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Your name?
Laurel…Castillo.
“Laurel is the quiet observer. She prefers not to speak — she doesn’t like to chitchat. She’s kind of an underdog in that way. She also has a very high moral ground. I guess she’s an idealist.” - on her character Laurel Castillo in How To Get Away With Murder
Réquiem. → Julia + Frank
Arrebatar una vida era la melodía más compleja de toda, restringida por su tabú, pero la caza era un arte. Un arte que se le inculcó como un acto de justicia, de deber, sin titubeos ni cuestionamientos. Y Frank la había perfeccionado para darle el mejor de los escenarios a Julia; sobre una tarima, rodeada de música y con la promesa de no ser olvidada. Planeó cada minuto meticulosamente y rindió silencio por la voz que se perdería, y que con nefasto orgullo también se la quitó.
No quería una muerte simple, fría, no quería un balazo en su cabeza e incluso negó la idea de enterrar las astas del tridente en su estomago. Demasiado brutal y poco prolijo, aquello eran para las luchas espontaneas; no una muerte premeditada, con sus actores jamás posicionados al azar. Todo a su debido tiempo y la música vibrando en victoria en su cabeza. La muerte debía ser intima, detallista y única, era su manera de rendirle homenaje a alguien que apreciaba tanto la música como él, un último bello recuerdo que se tintará penosamente de carmín, una memoria ensangrentada.
Como un instrumento; sus manos son las que obran. Gottschalk es concertista, su manera favorita de proclamar una vida era con sus propias palmas, sentir que el aire se le escapa a su contraparte y como las fuerzas se van desvaneciendo.
¡Pero Julia era loba! Se carcajea con demencia para callar el dolor de las garras incrustándose en su piel en un intento de ella por herirle, liberarse, y le duele como mil demonios pero no tiene la fuerza suficiente para dañarle de manera mortal. – ¡Sandoval! ¡Sandoval! ¿Dónde está la manada Sandoval? Gracias por confirmarmelo. – Y había estado lo suficientemente demente como para atacarla sin siquiera haber visto sus ojos brillar de manera sobrenatural.
¡Pero ahora la ve! ¡En todo su esplendor! Muda y con las irises brillantes como las de un animal, del animal que era ella. ¡La loba de las maldiciones! Por eso aprieta mucho más fuerte el arco sobre su cuello, no era un arco convencional; bajo la madera había hierro solido, un armas más escondido en su cello.
Sus huesos crujen y el acónito avanza en sangre que se derrama hacia afuera. ¡Aprieta más fuerte hasta que no la pueda escuchar respirar!
– ¿Escuchas la música? ¡No está en nuestras cabezas! ¡Está en todos lados! ¿Al escuchas en el final? Como quisiera yo escucharla en mi propia final. – Le murmura en su oído, violento, eufórico, sin apestarse del olor metálico de la sangre, empapándose él mismo, del espeso liquido carmesí que humedece el ambiente y el hedor se hace más fuerte.
Su cuerpo más pesado, alientos que no se pueden dar, piel morada y herida. Es una muerte lenta por asfixia, densa, una batalla sin fin hasta que las notas se hacen demasiado pesadas y la fuerza la empieza abandonar como también los iluminados segundos de razón.
– Escucha el final de esta gran obra; es el punto culmine. – Las últimas escalas, los últimos latidos. Ella sin fuerza, desvanecida, sin aire.
Frank respira profundo, este era el momento, en un bello pero crudo sonido; gira sus brazos con fuerza y hace presión con el arco y;
– Gute Nacht. –
Le quiebra el cuello.
Le arrebata incluso la experiencia viva del dolor. Una composición perfecta, escribirá canciones obre este día.
“Nacer, crecer, morir en San Miguel de Allende” esas eran las obligaciones de la Manada Sandoval o también conocida como Manada Santa, hacía más de diez años que aquella manada había desaparecido, por una muerte brutal, por una muerte que no había sido justa y ahora se encontraba la menor de aquella manada condenada por su propio origen, por su naturaleza y teniendo un final como la de aquella manada.
Su apellido gritado, dicho por aquel hombre era otro dolor que no podía soportar, nunca pensó que llevaría su condena, que su apellido sería el que terminaría con su vida, deseaba con todas sus fuerzas con las pocas fuerzas que conservaba que Lucía nunca supiera aquello… que no supiera que su decisión había terminado con la vida de su hermana años después.
“Manada Sandoval” se sintió como un golpe mortal escuchar aquella exclamación escuchar por última vez el nombre de su manada, de su origen y dicho por quien la tenía aprisionada y quien la había herido, el olor a sangre poco a poco la embargaba más pero el dolor, el dolor comenzaba a alejarse.
Escuchaba las palabras dementes del cazador, podía escucharlas y sus lagrimas abandonaban sus ojos, lo escuchaba pero sus pensamientos vagaron en un rápido flashazo; sus padres, sus hermanas, su druida, la manada Polmadie, la gente que había conocido, el piano, su voz… su voz… las lagrimas no se detenían por mucho que hubiera deseado no llorar delante de aquel desquiciado hombre que no dejaba de decir frases.
Una imagen, ella como madre; una hija que llevaba el nombre de su hermana mayor en honor a ella, su felicidad, su manada unida, los Sandoval juntos, su sobrino, una vida, un universo diferente, toda una historia distante pudo pasar ante sus ojos pero la imagen fue remplazada por aquel hombre que la había engañado, sentía el forcejeo, la presión pero aquello poco a poco se sentía más lejano a pesar de que su cuerpo insistía en luchar pero su mente solo quería rendirse…
El aire le hacía falta, podía sentirlo, sentía la falta de aire, la sensación, la desesperación, pero también podía sentir el destino alcanzándola, con cada forcejo que la debilitaba cada vez más, su fuerza empezó a irse, a abandonarla así como la esperanza, no había esperanza ya, sabía que era su momento, dejó de forcejear, la fuerza se había ido, su cuerpo casi inerte, todo se estaba acabando… una vez más la imagen de sus hermanas, la música…
Casi como si ella no se encontrara ahí, casi a distancia, sintió la fuerza del cazador y el sonido, uno que no era melodioso, uno que indicaba que todo había terminado se escuchó… y todo se puso negro para Sandoval, su mano cayó inerte, indicando que su vida había terminado.
