El toro que arruino mi viaje a Bogotá ese domingo por la tarde, en busca de caño cristales
El toro que arruino mi viaje a Bogotá ese domingo por la tarde.
En el año de mil novecientos ochenta y dos, aproximadamente, me encontré con un colega, Guillermo Flórez, quien me dijo: Leonel, a usted que le gusta tanto la naturaleza y las aguas cristalinas, tengo algo para mostrarle; fuimos a su estudio fotográfico y allí me contó como los dueños de la flota La Macarena que viaja a los llanos orientales, lo habían contratado para que les fotografiara un río que era algo increíble, se llama caño cristales y está ubicado en la sierra la Macarena, vea le muestro, y empieza a mostrarme como unas cien fotografías tamaño postal, comienzo a mirarlas y quede impresionado de saber que existía aquí en Colombia un rió tan suprema mente hermoso con tantos colores.
Le pregunte a Guillermo como se hacía para llegar allá y me dijo: eso es muy lejos, se sale de Bogotá en bus hasta un pueblo llamado Puerto Gaitán, allí se coge una chalupa, son varios días de viaje, le conteste que no me importaba lo lejos que estuviera, pero yo quería llegar hasta allí para fotografiarlo a mi estilo; usted estaría dispuesto a acompañarme? le pregunte, claro que sí, me respondió, estamos conversando para que organicemos el viaje en una época que no tenga yo mucho trabajo y que usted esté disponible, listo así quedamos, le respondí.
El tiempo va pasando, él siempre vive muy ocupado, al igual yo que ando trabajando mucho, saco tiempos muy corticos para fotografiar las cascadas, pero siempre tengo en mente ese hermoso río. Pues el tiempo paso y mi amigo y colega se enfermó y murió, esto fue grave para mí porque la única persona que conocía como llegar a tan espectacular lugar ya no estaba, de momento me veo obligado a olvidarme de este proyecto y continuo haciendo mis cortas giras para fotografiar las cascadas de las cuales tenia información. Creo que en los años 86 al 87 más o menos, me llevo la sorpresa cuando en el periódico el Tiempo sale un reportaje de Andrés Hurtado, donde publica diferentes fotos de Caño Cristales y lo llama ¡El río de los siete colores! una de las maravillas de Colombia, esto me emociono mucho porque yo conocía a Andrés, el hacía unas proyecciones de diapositivas en el colegio Champañan, asistí a la siguiente proyección donde presentó unas trescientas diapositivas de Caño Cristales, Andrés es un ecologista y un gran periodista, muy buen maestro de la fotografía, su especialidad son los paisajes. Hable con él y le pedí información de cómo llegar y muy amablemente me dio las instrucciones; viajas a Villavicencio, coges un avión a la sierra la Macarena y allí contratas un guía que te lleva por el río Guayabero a la Cachibera, de ahí caminas unas dos horas y llegas a Caño Cristales, ahí está don David, es un campesino muy colaborador, él te da hospedaje. Creo eran finales de 1.988, Andrés me recomendó no viajar sino en el mes de octubre o noviembre, época en la que llueve, pues el rió se seca mucho y muy rápido y las algas, que son las que producen la belleza de los colores en el lecho del río, se secan a medida que el caudal del rió va bajando; pues estuve muy ocupado octubre y noviembre y solo a comienzos de diciembre me quedo tiempo para viajar, me acompaño Leonel Jr. mi hijo.
Cascada caño cristales nº 1
Salimos de Bogotá hacia Villavicencio un viernes como a las 6 de la mañana y llegamos directamente al aeropuerto, empezamos a averiguar el avión que salía para la Macarena, estuvimos todo el resto del día y no salió ningún vuelo, ni avión de carga ni avioneta, como a las cuatro de la tarde ya perdimos las esperanzas de viajar, nos dijeron que madrugáramos al sábado que seguro salía un avión de carga y allí nos embarcaban. Nos regresamos a la ciudad y nos hospedamos en un hotel, recuerdo que esa noche había una reunión muy importante de ejecutivos de diferentes empresas de Bogotá y allí estaba un colega y amigo cubriendo fotográficamente esta reunión, Félix Tiznes, ya fallecido, estuve charlando mucho con él esa noche. El sábado muy temprano estuvimos en el aeropuerto, como a las nueve de la mañana salía un avión de carga de dos motores, muy viejo, pero ese era el único transporte de carga y pasajeros, no había más alternativa, nos subimos, allí íbamos como unas ocho personas y lo demás era carga, los vacíos eran tremendos, el avión se movió mucho pero era muy emocionante volar por encima de la selva, eso se apreciaba como un tapete verde. No recuerdo mucho el tiempo de vuelo, creo fue más de una hora, llegamos a la Macarena, es un caserío muy pequeño, la pista de aterrizaje es como una carretera sin pavimentar y hay reses muy cerca de la pista, pero bueno, el aterrizaje estuvo muy bien.
