Desde que él no está siento todo en descontrol, como el mundo avanza y yo sigo plantada sin hacer nada, sin llegar a ninguna parte, desde su partida ya no encuentro la luz para guiarme, pues toda la que tenía se la di a él para que nos guiará y ese fue mi error. Le di el poder para destruirme y destronarme de mi propio reino, mi mente, le hice saber que sin él yo no era nada y se aprovechó, con más ganas vino cuantas veces quiso, jugó conmigo y se fue de nuevo, sé que fue mi error al no darme mi lugar y al no darme el amor que solo yo podía otórgame, pero lo volví mi norte, mi hogar, mi lugar seguro, mi mejor amigo, mi amante, mi todo y cuando él no estuvo, todo en mí se volcó, volvieron las inseguridades, la ansiedad, la depresión, el insomnio, entre otras cosas más que pensé controlar en su momento.
Dependencia, lo llaman, y sí me volví dependiente a él, a lo que le gustaba y a lo que no, a lo que quería, lo que amaba o le inspiraba y el placer que deseaba, fui una tonta y lo digo con toda seguridad porque entregue todo de mí, y no solo en lo sentimental, le di mi cuerpo y le permití poseerme como si de un objeto se tratase y eso, eso nunca va a estar bien.
Ahora estoy volviendo a escalar la montaña por la que en algún momento descendí rodando sin seguridad alguna, estoy volviendo a darme mi lugar y fortalecer ese hecho para que nadie me lo quite de nuevo, me estoy dando más amor del que jamás podría recibir de alguien para que nadie venga a arrebatármelo nunca más; le entregue tanto y de tal modo que él se aburrió, fui un ciclo que él ya cerró, sin dudas, sin dolor, sin consternación, así mismo debo hacerlo yo, quizás más lento pero segura de lo que soy y de que me tengo, no voy a negar que lo extraño y que lo amo, pero él ya avanzó y yo sigo escuchando viejas notas de voz para recordar el amor que profesaba y al final no sintió de verdad, debo parar, por mi bien, por mi estabilidad.