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Entscheidung ▬ Gaspard
Gaspard
El silencio, la espera de la respuesta de Frank le aceleró elpulso, porque desde que la noticia fue dada, una parte de él, sentía que todopendía de un hilo, la sensación de que lo que habían construido podía esfumarseen cuestión de segundos, de palabras, le estaba enloqueciendo, la opresiónestaba en el pecho (¿en el corazón? ¿tenía corazón?).
En segundos que parecían eternos, como si el tiempo sedetuviera, Gaspard observó las acciones de su contraparte, sus ojos fijos enlos movimientos del cazador alemán que disfrutaba de tener como espectador alfrancés; Gaspard observó los gestos teatrales, histriónicos de Frank, en esperade una respuesta, esperando por él, deseando por él.
El cuerpo de Frank se acercó al de Gaspard, sus manosacostumbradas al tacto, a la cercanía, tomaron de manera posesiva las caderasdel menor (por que no solo Frank podía llegar a ser posesivo, en ocasiones,Terrise necesitaba aferrarse y reclamarlo como suyo).
La respuesta de Gottschalk finalmente fue pronunciada, perodicha respuesta eran preguntas que si Terrise era sincero; las esperó y almismo tiempo las deseó ( las preguntas eran mucho mejor que un “lárgate”, un “arréglatelassolo”).
Gaspard dejó que su cuerpo se acercara al del alemán, que surostro, estuviera lo suficientemente cerca para responder –¿Realmente tienes que preguntar?- preguntó el menor –Pensé que no tenía que decirte que haríacualquier cosa por ti- se lo había expresado en una ocasión (cuando sehabía sincerado con él), y había dicho la verdad, había sido sincero; haríacualquier cosa por él, así fuera no hacerse cargo de una niña que llevaba susangre, aun cuando su responsabilidad le dictaba que debía hacerlo, pero podíaluchar con ello, si eso era lo que Frank deseaba.
Gottschalk podía ser despiadado, ruin cuando los celos loembargaban ¿Pero en qué convertía a Terrise que no le importaba y podía darlelo que quisiera, solo con que lo pidiera? –Sidecides, si admites que no puedes con esto, tomaré la decisión que nos mantengajuntos, no estoy dispuesto a no tenerte a mi lado- “a perderte otra vez”… no lo expresó pero los dos sabían que eralo que sus palabras habían querido decir.
Si, era necesario preguntar porque eso era exactamente lo que Frank quería escuchar; que Gaspard haría cualquier cosa por él. Sentía que años atrás esa misma devoción podría estar presente en ambos pero jamás habría sido dicha tan abiertamente, sin duda alguna, sin espacio para los arrepentimientos, esto era el gran cambio entre ellos; el no temor a decir las cosas que querían decirse (incluso si estas fueran insanas, egoístas, macabras).
La sonrisa en el rostro del alemán se posó latente entre sus labios a la par de que mantenía sus rostros cercas, sabiendo que son palabras que deben ser dichas en la cercanía, en miradas que no pueden desviarse para no mentir. Su mueca se amplía satisfecho, sintiéndose poderoso de saber que tenía la última decisión y que Terrise sería capaz de darle la espalda a su familia por un capricho de Gottschalk, que sólo bastarían un par de palabras para derrumbar todos sus planes si Frank así lo deseaba.
Pero, a su vez el alemán sabía que si él quería mantener al francés a su lado, eso significaba sacrificios, ceder, y no hacerle elegir una opción que a la larga podría hacerlo infeliz. Frank lo supo, siempre lo supo desde la noticia y podría decirse que siempre intuyó su respuesta aunque no imaginó que la vociferaría a voz viva.
El mayor de los dos elevó una de sus manos y posó su palma sobre la mejilla del heredero de los Terrise, extrañamente es un gesto en agradecimiento. Antes de soltar un suspiro y hacerse para atrás, colocando nuevamente la distancia entre ellos, porque si va a pensar con claridad debe al menos alejarse de Gaspard un par de centímetros aunque sea momentáneamente.