Y si, Julia podía escuchar la música pero no la que Frank decía, escuchaba, repetía, se aferró a su canción favorita en un intento de pensar que su vida había terminado en San Miguel de Allende.
Réquiem. → Julia + Frank
– Toma asiento, por favor – Una seña en su mano para que la dulce mujer se acomodara en la silla, junto al centro del escenario. – El cello es complejo, pero no imposible; sólo debes tocar suavemente en un principio para que sepas como se escucha antes de apretar firme y salga la voz real. – Es sólo la introducción.
Con cuidado le acerca la pulida y gracial madera, porque si existen pocas cosas por las que el alemán es meticuloso es con sus instrumentos; y con ello deja que el cello se acomode entre las piernas de Julia. – Permiso. – Con su propia mano guía el brazo izquierdo de la mujer al mango del violoncelo para que lo sostuviera con su palma y le ofrece el arco para que lo sujetara con su diestra. Luego la ayudó a que los dedos apretaran las cuerdas y un “do” y en un “fa”. Dos posturas básicas antes de que dejara que el arco rozara la cuerdas.
– Inténtalo; primero suave. – Se hinca a su lado como fiel maestro, dispuesto a escuchar las notas que salen de esta, como el instrumento canta como Julia canta. – Improvisa, lo que tus manos comanden. – No importa la fuerza o el movimiento, el cello siempre retumba hermoso.
En su cabeza otra canción empieza a retumbar, una orquesta dispuesta sólo para él y su momento, la premonición del momento.
Y espera, espera que ella olvide el nervio y donde está sentada. Espera que ella cierre sus ojos y se permita jugar en su propia composición. Le corrige un par de posturas; espalda más rectas, hombros en línea, gana confianza en l que ella le permita ligeros toques, inocentes como las de un maestro que sólo le señala detalles; el codo más derecho, dedos más sueltos, cuello ladeado para escuchar el sonido de este.
Es una espera de tentativas, su respiración se eleva y su palpitar también pero culpa a la euforia de la música, el momento, la anticipación.
– Escucha al cello cantar. Tan bello, tan bello como tu propia voz. Jamás la olvidaré, eso te lo puedo prometer. – No lo hará, no podría. Será una anécdota que relatará con algarabía y morbosa añoranza en el recuerdo.
Queda tras la espalda de ella, se inclina ligero, en una última corrección pero que más bien es un anuncio, susurrado bajo, lento, un secreto, su primicia, su verdad: – Lástima que nunca más la escucharé. –
Es una milésima de segundo; entre sus palabras y la mano en su abrigo negro que escondía una daga empapada de acónito y que fue enterrada directamente en la garganta de la loba por delante; justo a sus cuerdas vocales. Tal y como el cello; tuvo que ir suave con ella, pequeños roces antes de tener el momento de enterrar sin asco alguno el filo de manera profunda en aquel delicado cuello. La calla en una ironía, así ella no podrá gritar, no podrá cantar.
Son los años; años de crudo entrenamiento, de congelar sus sentidos, de llamar justicia a lo que hacen. Pero Frank lo disfruta, lo disfruta tanto que ha preparado un escenario para ella y la sangre que salpica en un filo que se entierra más y más profundo en su garganta. El veneno se incrusta, el punto es delicado, no puede aullar por ayuda y a pesar de que la fuerza de ella aún es sobrehumana la planta la enloquece, la aturde. Y aunque la herida intentara sanar; estaba todo pensado; arrebatándole el arco de la mando y colocando la madera contra la misma garganta, haciendo presión, quitándole el aire; no había ser vivo que no necesitara respirar.
Sin iré el cuerpo se desespera pero se adormece, y la sangre corre y correr manchando de carmín la tela y la madera del piso, su preciado cello, y la suavidad de su piel ahora tintada. Pero ella se merecía la solemnidad de su ataque.
– Tenía que hacerlo con mis propias manos, meine liebe, no podía ser de otra manera. Intimo, como la más preciado de los instrumentos. – Susurra maniático contra su oído, escuchando su propio monologo como una sinfonía, más el desequilibrado respirar de la mujer lobo.
La instrucción del mayor era como un Déjà vu, como el recuerdo de lo que había sido sus años de aprendizaje hacía bastantes años atrás, cuando había tenido sus primeros encuentros con el piano, que había fallado en cada nota pero se había enamorado de cada melodía errónea que había logrado tocar, era lo mismo en ese preciso instante, sus dedos picaban ante la idea de la música, de poder tocar aquel instrumento que no era su fiel compañero.
Asintió ante las instrucciones, su forma de decirle que había comprendido a lo que se refería, sabía de que hablaba “salga la voz real”, haría su mayor esfuerzo, pero el simple hecho de tener aquel instrumento entre sus manos y cuerpo era una experiencia inimaginable para Sandoval, un nuevo asentimiento que le concedió el permiso a Gottschalk de seguir su función de instructor, Julia recordaba aquello, como la había enseñado su instructor, era un recuerdo, el vago recuerdo de años atrás, casi podía oler su pueblo, del que provenía; la historia, la tierra y la madera del lugar, pero no estaba en San Miguel de Allende, se encontraba en Detroit.