Una parte de nuestros compañeros de viaje “Cerdos”
Averiguamos el regreso, y nos informaron que el día lunes había vuelo de Satena pero no se hacían reservas, “estén aquí muy temprano en la mañana y se les venden los tiquetes”, averiguamos lo del transporte en la canoa para llegar a la Cachibera y contratamos un guía que nos acompañó hasta el río, cogimos la canoa y ya estábamos rumbo a la Cachibera, por el guayabero en unos veinte minutos llegamos. Las instrucciones de Andrés eran correctas, de la Cachibera al río son como dos horas caminando, aquí vive una familia y hay unos niños muy simpáticos que inspiran tristeza y ternura, están muy mal vestiditos y desnutridos, les damos algunas golosinas y continuamos nuestro camino, vamos con el guía, son como las tres o cuatro de la tarde y hace un sol insoportable, pero estoy feliz porque estoy a dos horas del río más hermoso de Colombia, Caño Cristales. Llegamos como a las seis o más, el caso es que ya empieza a oscurecer, y aunque el río está muy cerca a la casa, no se puede ir hasta el otro día, nos recibe don David, un señor de unos cincuenta años aproximadamente, él vive aquí con su esposa y sus dos hijos adolescentes, un niño y una niña, es una persona que se vino de Boyacá hace unos pocos años y me cuenta que compro este pedazo de tierra por el que pasa el río, nos organiza la dormida la cual es en hamacas, pero resulta que yo no puedo dormir en hamaca porque sufro de la columna, entonces me toca dormir en el piso, Leonel Jr. duerme allí conmigo, el piso es tierra y no es parejo, tiene algunos huecos y morros, ponemos algunas camisas y ropa para emparejar pero no queda muy bien, la noche va a ser dura, no por lo duro del piso, sino porque no es parejo, pero el problema no fue ese, el problema es que habían sapos que se entraban a la casa y ahí si fue peor la cosa, había un sapo que se me arrimaba a la cara, sentía algo muy helado, tenía algo que atraía al sapo porque a Leonel Jr. no se le arrimaban, en cambio a mi si, pues como en dos ocasiones me toco llamar a don David para que lo sacara, él lo llevaba unos cuantos metros fuera de la casa y el sapo más tarde se regresaba, yo siempre le recomendada que lo hiciera con cuidado, que no lo maltratara, la última vez lo llevo bien lejos porque al menos, en la madrugada, el sapo no me molesto más, total de que fue una noche muy difícil sin poder dormir y con la espalda muy maltratada.
Cascada caño cristales nº 2
A las seis de la mañana ya estaba saliendo yo para el río, la gran sorpresa es que el río estaba casi seco, tenía muy poquita agua y las algas estaban secas, muertas, casi me pongo a llorar de ver que todo el esfuerzo que hice para llegar hasta aquí fue perdido, sin embargo pensé que tenía que explorarlo y fotografiarlo así como estaba, me regrese para la casa, tome la cosa con calma y como a las ocho regrese con los equipos, el guía y Leonel Jr. estuve como dos horas haciendo fotografías, llegue hasta una cascada muy bonita pero sin agua, bueno, los consejos de mi amigo Andrés Hurtado no los tuve en cuenta en cuanto a que el tiempo bueno para fotografiar el río era en octubre o noviembre, pero la verdad es que no pude sacar el tiempo en esos días por eso corrí el riesgo en este diciembre.
Como al medio día nos fuimos de regreso al pueblo pensando si tendría la oportunidad de regresar el año entrante o al siguiente, esa noche la dormida en el pueblo fue mucho mejor, sin el sapo y en cama, al lunes logramos conseguir transporte en un avión de Satena y estar en Villavicencio como al medio día y llegar a Bogotá por la tarde.
En octubre de mil novecientos ochenta y nueve, me comunico con el guía que me había acompañado el año anterior y me comenta que ha llovido y que el río estaba con muy buena agua, especial para las fotografías, de inmediato organice el viaje, eran finales del mes, viaje a Villavicencio viernes por la tarde y ya tenía reservado mi tiquete por Satena que viajaba ese sábado a la Macarena, el viaje fue normal por esta aerolínea, llegue muy bien, localice al guía y más tarde salimos hacia el río a contratar la canoa para que nos trasportara a la Cachibera para iniciar la caminata hasta donde don David, llegamos con luz todavía, después de saludar seguí rápidamente hacia él, me emocione mucho porque el río tenía muy buena agua, ya me imaginaba las cascadas con harta agua pero ya era tarde y la luz no me daba para fotografiar, pero bueno, ya estoy aquí que es lo importante, esa noche para no volver a tener problemas con el sapo del año pasado, no podía dormir en el suelo, entonces organice mi dormida en una banca que tenía unos sesenta centímetros de ancho y un largo de uno ochenta aproximadamente, al menos no estaba en el suelo, pero la verdad es que no me podía mover ni dar la vuelta porque me podía caer, bueno, ahí se trató de dormir un poco, al menos se descansó, al domingo don David viajaba al pueblo con su señora y la hija pero me dejo al hijo para que nos acompañara; le tome unas fotos a la familia las cuales las conservo todavía, nunca se las pude mandar.