— Mein Gott, necesito otra cerveza para decir esto. — Se dice a sí mismo, saltando de la mesa para colocarse de pie una vez más, tomar el vaso cervero en su camino en dirección a la cocina, abrir el refrigerador y abrir otra lata de licor bávaro. Sabía que la ingesta de alcohol reducía el efecto del litio diluido en su sangre gracias a sus medicamentos, pero demonios, lo necesitaba. Vuelve a llenar su vaso y vuelve a beber sin control alguno, hasta el fondo, era un buen placebo.
Suspira cuando lo acaba. Bueno, ya tenía que decirlo. — Sabes que te apoyaré en todo lo que requieras, aunque eso significa, una vez más, tener que enfrentar a nuestras familias. Incluso yo sé lo terrible que son tus padres, ni siquiera a mi peor enemigo le deseo tal cosa. — Porque si bien los padres de Frank tampoco eran un lujo, estos le ignoraban, no posaban expectativas en él, era un tipo de negligencia desde el abandono, pero el matrimonio Terrise le pedía cosas insanas a su hijo por cumplir, él era su orgullo y debía seguir al pie de la letra cada una de sus ordenes, sin descanso, como una maquina, es un tipo de maltrato.
— Pero tengo una condición. —
Entscheidung ▬ Gaspard
Gaspard
No le extrañó la respuesta de su contraparte, las palabrastajantes y claras, que alejaban las miles de preguntas, cuestionamientos ydudas que el francés tenía, porque Frank era franco, claro y no tenía filtro,mientras Gaspard pensaba cada pequeño detalle y se torturaba pensando enposibilidades, en decisiones, a pesar de que en esa situación, solo había unarespuesta, algo que debía hacer y debía dejar de aplazarlo; necesitaba reclamara la pequeña y hacerse responsable, porque al fin y al cabo era su hija, suresponsabilidad, su error.
Gaspard también podía imaginarse el rostro de sus padres,todo lo que aquello ocasionaría, las disputas, los conflictos, que ya habíaniniciado, y quería decir que no le importaba; pero más de veinte años de seguirsus normas, de respeto y en ocasiones hasta de temor, eran difíciles de olvidarse,a pesar de que la rabia invadiera al cazador, debido a lo que sus padres habíantenido el descaro de ocultarle.
–Sé que tengo quehacerlo y tú mismo lo sabes- empezó a decir el menor mientras seincorporaba ligeramente y dejaba que sus ojos se encontraran con los de Frank apesar de la distancia –Pero hay quetambién me importa- tal vez eso era lo que más le importaba ¿eso loconvertía en un mal padre? Gaspard siempre era lo peor, en cuanto a naturalezahumana se tratara…
–¿Vas- “¿vamos?” – a poder con esto?- porque no queríaocasionar, desatar nada que perjudicara a Frank –Me importas tú y te quiero a milado, pero si esto es demasiado… lo entenderé- podría decir que lo amaba,que haría cualquier cosa que el decidiera (algo que ya había hecho antes), peroaquellas palabras, las recién pronunciadas por los labios de Gaspard erantambién un “te amo”, significaban aun más que cualquier declaración cliché opromesa de estabilidad que pudiera darle, porque las cosas serían complicadas apartir de ese momento y quien le importaba era Frank, terrible padre.
Alza una ceja, a pesar de que puede deducir las siguientes palabras de Gaspard quería escucharle, quería escucharle y saber que es lo que tanto le importaba. Alzó su mentón con cierto orgullo cuando su contraparte expresa que su preocupación era ciertamente lo que Frank pudiera pensar y actuar en torno de la situación. De alguna u otra forma es el francés dándole el control de decisión, que una palabra suya bastaría para poder decidir el destino de muchos de esta larga cadena de tragedias (porque la familia Terrise se ha condenado desde el día que le ocultaron esta información a su heredero).