Sus dedos se encontraron con las cuerdas del instrumento, notas sencillas mientras su mano manipuló el arco, en busca del sonido, de la melodía, una sonrisa se dibujó en sus labios, esas sonrisas que aparecían en el rostro de la menor de las hijas de los Sandoval, cuando se encontraba en contacto con la música.
No habló, no era necesario, solo siguió las instrucciones del concertista, recordando lo que fue tocar un piano por primera vez, porque de la primera vez que cantó, no lo recordaba. Dejó que Gottschalk la guiara en cada instrucción, aceptó pacientemente las correcciones del otro, tratando de recordar cada una de ellas, sus ojos se cerraron en busca de mayor concentración, de mayor conexión con el instrumento, con la música…
"Escucha al cello cantar. Tan bello, tan bello como tu propia voz. Jamás la olvidaré, eso te lo puedo prometer. Lástima que nunca más la escucharé"
Su toqué se detuvo, sus dedos se paralizaron, al escuchar la frase del otro, sus sentidos se alertaron, el palpitar del corazón del mayor le anunció que lo que vendría a continuación pero fue demasiado tarde… Su destino la encontró; ¡Que ironía era aquella! que plan horroroso había sido cumplido, su garganta, su instrumento más preciado, su voz, era lo que había decidido dañar aquel hombre que había creído amable. El dolor, la sangre, el olor y la sorpresa embargaron a Julia, sus manos soltaron el arco que fue arrebatado por la fuerza, sus manos viajaron a su herida mientras sentía la humedad de la sangre empaparla, el dolor, sentía dolor y como su cuerpo buscaba sanar, pero simplemente no lo hacía, una lagrima abandonó los ojos de Julia, no era una lagrima de dolor, era una lagrima de realidad que sabía lo que estaba ocurriendo.
Sandoval sintió el instrumento, aquel que había sostenido de forma delicada entre sus manos ahora se encontraba aprisionando su garganta, su cuerpo intentaba liberarse pero simplemente no podía, si Julia hubiera tenido la claridad necesaria, hubiera sido consciente que aquello era por el veneno, ese veneno que la estaba embargando y haciendo que su lucha fuera una causa perdida.
El aire comenzó a hacerle falta, sus manos buscaban liberarse de su opresor pero era difícil en el estado en el que se encontraba la Beta, sus ojos llenos de lágrimas ante la traición y el hecho de sentirse pérdida.
Fue consciente de sus palabras, del discurso de Frank y solo por unos segundos su cerebro tuvo la claridad para saber qué era él.
Su respiración pesada, dificultosa sus manos en busca de liberación, la lucha era evidente, debía aferrarse, debía hacerlo, siempre había creído que llegado el momento que tuviera la misma suerte que sus padres, no lucharía, que moriría sin luchar, que dejaría que su destino la encontrara pero debía luchar, tenía que hacerlo, cuando su sobrino estaba por nacer, cuando la manada Santa estaba por unirse de nuevo, porqué su cuerpo debía ser de vuelto a San Miguel de Allende, debía hacerlo, debía luchar… sus garras en busca de tiempo, de esperanza buscaron clavarse en el cazador pero su lucha estaba prácticamente perdida, pero las fuerzas se perdían y al mismo tiempo la esperanza.
Get to know me meme: 10/30 favorite female characters » Laurel Castillo “This is murder, none of us know what we’re talking about!”
Réquiem. → Julia + Frank
Cerró sus ojos; concentrado en la presión precisa en su muñeca para tensar las cuerdas y a la vez acariciarlas; es en ese contraste en el cual distintos sonidos abandonaban la armónica madera junto al vibrado de las cuerdas. Frank se concentra en la pieza, la melodía; profunda y sombría por si misma pero en ese sonido yace la belleza. Es un regalo; un obsequio para Julia y un obsequio para él, se otorga tranquilidad, templanza, decisión, precisión, convicción.
Nació para tocar música. Pero lo criaron para cazar. La balanza es perfecta cuando sus pasiones se mezclan.
Deja que el sonido embriague el ambiente, que cada poro de su piel se erice y que contagie esa inquietud y esas emociones que sólo la música logra despertar. Es la última pieza, llena de sentires, no hay himpases, sólo tonalidades que rellenan el silencio necesario.
Esta es una de las acciones de las que Julia hablaba; pronto terminarán las palabras vagas. Respira profundo, últimos movimientos de muñecas y el roncar melodioso de las lineas tensas en el cello, y el silencio abrumador que acompaña el final de una pieza única.
Alza sus parpados lentamente para encontrar a la loba contemplándole, contagiada de la misma muda euforia, una que no necesita de gritos para demostrar placer ante la vieja melodía. Ella está en sinfonía con él, el mismo palpitar y ligero escalofrío que te recorre luego del arte en varias expresiones.
– Dänke. – Agradece el alemán por sus sinceras palabras, complacido de que a ella le haya gustado. Este era su detalle para ella, y sólo para ella. Ceremonioso, cuidadoso, piadoso. (Él mismo se coloca los laureles en su cabeza).
¿Sus motivos? ¿Cuáles habían sido sus motivos? ¡Oh! ¡Cierto! – Es algo que me nació. La pieza se llama “Lost”, creada por una artista brillante que no pude evitar replicar. No lo sé, cuando una melodía debe ser tocada va mucho más allá de nuestro entendimiento. Lo…
… lo asocié a la sensación de sentirse perdido en un lugar que no nos corresponde, perdidos en un momento impreciso, perdido en pensamientos y lo que hacemos. ¿Tiene sentido? Puede que no lo tenga. –
Tan perdido que le tembló la mano un segundo, pero la hizo puño para su efectiva tranquilidad. Sólo fue una milésima, eran las consecuencias del teatro, pero serán necesarias.
