☆ 𝐚𝐥𝐛𝐮𝐬.
efímera sonrisa dicta sosiego. la mayor de sus inquietudes resuelta frente a sus ojos, dormiría en paz sabiendo que el rubio se encuentra a salvo de peligro; pero melancolía no tarda en arrebatar destello de fortuna. enredosas cuestiones proclaman suave mohín en sus labios. demasiado tarde se percata de las lagrimas que corren por sus mejillas, un hilo de ahogadas conmociones que terminan estallado por sí solas. respiración es contenida por un par de segundos, buscando entre aflicción algún rastro de claridad. nada. la más remota capacidad de contención se ve completamente entumecida por el deseo de lanzarse a brazos opuestos. caprichoso impulso que le lleva a atravesar marco, cerrando la puerta detrás. ‘ hola. ’ a pesar del tumulto de emociones arraigadas en su garganta, logra articular bienvenida en forma de murmullo. ‘ y-yo, uh, te he estado buscando. ’ ansiosos pasos recorren perímetro de la habitación, hasta quedar frente a silueta ajena. no espera por invitación. evidente descortesía reclama un lugar a lado del mayor, procurando que el espacio entre ambos cuerpos sea el mínimo posible. ‘ estaba tan preocupado. ’ le toma un intercambio de miradas romper en sollozos, buscando consuelo al envolver sus brazos alrededor del contrario.
En cuanto reparó en la humedad en los ojos de Albus, Scorpius se vio obligado a deslizar su mirada lejos y rápido de su persona. Si lo veía llorar, iba a quebrarse, y era deber suyo no romper su promesa consigo mismo, la de apartarse del contrario. La distancia sería lo más adecuado para el de cabello oscuro; no podía permitir a su egoísmo, a su necesidad por Albus, porque lo necesitaba más que a nada en esta vida, lo traicionaran y terminara cediendo a la urgencia, permaneciendo en el mismo patrón de dolor que infligía en el joven. Escuchó la tenue voz proveniente del muchacho, su vista aún desviada de la figura opuesta. Podía oír cientos de emociones en el habla de Albus y detestaba ser el creador de las mismas. Nunca deseó ser detonante de tan terribles aflicciones, más se dejó llevar, sin buscar lógica, sin pensarlo dos veces. Y ahora todo estaba arruinado, hecho un desorden, y no había forma de volver atrás. Sus ojos terminaron por situarse sobre su libro nuevamente cuando Albus se dio a la tarea de andar por la habitación. Scorpius intentó ocultar la mueca de culpa formándose en sus facciones, apretando la mandíbula y los labios, cuando el muchacho se situó frente a él. De un momento a otro notó la calidez cercana, que le incitaba a romper su determinación y acudir al anhelo desorbitado que sentía por su mejor amigo (o más bien, ex mejor amigo). Albus se acercó tanto que Scorpius se vio reducido a inspirar profundamente, tratando de controlarse, pestañeando varias veces con nerviosismo, e intentando evadir contacto a toda costa. Pero entonces su esfuerzo resultó en vano, pues por un segundo alzó la cabeza por error y, al siguiente, Albus lo estaba abrazando... Y llorando. Inmediatamente su cuerpo abandonó toda tensión posible, mientras se sentía desmoronarse por el sonido de los sollozos ajenos y una expresión de profunda angustia se dibujaba en las líneas de su rostro. Sus hombros cayeron mientras la fuerza lo abandonaba. Aún así Scorpius intentó resistirse, incluso al sentir los brazos impropios rodeándolo y escuchar el desahogo proveniente del otro slytherin. Su resolución duró sólo unos segundos más, porque francamente era capaz de todo por Albus, él era siempre la excepción a la regla, su debilidad, su talón de Aquiles, y escuchar tal angustia de parte contraria, de la persona más importante en el mundo para él, consiguió que por fin su fachada arisca e indiferente se rompiera en pedacitos. Con todo el impulso del mundo, todo el ímpetu guardando en interior, respondió el abrazo, sintiendo un alivio inmediato al estar entre los de Albus. Por Merlín, lo había extrañado muchísimo. Era como volver a respirar luego de mucho tiempo. Lo necesitaba; posiblemente si era adicto a él, probablemente su presencia era indispensable en su vida. Inhaló profundamente el aroma de Potter y escondió su rostro en el cuello del muchacho. “Albus” susurró contra su piel. “Te quiero” confesó, pensaba que quizá esta vez las palabras poseían otro carácter, más no lo pensó mucho, sólo salieron de su boca con entera honestidad. “Muchísimo” agregó, apretándose más contra el contrario, experimentando una mezcla de culpabilidad y consuelo al dejarse llevar. Esos días no deseó nada más que estar cerca de él, volver a abrazarlo, dormir en su compañía como hacían cada noche, tomar su mano, acariciar su cabello, y besarlo... Ansiaba tanto besarlo. “Lo siento, lo siento mucho” y se soltó a llorar entonces, dejando que toda la angustia que oprimía su pecho desde aquella noche se liberara.