¿Va a poder Frank con esto? Realmente no lo sabe. Aplazando su silencio con el objetivo de acrecentar la ansiedad en el ambiente. Porque si Gaspard es insano, pues entonces Frank es cruel. Es egoísta, es caprichoso y no evita disfrutar del momento al saberse tan importante, y por eso hace una jugarreta solamente por el mero gusto de hacerlo (y hacerle pagar un poco por el dolor de estomago que retuerce sus tripas desde la noticia de que otra cargó con la herencia de Gaspard, hija de sangre, algo que él jamás le daría).
Se levanta de su asiento, dejando el vidrio del vaso aún en la mesa y acercándose al otro extremo de la cabecera de la mesa donde se encontraba Gaspars sentado. Se sienta sobre el mueble cuando llega a su lado, se cruza de brazos en un gesto exageradamente pensativo, el peso de su cuerpo apoyado en la misma mesa y sólo ladeándose para inclinarse hacia adelante para restar distancia entre los dos.
— ¿Si acaso puedo? ¿Que harías si no? — Murmura a voz ronca. — ¿Realmente lo harías, Terrise? — Le cuestiona, porque maldita sea, necesita que lo diga de verdad. — ¿Realmente abandonarías a esa niña si yo te lo pidiera? —
¿Lo haría elegir? Gottschalk puede llegar a ser despiadado, ruin, solo por enfermizos celos. Aunque sea crearle la duda, la crisis, que se sintiera aunque sea la mitad de mal de lo que se siente él ante la existencia de aquella quien ninguno ha querido pronunciar su nombre. — Porque si te admito que no podré con esto, sabes que vas a tener que decidir. —
Sólo necesita decirlo, y Frank mostrará clemencia.
Ruth
Jamás esperó toparse con Frank, por lo que la sorpresa fue una emoción evidente en su expresión en cuanto aquella pregunta por parte del menor se había dejado escuchar. Pero suspiró ampliamente, detuvo sus pasos que iban en retroceso y controló la sorpresa que realmente no deseaba expresar.
Sabía que estaba de nuevo en la ciudad, sabía que estaba en compañía de Gaspard, pero no por ello esperaba verle pronto “Si, ten cuidado” Casi parece advertirle “Tu argumento es simplemente ridículo” Contraataca, pensando un segundo después que era aún más infantil que ella le siguiera el juego de tira y afloja.
Le da un vistazo a su café, presiente que se enfriará más rápido de lo usual y niega, ella tampoco había querido encontrare con Frank “Entonces ¿Por qué estás aquí? Dudo que algo te ate a Detroit” Se aventura a soltar, ignorando que alrededor de ambos había personas que podrían escuchar el intercambio que pronto podría volverse una nueva discusión de tantas que ya han tenido.
— Tu eres la ridícula. — De acuerdo, incluso Frank puede admitir que ese argumento fue increíblemente inmaduro, pero ciertamente jamás piensa con claridad cuando se trata de su hermana, los celos lo carcomen y es el recuerdo constante de lo que quiso dejar atrás, pero allí estaba ella; como fantasma del karma, acaparando todo lo que el menor de los Gottschalk quiso en la vida, todo ella, nada él. Intenta evadir ese pensamiento (¡malditos y ansiosos pensamientos que siempre purgan su cabeza!) porque si se deja llevar por ese resentir, reaccionará peor de lo que estaba haciendo en medio de la calle.
— Ah, es cierto, nada me ata realmente acá pero tengo asuntos pendientes. — En realidad los tiene Gaspard y lo único que mantiene a Frank atado es el francés, pero este también podría moverse y dejar esta ciudad, aunque cada vez parece más complicado. — Lo que me sorprende es que tu te hayas atado aquí. ¿Qué pasó...?
¿...Nuestros padres al fin se dieron cuenta que no pueden heredarte todo a ti? ¿Confiarte todo a ti? Porque se supone que tu lugar está en Alemania. —
Ruth
La rubia observaba el reloj de muñeca que llevaba en su zurda, había salido temprano de la universidad aquella noche y su única compañía era aquella carpeta que abrazaba contra su pecho. Ruth no era del tipo de persona que se molestaría en formar amistades en la universidad, aunque siempre era bueno conocer a quienes les rodeaba, suficiente para ella.