Carraspea, se coloca de pie, y con un brazo estirado le señala la silla principal la que hace segundos atrás estaba él sentado. – ¿Quieres que te enseñe a tocar? O al menos una nota, es lo más sagrado que yo pueda compartirte. –
No conocía del todo el idioma materno del otro pero fue capaz de reconocer el agradecimiento y negó con la cabeza mientras se ponía de pie, sin dejar de mirarlo, la elegancia del otro era innegable –Solo he dicho la verdad- fue su respuesta y aquella sonrisa amable de sus labios no podía ser borrada, no cuando alguien había hecho algo así por ella, no era algo que antes hubieran hecho por ella.
– La has replicado a la perfección- su entusiasmo además del tinte de completa sinceridad estaba impregnado en su voz, era imposible que no expresara lo que había pensado de la interpretación del concertista –Ha sido todo un placer escucharte- no había duda que cada nota sería registrada en su cabeza, buscaría aquella pieza y la recordaría, tal vez podría mostrarle tal pieza a su sobrino que estaba a escasas semanas de nacer, algún día lo haría, además de tocar para él aquella pieza que había sido de las primera que había podido tocar cuando era una niña: “Swan lake", cuando pudiera verlo, haría eso por él, era la forma de demostrarle lo feliz que estaba de que llegara a su vida.
–Siempre me había sentido pérdida, pero en los últimos meses he dejado de sentirme así- compartió encogiéndose de hombros, no estaba segura si era aquello a lo que se refería el alemán pero era lo primero que había pasado por su cabeza. Después de tantos años las cosas comenzaban a cobrar sentido y estabilidad… la promesa de una vida mejor poco a poco se empezaba a cumplir, esa promesa que su druida le había hecho cuando era apenas una niña.
Pero sus pensamientos tenían que ser dejados de lado, porque en ese momento se encontraba en compañía del concertista, ese que había sido tan amable con ella, merecía toda su atención –Me encantaría- respondió Sandoval dando pequeños pasos para acercarse al lugar, el que había sido donde había ocurrido aquella mágica atmósfera de música y expresión –Entiendo a lo que te refieres en cuanto a lo sagrado de tu conocimiento- su sonrisa permanecía en sus labios mientras sus pies la acercaban más a ese espacio donde se encontraba Gottschalk –Eres muy amable- no podía dejar de repetir aquello, era como miraba las cosas.
Estaba cerca de Frank, a escasos pasos, pero no estaba segura si tomar asiento o esperar su señal, pero dedicándole una sonrisa más, armándose de valor, se posicionó en la silla que antes había sido ocupada por el alemán –Estoy lista- informó irguiéndose un poco, esperando las indicaciones del mayor.
Réquiem. → Julia + Frank
Puede que nunca respetara las ceremonias religiosas de su familia, ni las etiquetas sin sentido, sin símbolos. Pero Frank encontró la solemnidad en las cosas que amó; respeto por la música, cazas significativas. Lo ceremonioso debe tener sentido, y mucho de esto venía de la mano con la teatralidad, el momento propicio, el segundo indicado. Y debe de decir; Julia se merece un mínimo de detalles, muchos detalles, sólo para ella.
– Bueno, espero que marques esta experiencia, las personas dicen que estas son las vivencias que te acompañan hasta el final. – Se sentó con cuidado en silla del escenario, acomodando el cello entre sus piernas y dejando que sus brazos casi abrazaran el instrumento. Mira a la mujer luego de quedar cómodo. – Y debo de admitir que me complace romper esa historia y puedas ser a quien le dediquen una pieza. –
Su brazo se cuadra en el ángulo preciso para que el arco en su diestra pudiera rozar las primeras cuerdas, sólo para escuchar que el sonido estuviera equilibrado.
La loba, porque ella lo es, está seguro que ella lo es. Le devuelve la pregunta personal, una que en otro momento habría resentido con recelo y quizás no hubiera siquiera tenido la decencia de haberla contestado con la verdad. Pero supone que, ella se merecía ciertas verdades en su vida y se siente un poco Dios en decidir que verdades decirle y que mentiras.
– Si. En las sinfonías es común, pero ninguna de esas me ha agradado, han sido momentos bastante incómodos. – Un poco de humor, el justo y preciso. No le avergüenza admitir ciertas proezas de algunos valientes que no supieron leer el momento. – Conozco a alguien que canta también, no lo hace seguido, pero cuando lo hace me deja escucharlo. Dudo que sean con dedicatoria, o al menos con la intención de que lo sean, pero a veces lo parece. – Esos fragmentos de su vida le permiten mantener un ritmo cardíaco exacto; tranquilo en la sinceridad pero acelerado en la emoción que empapan las memorias, esconden cualquier otra impaciente emoción.
Pero todo está calculado.
– Tranquila, sólo estoy esperando… el momento. –
Y sin más;
Frank con su mano izquierda sujetan el cello en lo que la mano derecha se mueve lentamente sobre las cuerdas, sonidos graves, profundos, la tonada ronca es parte el encanto de aquel instrumento. La composición empieza lenta, pero anuncia un camino, una profundidad, como un bosque, tierra, familiaridad… hasta que se siente el estar perdido. Aquella canción era de la autoría de una de sus cellistas favoritas, la tomó prestada, cree que es la ocasión ideal.
Sus ojos celestes no perdían detalle del músico, la elegancia de éste, la forma en la que se le miraba tan cómodo con el instrumento, la familiaridad era notoria y solo la hacía querer escucharlo, seguro sería una de las mejores melodías que escucharía en su vida.
