Deportivo Rionegro: un viaje al pasado
Por: José Barrientos Arango Se dice que el fútbol llegó a Rionegro en 1925, de la mano, o mejor, de los pies de don José Modesto Arbeláez, un ciudadano rionegrero que viajó a Europa, donde vio jugar esta modalidad deportiva. A su regreso, empezó a motivar a varios de sus amigos para practicarla en diferentes mangas y potreros de la localidad.
Pasaron los años, jugando aquí y allá partidos amistosos contra equipos de Medellín y de otros municipios vecinos. Pero solo fue en 1944 cuando el señor Hernando Gómez C. decidió inscribir el Club Deportivo Rionegro en la Federación Antioqueña de Fútbol- hoy Liga Antioqueña de Fútbol-, fundada en 1929. Y, así, comenzó su actividad deportiva oficial este equipo, al cual me vinculé en 1951, pocos meses después de haberme matriculado como alumno interno, 7° grado, en el Liceo Departamental “José María Córdoba”.
Dicha vinculación ocurrió de esta manera:
Uno de mis compañeros de grupo era un vallecaucano llamado Arturo Quijano Yacup, apodado “El Caleño”, quien ya jugaba en el equipo. Como en el torneo interno me había visto jugar, me dijo que iba a recomendarme a Alberto “Santana” Grisales, entrenador del Deportivo Rionegro, para que me desempeñara como defensa, a lo cual accedió, no sin antes obtener el visto bueno del presidente del Club, don Jorge Tobón Villamizar y el permiso del rector del colegio, don Luciano Ángel Vélez.
Antes de comenzar los entrenamientos, “Santana” me presentó ante los demás jugadores, a quienes les caí muy bien, a pesar de ser el más sardino del equipo, con escasos 17 años. Un grupo humano integrado por personas sencillas y maravillosas que me acogieron con mucha calidez y espíritu de colaboración.
(El autor caminando por Rionegro algún día de descanso del internado en los años cincuenta) Quiero resaltar algunas peculiaridades que encontré en esta organización deportiva:
Alberto “Santana” Grisales, además de ser el entrenador se desempeñaba como arquero titular, función que ejercía con mucha solvencia, a pesar de su baja estatura, que compensaba con una extraordinaria potencia para saltar. Sastre de profesión, tenía su taller en un local situado en uno de los costados de la plaza principal; en la parte posterior de dicho local tenía un gimnasio para entrenar fisicoculturismo, lo que le permitía participar en los eventos que organizaban los hermanos Ramírez en Medellín.
Como si lo anterior fuera poco, practicaba el atletismo y la natación. Era un deportista integral, pero lo que más lo distinguía era su sencillez, altruismo y capacidad de liderazgo, atributos estos que, unidos a su incansable deseo de superación, lo llevaron a capacitarse como profesor de Educación Física, para ejercer la docencia en esta disciplina en el Liceo “José María Córdoba”, donde desarrolló una encomiable labor hasta obtener su pensión de jubilación. Este meritorio recorrido de “Santana” por el deporte y la docencia, fue motivo suficiente para que la administración municipal de Rionegro le hiciera un justificado reconocimiento al designar con su nombre al moderno complejo polideportivo.
Otro aspecto llamativo en el equipo consistía en que varios de sus integrantes trabajaban la zapatería, bien como propietarios de pequeños talleres o como asalariados. Tal era el caso de mi compañero en la defensa (esquema 1-2-3-5 de la época) David Molina, veterano futbolista, alto, flaco, de largas piernas, que aprovechaba para sacarles balones a los rivales que intentaban pasar por su territorio. Otros zapateros eran los hermanos Mario, Humberto y Balmore Sepúlveda, ágiles y calidosos delanteros, con notable dominio del balón y certera pegada. Hermano de los anteriores, estaba Alfredo, “El Profe”, un hombre bastante robusto, que se desempeñaba en la línea media. Es importante anotar que en años anteriores Alfredo había sido docente de Química en el Liceo y posteriormente obtuvo el título en Economía, en la Universidad de Medellín, donde también fue docente y decano de la respectiva facultad. La alineación del equipo la completaban Arturo “El Caleño” Quijano, centro medio; Eduardo “El Cura” García, medio izquierdo y en la delantera estaban, además de los tres hermanos Sepúlveda ya mencionados, Gilberto Hincapié y dos jugadores que viajaban de Medellín, de quienes no recuerdo sus nombres, apodados “El Pollo” y “Picas”.
Debo agregar que entrenábamos lunes, miércoles y viernes en la engramada cancha Santander, donde también jugábamos dos domingos en el mes, a las 4 p.m., partidos programados por la Federación Antioqueña de Fútbol. Los otros dos domingos teníamos partidos en canchas de Medellín (Marte, La Floresta, Tejicóndor y Loyola), Bello, Itagüí y Copacabana.
Cuando jugábamos fuera de Rionegro, salíamos a las 7 a.m. en un bus escalera o sietebancas, de la Flota Rionegro o Transportes Chachafruto, que tardaba hasta cuatro horas para llegar a Medellín, por la destapada carretera de Santa Elena, incluida parada obligada en el restaurante “El Placer”, para saborear una taza de chocolate caliente, acompañada con arepa de maíz pelao o de chócolo y deliciosos buñuelos. Casi siempre regresábamos al anochecer. Todo un paseo de día entero.
(Paseo de olla con los compañeros de once. Octubre 25 de 1955. Rionegro, Antioquia) En esta breve evocación del Deportivo Rionegro de los años 50, debo hacer una mención especial al presidente del equipo, don Jorge Tobón Villamizar, distinguido comerciante, que puso al servicio de la institución su altruismo y su acendrado espíritu cívico. En esta encomiable labor deportiva lo acompañaron personajes como los médicos Julio César Ríos y Antonio Zulaica, el abogado y Juez del Circuito José Turizo y el comerciante Germán Salazar, entre otros.
A finales del siglo XX, el Deportivo Rionegro ingresó a la Primera B del fútbol profesional colombiano y allí iniciaron su carrera deportiva jugadores como Iván Ramiro Córdoba, Vladimir Marín y Juan Pablo Ramírez.
Con el correr de los años, el Deportivo Rionegro, emblema del deporte en el oriente antioqueño, desapareció del mapa futbolero colombiano. En un futuro, ¿podrá renacer de sus cenizas? Así lo espera y lo desea un veterano integrante del equipo que tenía como uniforme camiseta roja, pantaloneta azul y medias rojas.
(Equipo del desaparecido ICSO, Instituto de Capacitación Social de Medellín. Cancha de Tejicondor, 1963)