Don david, la esposa y la hija antes de salir ese domingo al pueblo
Programe un viaje para fotografiar otras cascadas y pensé en llevárselas, pero este viaje no se pudo hacer por problemas de orden público en la zona, dos intentos he hecho y me ha tocado cancelar a última hora, el caso es que sigo apenado con don David por no hacerle llegar sus fotografías, en su honor, le puse nombre a dos cascadas, las llame los chorros de don David número 1 y número 2. Volviendo atrás, don David sale hacia el pueblo y le recomienda al hijo que nos acompañe y que cuando terminemos se vaya con nosotros hasta la Cachibera y que le lleve el caballo para el traer el mercado, nos despedimos, ellos van hacia el pueblo y yo al río, iba feliz, me parecía un sueño, estuve como tres horas fotografiando el río y sus bellezas de chorros, cascadas y las algas que estaban hermosas y le daban un colorido increíble, por algo Andrés lo llamo el río de los siete colores .
Regreso a la Cachibera, siempre cargo varios comestibles como son galletas, confites, panes y demás cosas, lo que llamamos en Antioquia parva o mecato, y esta vez pensando en los niños de aquel lugar, llevaba más de lo normal y esto también lo hago porque hay veces que me ha tocado unas aguantadas de hambre fuertes, bueno, pues todo lo que me sobro era para los niños. El hijo de don David iba montado en el caballo y me dijo: yo le llevo el maletín con las cámaras y también el otro, allí iba el mecato, pues yo le entregue todo, en el camino yo observaba que él se quedaba muy atrás a pesar de que iba a caballo y nosotros, el guía y yo, a pie, pues esto se me hacía raro pero no sospeche nada, cuando llegamos a la Cachibera que me entrega los maletines, empiezo a buscar las cosas para los niños y nada, este sinvergüenza se me comió todo en el camino, por eso se nos quedaba atrás, sin embargo yo pienso que la mayor parte la dejo escondida en el camino para cuando regresara, porque comerse toda esa parva era imposible, bueno, fue tanta la rabia que lo que hice fue que no le di la buena propina que le debía de dar y a los niños les di platica.
De regreso, cuando subíamos río arriba, rumbo a la Macarena, paso un avión el cual era mi esperanza de regresar ese mismo domingo a Villavicencio, en el pueblo me encontré con don David y la esposa, nos tomamos una gaseosa y me fotografié con ellos sentados en la mesa de la tiendita donde nos refrescábamos, don David me pregunto cómo me había ido, le dije que muy bien, no le comente lo del hijo para no hacerlo sentir mal, aproveche para despedirme y me fui directo al aeropuerto para ver si lograba el vuelo, el avión estaba listo en la pista, me dijeron que había cupo, lo estaban cargando, que estuviera listo y cuando terminaran podíamos abordar, solo habíamos dos pasajeros, una señora y yo, eran como las tres de la tarde aproximadamente, la carga que iban a transportar eran marranos, gallinas, ganado y otras cosas más; resulta que empiezan a subir un toro muy grande y este se rancho como en la mitad de la escalera y no hubo poder humano que lo hiciera mover, como cuatro personas lo empujaban, otros lo jalaban y nada, como una hora luchando con el toro pero nada que lo lograron subir, hasta que llego el piloto y dijo: ya hoy no podemos viajar porque el aeropuerto lo cierran y ya llegaríamos muy tarde y es peligroso, pensé, después de tanta carrera hoy para lograr este vuelo y por culpa del toro no se pudo viajar, pero bueno, hay que tener paciencia, será lo que dios quiera, mañana será otro día, esperemos a ver qué pasa.
Nos dijeron que al otro día estuviéramos muy temprano, que seguro lograban subir el toro, me fui a buscar hospedaje y a descansar, por la noche salí a dar una vuelta al pueblo, en esa época todo era muy sano, no habían problemas de orden público, recuerdo que fui a cine, me parece que era al aire libre, no recuerdo cual fue la película pero ahí mate un poco el tiempo, luego me fui a dormir y al lunes a las seis de la mañana ya estaba en el aeropuerto y ¡oh sorpresa! el toro ya lo habían subido, di gracias a Dios porque ya era un hecho que habría viaje. Al poco tiempo abordé con la señora que también viajaba, el vuelo siempre fue maluquito porque esa cantidad de animales se movieron mucho durante el vuelo, pero gracias a Dios llegamos bien a Villavicencio, luego me transporte al terminal de transporte y cogí mi bus para Bogotá, llegue temprano, muy feliz con todo mi material fotográfico de Caño Cristales.
El guía y el hijo de don David “el del sombrero”
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