–Ten por seguro que no es algo que olvidaré con facilidad- no todos los días alguien la invitaba a escucharlo tocar, mucho menos de la forma en que lo había hecho el alemán, seguramente sería una de las cosas que jamás olvidaría en su vida, un evento importante, ya se lo contaría después a sus hermanas y a su antiguo druida, un vistazo casi involuntario a su pequeño tatuaje que representaba a quien había sido su padre por elección, durante más de diez años, el pequeño sol era un recuerdo de éste, pero no era momento para pensar en aquello, así que dejó que sus orbes abandonaran aquel tatuaje y se posaran en los del alemán.
–Es muy amable de tu parte- y ese era el adjetivo que utilizaría Julia para describir aquel encuentro; amabilidad porque era de lo que había estado teñida esa ocasión, cuando conoció a Frank no creyó que era del tipo de personas que hacía cosas al azar y era por eso que se sentía tan agradecida con que la hubiera tomado en cuenta para hacer algo como aquello; compartir la pasión de los dos, lo que tenían en común y en primer lugar por lo que se habían encontrado, ya que Sandoval no hubiera conocido al alemán sino hubiera sido por su pasión y su necesidad de seguir haciendo de la música algo del día a día.
La emoción ante el hecho de lo que estaba por ocurrir era notoria por parte de la mexicana que estaba ansiosa por escuchar al otro, pudo ver su postura; listo para tocar aquel instrumento que era tan majestuoso ante los ojos de la Beta, el ligero rasgar, el ligero sonido la hizo sonreír, era como aquel toque que hacía antes de tocar el piano, todo músico lo había hecho alguna vez, era el anuncio de lo que estaba por venir.
– Puedo imaginarlo- y le daba pena pensar en aquellos que habían tenido tal valentía y que no habían obtenido lo que esperaban, era por lo cual, la menor jamás se había animado a dedicar a nadie alguna canción o por lo menos no de la forma personal a la que se estaba refiriendo el concertista – No hay mejor dedicatoria que esa, las que son sinceras como la de esa persona que mencionas, a veces las acciones son más importantes, las que nos muestran más que palabras vagas- la sonrisa de Julia amable, sincera, ante la idea de una persona que lograba tener la atención de aquel enigmático alemán.
Julia guardó silencio, esperando a que el concertista se dejara llevar, las primeras notas llenaron el lugar, Julia se abrazó a ella misma mientras sus ojos se encontraban fijos en el rasgar del cello, era impresionante; la música, los sentimientos, lo que lograba transmitir, se abrazó con más fuerza a ella misma, solo como una necesidad irracional, un hueco en el estomago se sintió ante aquello pero la belleza de la música era innegable para alguien que había sido apasionada de ésta, su atención se encontraba completamente en el mayor, sentía la emoción de escucharlo, pero sentía algo más, algo que no lograba distinguir, la adrenalina era notoria en ella pero sabía que aquello le ocurría cada que sus sentidos se encontraban puestos en la música.
Cada nota era inigualable para Sandoval, la belleza de lo que lograba tocar Gottschalk era algo que jamás olvidaría, no podría olvidar la imagen de aquel hombre; concentración total y la música embargando sus sentidos, tragó saliva ante aquella visión y ante la abrumadora sensación de la pieza que era impresionante.
El silencio llegó, solo unos segundos, largos segundos y Julia que había estado observando las manos, frunció su entrecejo para después buscar los ojos de Frank –Ha sido increíble- lo había sido, de lo mejor que había escuchado en su vida –Gracias por todo- el agradecimiento, su sinceridad era notoria, una vez más, como cada vez que Julia hablaba –¿Por qué me has dedicado esa pieza? - la pregunta fue necesaria e inevitable.
Réquiem. → Julia + Frank
El escenario estaba preparado; estaba una silla a su lado se encontraba el cello parado gracias al soporte, sobre la silla el arco de este. Pero aquel escenario no era el único; su abrigo largo y negro le daba una imagen pulcra y su corazón bombardeaba a un ritmo normal, no había miedo, nerviosismo o dudas; sólo adrenalina que se huele a emoción, no es extraño que un músico se sienta de esa manera a punto de tocar una pieza tan única.
Él había hecho esto antes, toda una vida, incluso su hermana se sentiría sorprendida de la templanza de su mente, porque está enfocado, porque nació para darle fama a su apellido. Frank es un natural, a Frank no le tiembla el pulso, y su corazón frío lo ha heredado.
Y aún así es capaz de darle una sonrisa a Julia cuando esta entre aquella noche al modesto café.
– Nein, gracias a ti por aceptar. –
Ella pudo haber dicho que no, ella pudo haber desviado su camino, negarse cortesmente, habría tomado otra ruta en su camina, se hubiera reunido con otras personas, pero ella… ella es tan amable que no rechazaría una invitación echa con la más cuidadosa cordialidad, y tentándola con lo único que consuela las adicciones de personas como ellos; la música.
– La verdad es que ¡tuve una epifanía! – Y con un brazo la escolta a la mesa frente al escenario, puesta allí sólo para la mexicana y que tuviera la mejor vista. – Y me di cuenta que; hace tiempo que nadie lograba sorprenderme con su voz, con su canto. Recuerdo haberte dicho que la mitad de mi vida la he pasado en un conservatorio de música, y llegas a un punto en donde muchas notas se vuelven monótonas, es una pena cuando se pierde el encanto pero… contigo, eso no ha pasado, – Lo peor; es que aquello es totalmente cierto, es una verdad que le da validez a sus intenciones. Una lástima que la vida los puso en un lugar incorrecto. – Por eso creo que mereces alguna retribución, porque pequeña que sea, un momento de gozo, tan sólo uno. –
Y esta dedicatoria; también es cierta.
Con las ventanas tapadas con sus cortinas, la luz tenue dándole un ambiente místico, como una vieja taberna de Jazz. No clientes, no trabajadores, y él único que sabía de la presencia de la muchacha aquella noche le debía un favor a su familia y lo pagará con silencio.
