Agatha.
Le consulté varias cosas al péndulo, intrafamiliares y de relaciones externas, las respuestas fueron asertivas, hasta que pregunté, a modo de diversión esas tres veces, si Agatha estaba conmigo; la respuesta fue sí, Marita, que estaba canalizando, me dijo que siempre me abraza fuerte.
Fue bueno romper en llanto por ella, y me sentí más segura de que a quién veía por mí casa; era a mí gata que había fallecido hace ya dos años, y que, aunque le hayamos dado su digno entierro en el patio de la casa de Facu, ella haya decidido venir a estar conmigo.
Lo sabía, desde hace ya un tiempo, que los animales no elevan, que ellos quedan en este plano terrenal, que se vuelven nuestros ángeles protectores, y aunque suene cursi o cliché, lo confirmo. Aunque siempre haya visto más allá de lo que se puede ver, verla a ella, como la recuerdo, coqueta y juguetona, fue un mimo al alma, lo es.
Después de tanto tiempo, de lloradas mientras abrazaba a Odette, y últimamente a Jade, me despido de todo sufrimiento que me dio su partida, así dejo que su alma sea libre, conmigo, o con Facundo, agradecer el verla crecer, y estar, en ese momento, con nosotros.
Gracias, mí gorda princesa, te amo y extraño.