Tenía más tiempo del usual para comparar aquel café que tanto disfrutaba, incluso tomarlo con calma de camino a su departamento antes de meterse de lleno en sus deberes y en aquel caso que le había sido asignado, así que dio los pasos necesarios a aquel local cercano donde ya le conocían y saludaban con sonrisas amistosas en la caja.
Una vez con su café en mano, caminó a la puerta que se abrió repentinamente y que por cuestión de centímetros no chocó contra ella provocando un desastre. Casi pudo haber suspirado por ello “No sé quien de los dos debió tener más cuidado” Mencionó, no era un reclamo, por más que su voz pudo haber sonado como un regaño “Así que, ten más cuidado a la próxima” Y aligera el ambiente con un encogimiento de hombros al dar un par de pasos atrás para dar lugar a la entrada de aquella persona.
— ¿Tu me vas a decir a mi que tenga mas cuidado? —
Y ahí lo tienen; un Frank indignado. Porque de todas, absolutamente, todas las personas con las que Ruth pudo haber chocado en Detroit, tuvo que ser con su hermano para mala suerte de la mayor de los Gottschalk. — Pues no lo creo, sabes perfectamente que es la persona quien va en esa dirección la que debe tener cuidado, yo iba en punto ciego. — Y por más infantil que sea, el menor de los dos se iba a quedar en esa discusión, porque está de malhumor, porque él tampoco sentía que fuera justo tener que ver el rostro de su familiar los primeros días estando en la ciudad.
— ¿¡Por qué tenías que ser precisamente tu!? — Vocifera en voz alta exasperado, a su hermana no le debería sorprender las rabietas de este. — Ya extraño estar lejos, de nuevo. —
Entscheidung ▬ Gaspard
Gaspard;
Gaspard soltó de forma pesada el aire, desde hacía semanastenía la sensación de que un gran peso lo estaba oprimiendo y a decir verdad,no había mejor manera de describir aquello; de la noche a la mañana, las cosashabían cambiado para él, la creencia que había tenido, los deseos y lo que elcreía verdad absoluta, se habían transformado de la noche a la mañana. Conescasos días en Detroit la sensación de opresión, seguía aumentando, como si ladistancia, cortar con la distancia que lo separaba de la razón de aquellasensación, hubiera aumentado, con cada kilómetro.
Era el progenitor de una pequeña, era padre, tenía una hija…todo parecía tan surrealista que seguía creyendo que aquello era una mala broma¿una mala broma del destino? Tal vez.
–Sé lo que tengo quehacer- respondió Gaspard a la pregunta que Frank, su contraparte habíahecho, dejó que sus manos se recargaran en la mesa, dejando que su peso seapoyara en ellas, quedando al otro extremo de la mesa, permitiendo que elmueble lo separara de Frank –Pero no sési estoy listo para hacerlo, no aún-porque era una gran responsabilidad, una responsabilidad que no había pedido,pero que si alguien conocía a Gaspard, sabría que tarde o temprano la asumiría(tal vez por esa razón sus padres se lo habían ocultado).
–Tú y yo sabemos, queesta no es vida para un niño- por experiencia propia, porque era lo quehabían vivido, porque había sido su realidad, ambos sabían lo que una vida, unacrianza e infancia como la que ellos habían tenido, te podía hacer… –No quiero una crianza para nadie como laque tuve yo- donde solo había sido visto como un soldado, como un cazador yel humano había quedado en segundo plano.
El nombre de ella,no había sido pronunciada por los cazadores, por su parte, Gaspard aun noestaba listo siquiera para pronunciar su nombre.
Y por supuesto, por supuesto que sabía que es lo que Gaspard iba a hacer. Su reacción es natural, bajar el rostro en un pesado ‘ya lo sé’. Solo en ese momento toma el vaso de cerveza y se lo lleva a sus labios bebiendo por completo el contenido, como si el pasar del licor por su garganta fuera la solución de todas sus dicótomías, pero no era más que un distrator que se colaría en su sangre y aliviaría el peso de la tormenta que se venía.