– Sé que tu y yo compartimos aprecio por el piano. Pero, hoy quise traerte algo distinto y mi verdadera musa. – Otra verdad; porque la mejor manera de esconder mentiras era de esta manera, con discursos verídicos. Osado, se atreve a preguntar lo que toma el arco del violoncelo entre sus manos: – ¿Alguna vez alguien te había dedicado una melodía? – La contempló de reojo, morbosa curiosidad.
El palpitar del otro firme, constante llegaba a los oídos de la Beta, era el palpitar, la emoción de un músico, Julia conocía perfectamente aquella sensación, lo que se sentía, la emoción antes de dejarse llevar por la música y mostrar en ese idioma lo que pasaba en tu cabeza, alma y vida, reconocía la sensación, era tan familiar para ella.
–No me negaría- fue la respuesta de la menor, la sinceridad era notoria en su voz, jamás se hubiera negado, probablemente los dos lo sabían pero confirmarlo con sus palabras se sintió necesario para la Beta –¿Y cuál ha sido esa Epifanía?- preguntó con sincero interés, porque le interesaba lo que el alemán tuviera por decir, Julia se dejó guiar por el otro, sin siquiera pensarlo y ocupó el lugar que Frank había indicado, desde aquel lugar podría observar a Gottschalk a la perfección –Me siento muy honrada que alguien como tú diga algo así- la sonrisa de Julia simplemente se había ampliado, no todos los días escuchaba ese tipo de comentarios y menos viniendo de un experto de la música como era Frank y era en parte por lo que Sandoval no se había decidido a dedicarse a la música, no quería perder la pasión, la espontaneidad, quería poder hacerlo con el alma y dejar las técnicas de lado, así que comprendía a que se refería el alemán y agradecía haber sido capaz de transmitir justo eso –Aunque no creo merecer ninguna retribución, aún así te lo agradezco- y realmente lo hacía la mexicana, porque el gesto por parte del alemán era algo nuevo para ella y que recordaría toda la vida.
Sandoval escuchó con atención, la atención que merecía Gottschalk, su atención estaba puesta en cada palabra dicha por el otro, en espera de que la magia ocurriera, porque escuchar música, escuchar a un músico era magia para la Beta y la magia estaba por ocurrir para ella, se removió en su asiento, sintiendo su propia emoción de escuchar aquel instrumento, siempre lo había disfrutado pero nunca había sido capaz de tocarlo, así que su respeto creció hacía Frank que tenía como predilecto aquel complejo instrumento como Julia tenía el piano, su fiel compañero.
–No- respondió sin dudar mientras se ponía un mechón detrás de la oreja –Nunca nadie lo ha hecho- Julia había dedicado múltiples canciones a personas pero ella jamás había recibido una dedicatoria –Supongo que yo nací para dedicar y no para que me dedicaran- comentó encogiéndose de hombros, no había sido algo en lo que en realidad hubiera meditado o pensado al respecto –¿Además de mi dedicatoria no tan personal- porque Sandoval le había dedicado una canción la primera vez que se habían visto –Alguien te ha dedicado algo a ti?- preguntó amablemente.
–Dime si solo debo guardar silencio y escucharte- y aquella era la forma de decirle que si no quería responder su cuestionamiento podía ignorar su pregunta.
Réquiem. → Julia + Frank
La música calma la obsesión de Frank Gottschalk. Pero a veces la alimenta, la nutre, y se deja consumir por completo, entre melodías e ideas repetitivas que no cesan en su cabeza hasta cumplirlas; hasta que la metáfora se vuelva una realidad literal. El réquiem de Mozart sonando en su cabeza junto a cada trazado premeditado, organizado y silencioso.
Hace días atrás rumores se empezaron a hablar entre líneas, una cazadora había dejado mareados a varios lobos en un bar, ciertos nombres empezaron a barajarse entre los bajos mundos pero sólo uno el alemán reconoció y que jamás lo esperó. Conoce a unos omegas, algunos betas que lograron escaparse, e incluso un alfa. Pero ella no, ella no estaba dentro de su lista de criaturas y su estomago se retorció en estrambótica amargura.
Julia Sandoval era una muchacha que veía todos los miércoles en la misma cafetería. El músico había adquirido el gusto de ir a verla cantar, eran un intercambio de palabras simples, no son necesarias más cuando se canta, cuando es la música la que habla. Pudo llamarlo aprecio, pero esta se desvanece ante una posible verdad. Pero un rumor es sólo un rumor, aún con su locura controlada por medicación debía de intentar contener la espontaneidad y confirmar lo inconfirmable, un secreto.
Ella sabia que él era alemán. Él sabía que ella era mexicana. ¿Sabría ella de su apellido? Porque él no, se declaró ignorante pero no menos decidido. Una tarde le pidió a Gaspard un número, él había estado en Sacramento, los límites territoriales cortos y las historias hicieron buenos contactos, con su ayuda logró hablar con la cazadora en jefe de “Los Calaveras”, ellos dominaban parte del territorio mexicano y los estados del sur estadounidenses. Sólo necesitó decir un apellido extranjero a su lengua para que la historia fuera narrada: “San Miguel de Allende”, “La emboscada”, “La manada Sandoval.” ¡Que ingenua que ella había sido!
Gottschalk empezó a carcajearse, a carcajearse tan fuerte que no pudo detenerse, las mejillas rojas, ojos cerrados, cabello despeinado y con sus manos en su vientre contra el piso ¡Porque era ella! ¡Y ella ni siquiera huyó lejos! ¡No cambió su nombre! ¡Y estaba allí cada miércoles! Tuvo que Terrise ir a calmarlo entre risas y risas ilógicas, hasta que el cansancio lo sucumbiera, enloquecido se quedó en los brazos contenedores de Gaspard ante la euforia de su descubrimiento. Era Domingo.
