No puedo volver a esas calles.
Su aroma me trasluce, sus muertos me acompañan por Orompello y Colocolo, siento su mano y huele a la primavera de nuestro primer beso.
Soy una persona nostálgica: hay muchas esquinas por las que no me atrevo a pasar.
Trato de esconderme en Freire, en los laberintos de la Diagonal, pero los fantasmas siempre me encuentran. Veo morir y revivir el amor, pero no a mí. Yo me estanco, como la agitación horrible de esta ciudad.

