Oh, porque lo era; era una tormenta. Porque significaba ir en contra de la familia Terrise, y era sacrificar sus propias libertades. Gaspard le decía que no estaba listo ¡y le creía! ¿quién lo estaba realmente? Pero la decisión era tan palpable que era dolorosa, por supuesto que él no iba a dejar que una hija suya sufriera el mismo tipo de infancia. La responsabilidad era de Gaspard y no de Frank, no lo era.
Pero, en parte si, porque estaba envuelto en esto desde que le prometió al francés el permanecer en su vida, desde el primer momento (desde que eran pequeños). Gottschalk quisiera ser un maldito egoísta (y lo es) y decirle que ellos no tienen por qué pagar por lo que estaba pasandole a la infante, pero; la niña era sangre de la sangre del heredero de los Terrise, quien ya no era el último.
— ¿La verdad? No importa si estás listo o no, si la decisión está tomada; tendrás que hacerlo. — Es así de franco, es así de duro, pero es que el alemán jamás ha tenido pelos en la lengua en asuntos como estos y quizás su contraparte lo único que quería es validación. Sólo una idea logró que ladeara sus labios en una sonrisa un manto maquiavelica. — Ya quiero ver los rostros de tus padres. No sé que será mejor; la furia o la decepción. —
La McKay se encuentra en Detroit habiendo reservado un mes completo para regresar a la ciudad que tantas alegrías (y desgracias) le había dado. Pasear por sus calles aún se hace familiar, como si jamás si hubiera marchado de vuelta a Kansas, su ciudad natal después de todo… Ha planificado su estancia por completo, dónde dormir, dónde comer, dónde comprar y el qué, a la gente que visitará… El tiempo reservado para cada persona…
No obstante hay sucesos que se escapan de sus planes y termina marchándose del apartamento de su mejor amiga más pronto de lo que tiene estipulado en su agenda personal. Cierra el portal a sus espaldas, inspira el aire de la ciudad que de primeras no le trae ningún recuerdo específico… Pero si la añoranza de un tiempo en dónde no había tenido que soportar determinadas relaciones.
-Detroit es una pesadilla. Murmura con la espalda contra la puerta y finalmente en la calle. No observa a nadie en concreto pero es consciente de la gente que camina ajena a sus quejas. -¡Cómo pueden vivir en esta ciudad!
¿Ah? ¿Alguien le habló? Frank se detiene y dirige hacia la mujer.
Frank mira hacia ambos lados y al parecer no había nadie a quien iba dirigida aquella pregunta, aunque al parecer hacia él tampoco, por lo tanto era una interrogante retorica. Aún con las gafas de sol puestas, entrecierra la mirada ante el rostro de la muchacha, se le hacía ligeramente familiar, y...
¡Oh!
Ensancha una sonrisa pre-fabricada. Y asintiendo, para validar su pesar. — Ja. — Le responde en alemán para luego volver al inglés, olvidándose que ha vuelto al país angloparlante. — Este sitio es infernal, pero henos acá, de vuelta a estas tierras. —
Entscheidung ▬ Gaspard
— Entonces, ¿Qué harás? — Y si bien quiso decir “que haremos” se guardó el plural en su garganta, porque si bien ahora muchas de sus decisiones son en conjunto, esta decisión que concernía solamente a Gaspard.
Habían llegado hace tan solo un par de días a Detroit. Sabe que Gaspard se puso en contacto con Ruth y ella tendría preparado un lugar donde ambos pudieran descansar apenas llegaran a la ciudad norteamericana. Irónico, tomando en cuenta que ella era la hermana de alemán y no de Terrise, pero habían situaciones que sin importar cuantos años pasaran; nunca iban a cambiar.
Frank se sentó en la punta de la larga mesa que adornaba el salón del loft donde habían asentado, aún no tenían nada mas que los muebles básicos, nada personal adornando las paredes, todo lo que es propio aún se encuentran en cajas sin desembalar. Gottschalk jamás imaginó volver a esta diminuta ciudad, pero al menos acá habían formado redes y contaban con conocidos poderosos. Y si querían darle un refugio a “ella”, debía ser en un lugar conocido y lejos de los padres de Gaspard.