El lunes pensó todo el día que hacer, meticuloso, encerrado en su cuarto de música. Faltó a las prácticas, no habló con nadie.
El martes fue a la cafetería, habló con el hombre de la barra, un viejo conocido de su familia y le dejo un mensaje escrito en papel, si es que pudiera dárselo a Julia por él. Ellos tenían el número de ella para contactarla, y él no quería parecer un acosador, tomó todas las precauciones. Era una invitación;
“Estimada Julia,
Quisiera agradecer cada tonada con tu voz de la única manera que puedo hacerlo, quisiera tocar algo para ti. He reservado el café, un favor que me debe Michael el encargado. Espero que esta invitación sea de tu agrado.”
Julia Sandoval observó su tatuaje distraídamente algo que solía hacer cuando sus pensamientos vagaban, la pequeña flor en su muñeca que representaba a sus tres hermanas y ella le era tan familiar y al mismo tiempo tan nuevo que era imposible que de cuando en cuando sus ojos se quedaran fijos sobre la pequeña flor rosa; Lucía, Ana, Cecilia y ella misma, era lo que representaba aquella flor de cuatro pétalos.
Se rascó la cabeza de forma distraída recordando la cita que tenía esa noche, aquello le había parecido un gesto amable que había logrado sorprenderla; cuando la nota había llegado a sus manos por parte del dueño del lugar, era una invitación por parte de Frank Gottschalk una de las primeras personas que había conocido en Detroit.
Aunque poco era lo que había conversado con aquel hombre alemán, la invitación le había parecido un lindo gesto y cuando se trataba de música jamás se negaría a un encuentro como ese, Sandoval sabía que el otro se dedicaba a la música se lo había dicho cuando se habían conocido y no había tenido oportunidad de escuchar al otro así que la perspectiva de ver a Frank haciendo lo que lo apasionaba, era algo a lo que no se iba a negar.
Julia aún se encontraba frente al pequeño piano que había en su departamento, sus manos vagaron una vez más por el piano, unas últimas notas más y era momento de salir de su hogar para encontrarse con el otro en la cafetería, era un gesto realmente amable y no entendía del todo porque el alemán se había tomado aquella molestia, otra mujer probablemente se hubiera sentido halagada, Julia solo se sintió agradecida de que la música podía unir a personas que era tan diferentes entre sí como ella lo era con Frank.
Un camino que era tan conocido como aquel, el que había recorrido por cerca de cuatro meses durante sus últimos miércoles, lo podía hacer de forma automática, la cafetería lucía ligeramente diferente ante el hecho de que no había personas entrando y saliendo ni estaba el pequeño cartel de todos los miércoles con su nombre… Julia recordó el hecho de que había quedado de enseñarle nanas a Beth, pero tendría que esperar a otro día, porque justo ese día la cafetería sería escenario solo para Frank.
Sentía su corazón palpitando ligeramente en su pecho, aquello la emocionaba y al mismo tiempo la hacía sentir extraña, no sabía cual era la razón… Su teléfono vibró en su bolsillo, pero no alcanzó a responder la llamada, pensó que podía ser Bastian Moore su alfa con el que se encontrará al siguiente día como habían quedado y no solo ellos sino también Queen y Abraham, una pequeña reunión de manada, pero aquello lo atendería después, en ese momento su atención estaba puesta en la cafetería y con quien se encontraría en el lugar.
Golpeó ligeramente la puerta de la cafetería pero fue notorio que ésta se encontraba abierta, así que adentró en el local con seguridad, con la familiaridad que había adoptado después del tiempo que había pasado en aquel local, su móvil vibró nuevamente y la Beta de Polmadie alcanzó a tomarlo; era el nombre de Lucía, su hermana pero antes de que pudiera decir algo más fue consciente que Frank se encontraba en el lugar, que la estaba esperando “Te llamó después” logró decir a su hermana antes de cortar la llamada y guardar el móvil en su bolso.
–Buenas noches- saludó Julia dedicándole una sonrisa al alemán –Gracias por esto- fue lo primero que quiso decir, sentía la necesidad de agradecerle por haberse tomado aquella molestia, aunque seguía sin entender del todo las razones pero la amabilidad nunca era discutida, ni rechazada –Parece una linda noche-
George y Lucía Richards
I´am so proud of my little girl, she's sweet, beautiful and smart, i don't have words to say how much i love her - George Richards
I love my dad more than anything in the world - Lucía Richards
I'm gonna dance until you're all gone [Club nocturno]
¿Ayudarme a aclararme?—Pregunta, la curiosidad siendo totalmente sincera al teñir aquella pregunta que se formuló sin siquiera haberse pensado realmente—¿Cómo podrías ayudarme, Lucia?—En ese momento se gira para poder verla sin tener que siquiera ladear su cabeza y toda su atención se encuentra en la castaña, olvidándose de que el ligero calor en su garganta, que debería haber desaparecido, aún se mantiene.
Sonríe en cuanto nota la sorpresa en la expresión de la hija de los Richards, no sabía si era realmente un secreto, pero le gustaba sorprender a la gente de cualquier manera, más si se trataba de alguien como Lucia, quien poseía una mente brillante. Pero ahora es él quien es tomado por sorpresa e incluso pasan segundos antes de dejar escapar una carcajada ante la primera idea. A pesar de su propia explosión de risas, puede escuchar perfectamente sus palabras; no logra controlar sus risas hasta segundos después, las cuales reaparecían de momento tan solo de imaginarse lo que sería una Lucia ebria—Tienes suerte de que compartamos habitación—Termina por mencionar, mientras voltea la mirada al bartender y luego al vaso del que anteriormente había estado tomando—Así que nos aventuraremos a beber lo que sea que se trate eso—Señala el vaso por unos segundos y niega, como si desaprobara la idea, aunque realmente se encuentra divertido.
