no sé Sunmi me pide coldplay todo el tiempo, creo que tiene un crush en Chris Martin o algo así”
—Tan solícito que te oyes, Jeon Kyungmin, ¿a qué se debe, acaso intentas ganar mi corazón? —le toma el pelo con su pregunta, restregando su pómulo en contra la melena castaña. Pronto olvida las palabras y sonríe aun cuando Kyungmin no puede verle. Sonríe porque recuerda con claridad nítida la melodía, de tardes antañas y musicales, que está oyendo : el comienzo como cascada de falanges de porcelanas, desesperado, casi errático, hasta que todo se convierte en llovizna traviesa, espiral aguda; y porque sabe también que su compañero tiene conciencia de la sonrisa que ha provocado. Sigue entonces con la vista las manos pálidas de su compañero crear una melodía más estructurada y concisa, cuál araña en apuro. Proporcional al tempo en aumento, así va del mismo modo la emoción dentro suyo, no pudiendo evitar estrujarle entre sus brazos, quizá, con un poco más de fuerza de la debida y llevarse en un impulso el torso contrario con él hacia atrás—. ¡Ah, mala mía! Lo siento.
“Me ofendes, Kang Jun. Pensé que ya me había ganado tu corazón hace tiempo” hizo una mueca muy parecida a un puchero para seguir con la pieza, ahora cien por ciento concentrado en sus dedos y la forma en que caían en automático sobre cada tecla, la manera en que su cuerpo ya tenía tan medido el piano a pesar de haberse alejado del instrumento durante un tiempo. Los profesores tenían razón, la práctica es necesaria, pero existe una parte del alma de un músico que siempre almacenará y protegerá los recuerdos, las piezas que se tocaban con el corazón, quizás. Sobretodo cuando eran dedicadas para alguien que apreciaba tanto como el rubio quién ahora le hacía perder por completo su concentración gracias a ese jaloneo de su propio cuerpo que fuera de molestarle, solo le causó soltar un par de carcajadas, cosa que no se veía tan seguido y mucho menos en el club “¡Jun! Déjame tocar o juro que no vuelvo a dedicarte nada” amenazó entre risas, tratando de volver a su asiento.