Sus dedos jugaban con el borde del vidrio de su vaso con cerveza, ni siquiera había probado el licor, simplemente estaba allí en caso de necesitar un placebo para esta conversación (y no perder los estribos, ops).
¿Qué pasó en estos dos años?
Demasiado. En un primer lugar, Frank mejoró su mala pronunciación del francés, pero todo gracias a haber tenido que vivir por alrededor de un año en la capital de los galos. Desde que estableció su relación formal con el heredero de los Terrise, el alemán a tenido que aprender a ceder en las discusiones, bajar de vez en cuando la cabeza y permitirse aprender a la convivencia. Ciertamente no son perfectos, tienen sus roces, desacuerdos y a veces sus orgullos son complejos de tolerar, pero los años los han hecho madurar (y sus pastillas lo han mantenido estable).
¡Pero! Frank tuvo que ser puesto aprueba luego de la verdad escondida por la familia Terrise, y si bien la noticia le llegó como patada en el pecho, se mantuvo y se mantendrá fuerte al lado de Gaspard.
¿Y que está haciendo ahora?
Han vuelto a Detroit luego de meses fuera de la ciudad americana. Frank sigue siendo un cazador de temer, insano como él mismo y sin piedad alguna. Sigue manteniendo una mala relación con su hermana, pero sabe que ella se había quedado en Detroit después de todo, aunque con novedades al parecer con la alianza con los Kunze. Por su parte solamente vuelve por estar al lado de Gaspard y planear que hacer con la última heredera de los Terrise una vez que Gaspard se decida a criarla. Tiene sus propios miedos y reparos al respecto, lleva un par de días meditando como plantearselo.
@ich-gottschalk
handsome men for jess 4/7 ☆.。.:*・°
@bloody-gorgeous-rps
gaspardterrise:
Gaspard casi pudo haber soltado un suspiro, un quejido, uno que dolía ante el rechazo, pero no lo hizo, permaneció una vez más en su lugar; estático, en parte lo había esperado que Frank lo rechazara pero la confirmación de que en esos momentos ni siquiera él podía sacarlo de ese estado, que en esos momentos lejos de ayudar con su presencia estaba perjudicando se volvió a sentir como un golpe en la cara.
Consideró el irse, lo pensó, no porque estuviera huyendo, por primera vez no en buscaba eso, sino con el pensamiento de que podría ser mejor para Gottschalk, pero no se atrevió a moverse, mucho menos cuando el mayor decidió ordenar que los presentes salieran del lugar, Gaspard tomó aire, no por paciencia, sino por resignación, al saber, tener la conciencia de que las cosas no iban a mejorar, que solo podían empeorar.
Terrise ni siquiera se atrevió a ver si todas las personas habían abandonado el establecimiento, en esos momentos no le importaba y su mirada estaba fija en el alemán y escuchó las palabras del mayor que iban dirigidas a él, tragó saliva mientras cerraba los puños y giró su cuerpo para ver al otro tomar asiento –Preferiría que nos fuéramos de aquí- respondió, aunque sabía que sus palabras serían ignoradas.
Dejó que sus pasos lo guiaran frente a Frank, pero se quedó de pie, estaba frente a él, pero no tenía intención de tomar asiento, no cuando se sentía incapaz de hacerlo, toda la situación era surreal para él.
La mirada del francés se clavó unos segundos en el piso, las palabras del alemán tuvieron ese efecto en él, porque sabía que lo que decidiera “jugar” no sería algo de lo que los dos saldrían bien librados, no cuando era evidente que Gottschalk estaba molesto con él y Gaspard sabía la razón… Por supuesto que lo sabía y a pesar de que era excelente al huir con otras preguntas, Terrise estaba seguro que solo haría las cosas peor y fue por eso que muy a su pesar se decidió a hablar, aunque no sabía que podía resultar de lo que dijeran sus palabras –Por que he estado ausente, distante- respondió sin mirar al otro a los ojos y sintiendo su mandíbula desencajada –Lo lamento- se atrevió a decir y aunque hubiera querido agregar algo más, simplemente no pudo.
