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El rubio dirigió su mirada hacia el puesto donde se encontraba el dueño del perro, y luegro miró al contrario con los ojos entrecerrados. “No lo sé, es pequeño. ¿Iríamos a prisión? Porque podríamos arriesgarnos a secuestrarlo por una semana” comentó, como si se tratara de la idea más inteligente.
“ tal vez, sí es por solamente una semana, no se de cuenta. ” le siguió el juego con una alegre sonrisa. “ además, el pequeño se ve más feliz con nosotros. ” canturreó, revolviendo el pelo del can. “ podemos esconderlo en nuestros bungalows, seguro nadie lo notará. ”