Nathaniel se cruza de brazos cuando nuevamente se le es cuestionado, no sabía realmente que decir y mentir jamás había sido lo suyo…Quizá podría posponerlo un poco más. Pero sabe que Lucia insistirá tanto como necesite hasta que el mayor de los hermanos Lacroix suelte el secreto—¿Y si no te digo?—Pregunta, su sonrisa se vuelve ladina—Mejor esperaré a que estés ebria para decirlo, así podrías olvidarlo.
–Es muy fácil, tú me hablas de tus ideas y yo las pongo en orden- y se encogió de hombros de forma orgullosa, porque estaría haciendo trampa con el asunto y con el hecho de poder jugar con algunas de las estrategias que practicaba en su carrera pero esa noche podía jugar un poco y no le haría daño a nadie, al contrario, lograría que Nate se divirtiera como lo merecía.
Su sonrisa se amplió aún más, como si aquello fuera posible ante el comentario de su amigo, era cierto, se había sentido aliviada cuando había sabido que con una de las personas que compartiría habitación sería con su amigo, una de las personas con las que se sentía más cómoda, así que la había hecho sentir mucho mejor y más segura de estar en Ibiza –Tengo mucha suerte- estuvo de acuerdo mientras asentía.
El cambio de conversación los llevo a otro punto a tratar esa noche la hizo negar con la cabeza–Eso es jugar sucio, Nate- señaló la futura druida, mientras continuaba negando con la cabeza mirando al otro con una mirada que dejaba claro que desaprobaba aquello –El detalle de todo esto, es que yo lo recuerde - porque así los dos estarían en iguales condiciones –Tú me verás indispuesta y yo veré que es lo más loco que podría hacer; a eso llamo yo justicia- declaró irguiéndose un poco para después soltar una ligera carcajada, porque intentaba mantenerse seria con todo el asunto pero estando en un bar era ciertamente imposible y más cuando el objetivo esa noche era embriagarse y jugar, hacer todo lo que no se haría en un día normal.
–Voy a insistir una vez más- declaró levantando su dedo indice mientras le daba un toquecito en la nariz a Nate –¿Qué es lo más loco que harías esta noche?- y si su punto no había quedado claro, se acercó un poco para mirar al otro a los ojos y entrecerraba estos, dejando claro que no lo dejaría pasar y que quería respuestas.
I'm gonna dance until you're all gone [Club nocturno]
Alzo un poco las cejas y negó ligeramente con la cabeza —No lo tomes como algo personal, asi soy con todo el mundo— Comento encogiéndose de hombros y mirando a la muchedumbre del lugar, todos sudados y algunos tan ebrios que apenas podían mantener el equilibrio, no veia el chiste de beber hasta caerte de borracho y terminar durmiendo junto al excusado.
Volvió su mirada a la chica y negó —Gracias pero asi estoy y…¿Viniste sola o te acompañan?—
–Si algo he aprendido con el paso de los años es a no tomarme las cosas personales, así que no te preocupes- después de todo lo que había tenido que vivir y lo que sus padres le habían enseñado, había aprendido que las palabras, las acciones de otras personas no podían ser tomadas de una forma que pudiera lastimar, así que había aprendido a que no le afectara o la hiciera sentir mal.
–Vine sola- respondió asintiendo un poco –Tal vez por eso no dejo de hablar- comentó sin borrar su sonrisa amable –¿Tú has venido solo también?-
meme 3: playlist + nathaniel meme 4: ❤ ✯
first meeting:
A lovestruck Romeo, sings the streets a serenadeLaying everybody low with a love song that he madeFinds a streetlight, steps out of the shadeSays something like, “You and me, babe, how about it?”
Juliet says, “Hey, it’s Romeo, you nearly gave me a heart attack”
Romeo & Juliet - The Killers
becoming lovers:
I’m lucky I’m in love with my best friendLucky to have been where I have beenLucky to be coming home again
Lucky- Jason Mraz & Colbie Caillat
breakup:
I really feel I’m losing my best friend I can’t believe This could be the end
Dont speak - No doubt
working it out:
I won’t give up on us Even if the skies get rough I’m giving you all my love I’m still looking up
I wont give up - Jason Mraz
happily ever after:
My whole heartWill be yours foreverThis is a beautiful startTo a lifelong love letterTell the world that we finally got it all rightI choose youI will become yours and you will become mineI choose you
I choose you - Sara Bareilles
❤ - win my muse’s heart
Alguien que sea paciente, de buen corazón, podría decir miles de cosas pero creo que decir con que tenga un buen corazón y que me haga reír con sus palabras; sería quien se gane mi corazón y qué no tenga miedo en decírmelo, porque siempre podré dar una oportunidad con quien me sienta cómoda y feliz.
✯ - make my muse cry
Las injusticias, perder seres queridos, la distancia pero sobre todo ver a alguien sufrir me puede hacer sufrir a mí también.
meme 01: ☺ & ♫
☺: three things that make my muse happy
Pasar tiempo con mis padres y mis amigos
Saber que pude ayudar a alguien con mi trabajo
Aprender cosas nuevas, todos los días.
♫: three of my muse’s favorite songs
1. Little Black Dress - Sara Bareilles (es de las cantantes favoritas de mi madre)
2. Can’t take my eyes off you (Sin esta canción yo no hubiera nacido! le doy gracias a la cafetería y que mi papá y mamá les gustara la misma canción)
3. Here comes the sun - The beatles