Frank contempló a su contraparte aún echado en su trono asiento; le miraba como un monarca que con silenciosa paciencia desea escuchar algo que le complazca, pero si Gottschalk fuera justo; debería de admitir que nada de lo que Gaspard pudiera decir lo calmaría completamente, lo había encerrado en un juego capcioso, con una gran trampa; ninguna respuesta sería correcta.
Pese a su mutismo se siente una sensación de fingida calma, toda su impaciencia anidada en su pecho, se siente apretado, conteniendo las exigencias desde el nudo de sus cuerdas vocales. El alemán no despega su mirada del más alto, el francés simplemente le evita la mirada. (¿Dónde está cazador orgulloso que es capaz de mirar a una bestia a los ojos? ¿Frank era aún más aterrador?).
Entrecierra la mirada y contiene el aire, Terrise admite la ausencia. Terrise marca la distancia. Por un momento el mayor quiso ofrecerle el beneficio de la duda, que el menor sabía que las horas se han vuelto desordenadas, no concuerdan, no se buscan. Pero ‘¿distante?’ Quiso pensar que eso es algo que Gaspard no lo tenía racionalizado, pero este si lo sabía; y no hizo absolutamente nada para evitarlo. Aquello extinguió toda posibilidad de misericordia ante su juicio frente a su mejor amigo.
Gaspard hizo absolutamente nada para reparar el daño, sólo un mísero ‘perdón’. Le suena a burda caridad, a una pobre excusa, a que no es suficiente. ¡Que es una burla! Por eso Frank suelta un resoplido, una mofa, y de la nada sus palmas chocan lentamente, son aplausos casi pausados junto al sonido de una amarga y ronca carcajada. “¿Lo lamentas?” JA. “Por un momento pensé que podrías hacer algo mejor que eso.”
Y una vez más su sonrisa decae borrándose de la curva de sus labios y la seriedad vuelve a tintar sus tensas facciones. “¡Por un momento pensé que hablarías!” ¡Que le diría algo que fuera realmente relevante! ¡Alguna explicación! No palabras que sólo creen los creyentes, esos que creen que el perdón es una acción de divinidad. Frank necesita algo más bien terrenal, concreto, tangible, real.
Por eso se levanta de golpe de su asiento tanto que la madera se tambalea y chirrea cuando es alejada. Sólo bastó una zancada para llegar frente a su contraparte. Gaspard mira al piso. Frank no ha despegado en ningún minutos sus ojos del rostro del forense. “¡DIME ALGO QUE VALGA LA PENA!” Le exige, y le grita aún si están cerca, aún si no es necesario, si hace que le duelan los tímpanos mucho mejor. “¡DIME QUE PASA!” Ese era un perfecto ejemplo de lo que buscaba, aún si quizás podría no agradarle la respuesta. “¿Acaso estás incomodo conmigo? ¿Acaso finalmente te aburriste de mi la rutina?” Empezando a lanzar teorías al azar, con ácido en cada fonema, como si la adivinanza fuera divertida (un poco de humor negro). “¿Ruth finalmente te convenció de la mala influencia que soy? ¿O no puedes quitarte a la zorra ‘pelirroja’ de la cabeza?” Cada idea es más descabellada y paranoica. Pero es que necesitaba motivos de su actitud en los últimos días. Necesitaba respuestas.
¡Y dicen que el maldito silencio otorga!
“¡HÁBLAME!” Le exige, que lo haga de una vez, no soporta su silencio. Lo enoja, lo frustra, siempre se guarda todo, nunca dice nada. Sintiendo su ira consumirle; ¿Cómo Gaspard le iba a obsequiar fonemas si no osa siquiera a devolverle la mirada? ‘Cobarde’. “¡Al menos ten la decencia de mirarme a la cara!”
“¡MÍRAME!”
Sam Claflin and Emilia Clarke attends the ‘GQ Men Of The Year Awards’ in London, UK (08.09.15)