Mangel se había aparecido en casa de su amigo para contarle noticias de lo previamente mencionado hace hacía ya, dos meses. Empezó por explicarle cómo se habían conocido, se encargó de mostrarle fotos suyas. Era realmente preciosa, tal y como la describió. Se podía ver que le hacía feliz haberla encontrado, pues le gustaba mucho, y según él, se complementaban.
— ¿Tú qué opinas? — Cuestionó con su dulce voz envuelta en la tonada tan graciosa por su falta de “s”. — ¿Qué hago?
— Pues… — Rubén dudó unos segundos, rebuscando en su mente algo para decirle sin alterarse; o al menos no muy notoriamente. — Juégatela. Ve a por ella, tío.
Tras un largo — y arduo para Rubén — debate sobre la que sería la novia del pelinegro, se decidieron por grabar algo. Era la ocasión perfecta para comenzar con algún vídeo que entretenga al público, y por supuesto a ellos.
Encendieron la cámara y se dispusieron a comenzar con el espectáculo. Saludaron, bromearon, jugaron y se divirtieron, tal y como en los viejos tiempos. Sonrisas sinceras eran las que sus rostros esbozaban, demostrando la felicidad de estar con su mejor amigo. Pero, porque siempre hay un “pero”, el celular de Mangel vibró con una llamada justo al apagar la cámara.
El nombre de “Bea” apareció en la pantalla junto a su foto, sonrió de lado inconscientemente y comenzó a hablar con ella. Negó estar ocupado, y eso a Rubén le molestó. Estaba seguro de que ella sabría de antemano quién era, por lo que él no era inexistente. La llamada finalizó, y la sonrisa de embobado que tenía pintada en la cara no era ni medio normal.
— Eh, sí. Iré a verla hoy por la noche, a ver si tengo suerte. — Insinuó y comenzaron a reír.
Dos horas luego, se había retirado dejando al rubio en una desagradable sensación que se apoderó de él. Debía ignorar ese tipo de problemas “menores”, por lo que se dedicó a cenar para luego editar el vídeo.
Se encontró con todo tipo de escenas cómicas que debían editar más a fondo, eliminó esos silencios o partes innecesarias, agregó música, textos y los toques finales. No era un vídeo muy largo, pues el principal foco de la grabación — a pesar del juego — eran ellos dos.
Debía darle crédito a sus seguidores, observando detenidamente sus movimientos, debía reconocer que miraba a Mangel bastante seguido, e incluso, sus ojos brillaban un poco. Ponía una expresión de eterno amor, de un enamorado atontado; esto ya le había pasado antes, él no es su primer amor, sólo que jamás se había visto a sí mismo de esa manera.
Tecleó un tweet mencionando a su mejor amigo, uno provocativo, como para activar un poco aquella red social que tanto le fascinaba. No habían pasado ni dos minutos, ya tenía cientos de respuestas muy graciosas a decir verdad. Hasta contestó algunas, la interacción le parecía algo esencial. Conectar con los seguidores es una forma de demostrar que esto no es sólo su trabajo, sino su vida y entretenimiento.
— “Rubius”. — El mensaje se presentó en la pantalla de su móvil tras haberse despertado por la vibración del mismo. Miró la hora, 03:18am.
— “Joder Mangel. Mas te vale sea algo importante, que me has despertado!”
— “Tu? Durmiendo a esta hora? Xdddddddddd”
— “No estabas con tu novia? Crei que te encontrabas con ella hoy”
— “Sisisisi. Pero, queria saber si mañana te vienes con Alex y yo a cenar”
— “Dejaste de estar con ella para preguntar eso? Joder tío. Si, vale, vale”
El rubio tuvo sus complicaciones para conciliar aquel sueño tan imposible, pero lo logró para entrar en un sueño que se mostró como su paraíso ideal, su lugar en el mundo.
Estaban él y Mangel por la calle. No reconocía el lugar, pero se veía hermoso. Una gran luna acompañada de estrellas brillantes, con el fondo de una oscura noche; hojas anaranjadas de árboles llenaban la vereda, sin gente, completo silencio. Sus manos, las cuales estaban entrelazadas, se movían hacia adelante y atrás al compás de sus movimientos.
Caminaban sin un destino, sin un final asegurado. Sin rumbo, y a lo loco. Parecía que eran una pareja, sus dudas se confirmaron cuando recibió un beso. Ese tacto tan irreal pero a la vez no, juraría que lo sintió en carne propia. Era el momento perfecto. Su anhelado momento perfecto.
El sol penetró las cortinas haciéndole abrir los ojos por inercia y rechazo a la luz que terminó cegándolo. No era en realidad tan temprano como él creyó, 12:53. Se duchó, y sin siquiera almorzar o comer algo, dio los detalles que su último vídeo grabado con Mangel para luego dejarlo subiéndose.
Ya se encontraban los tres amigos tomando unas cervezas en un bar. La música estaba alta, la pista de baile se veía apetecible, sin embargo ellos estaban en una de las pocas mesas disfrutando de una amena y banal conversación. Era todo agradable.
Pero el momento se vino abajo cuando Mangel recordó no haberle contado a Alex sobre Bea, así que comenzó a explicarle las mismas cosas que a su mejor amigo. Éste miró hacia la pista de baile, y rodó los ojos sin ser percatado. Observó las chicas que había allí, tal vez podría obtener suerte y distraerse un buen rato, o aún mejor, toda la noche. Todas eran bastante explosivas, resaltaban por sus atributos naturales — en su mayoría —, pero no había ninguna que lo atrapara como solía pasarle. “Ha de ser que hoy no están todas muy buenas”, pensó.
— … En fin, ayer la he pasado genial. — Finalizó mirando al menor y a un distraído rubio. — Creo que se llevaría bien con Eva.
— Por supuesto. ¿Cuándo nos la presentarás? — Rubén prestó completa atención a la que sería la respuesta del pelinegro, no quería conocerla, pero era en cierto punto su deber.
— No lo había pensado… — Confesó cabizbajo. — Pero supongo que uno de éstos días os la presento, así de paso sabe quiénes son mis amigos.
El resto de la noche seguía genial, exceptuando por la pequeña herida en el corazón de Rubén. Estaban bebiendo, riendo y hasta bailado en ciertas ocasiones. Se sentía como en los viejos tiempos, y debía reconocer que la idea de conocer a la famosa Beatriz, le había gustado. Quizás, eso pueda ayudarle a dejar de lado aquel sentimiento incógnito que se había formado en él.
Sus dos amigos terminaron hablando mientras que él, por un momento, divisó a una chica que le pareció muy guapa. Era de una estatura bastante normal, no muy delgada, y con un cabello anaranjado que llegaba sus hombros en forma de leves ondas que se movían a medida que ella reía. Se había quedado un buen rato observándola hasta que sus acompañantes, decidieron darle un empujón.
— ¿Con que mirando a alguien, eh? — Comentó Alex con un tono picarón mientras daba el último sorbo de su cerveza.
— Ve, tío, ve. — Siguió Mangel.
— No sé si vuelvo. – Río, para luego escuchar la de sus amigos. — Os aviso.
Se armó de confianza recordándose a sí mismo que ésta no era su primera vez ligando, pero es que era un manojo de nervios. Aquella chica se le había hecho tan preciosa, que era diferente al resto; sólo que él busca una relación de la noche, no un lazo sentimental. “Tú puedes”, se repitió tras verla dirigirse hacia el pequeño patio que éste ofrecía.
Estaba iluminado con luces moradas y anaranjadas que se combinaban, un par de palmeras puestas en maseteros por las esquinas, cinco bancas de madera y un cielo estrellado que les funcionaba de techo. Había varias personas sentadas para conversar, o fumar, y ese era su caso. La dulce chica sacó un cigarro de su bolso, lo encendió y se dedicó a darle caladas para expulsar aquel humo que se difuminaba en el aire. Rubén se quedó anonadado observándola, tanto que hasta ella se percató haciéndole un gesto con la mano para que se siente a su lado.
— ¿Eres quien yo creo que eres? — Soltó divertida tras exhalar. — ¿O sólo te pareces?
El rubio se quedó estático, a veces se olvidaba que bastante gente lo conocía; pero tenía la esperanza de que ella no supiera quién era, y pudiera ligar sin restringirse de ciertas cosas. Él no sabía con quién estaba lidiando, tal vez decía algo fuera de lugar y la pelirroja lo hacía saber por todos lados. Sus nervios se convirtieron en miedo, miedo a que todo se salga de control.
— Supongo que sí. — Rió. — ¿Hace falta presentarme?
— Pues, no. Soy Natalia. — Se presentó dedicándole una mirada con aquellos orbes verdes.
Pasó una hora, ambos se encontraban tomando alcohol, un tanto idiotizados por el mismo. Ya dentro, Mangel se comenzó a preocupar y con la excusa de ir al baño, recorrió el establecimiento en busca de su amigo. Para cuando lo vio, estaba junto a Natalia acorralándola y susurrando en su oído cosas que, evidentemente, no podía escuchar. Sonrió emocionado, le alegraba que su amigo encontrara chicas con las que estar. Conservaba la esperanza de que haya superado a su última ex, y avance en la vida.
Rubén despertó tarde, muy. Eran ya las 16:43, la dulce pelirroja le mostró su faceta más fugaz durante toda la noche, haciéndole disfrutar como hacía tiempo que ya no lo hacía. Se encontraba sin su ropa, acostada boca abajo siendo tapada con la sábana azul sólo hasta su cintura, dejando al descubierto su espalda manchada con algunas pecas prácticamente invisibles.
Le pareció una imagen enternecedora, probablemente una de las pocas veces en la que vio de esa forma a una chica de una noche. Porque eso era, un entretenimiento sexual de una noche. Estaba más que claro, se lo había hecho saber. No era momento para estar sufriendo por amores — que no sean su mejor amigo —.
Se movió para vestirse con la ropa que encontró tirada. Divisó el panorama encontrándose con un montón de prendas sueltas por toda la habitación, y unas latas de cerveza. Un fuerte dolor se presentó en su cabeza, una de las consecuencias de tomar alcohol es la jaqueca proveniente de la resaca. Cogió su móvil para revisar bien la hora, y enterarse si tenía algún mensaje.
Efectivamente, había recibido uno.
Mangel le había mandado aquel mensaje que lo tomó por sorpresa, pensó no haber sido visto, cuando en realidad su mejor amigo supo de la situación.
Pero a pesar de haberlo pasado bien por la noche, con aquella espectacular chica, se sentía mal. No había logrado su cometido: olvidar el sentimiento que lo traía loco. Su mejor amigo había hecho estragos en su cabeza, y pensó que acostándose con una linda chica todo iba a cambiar, pero simplemente éste aumentaba a pasos agigantados. Quería olvidarlo, regresar a la bonita amistad que habían formado a lo largo de tantos años, no importaba cuánto cueste, Rubén iba a olvidar a Miguel.
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Bueno, se me ocurrió escribir una fic, un tanto corta pero llena de amor <3
Algunos capítulos los voy a publicar acá, pero va a estar entera en wattpad, si les interesa leerla, les dejo el link: https://www.wattpad.com/316203784-%C2%AB-rubelangel-%C2%BB-cap%C3%ADtulo-1