— No te das una idea de la profunda daga que acabas de insertar en mi corazón. —exageró, posando con falsa angustia una mano sobre su pecho. La diferencia se plasmó momentáneamente en su rostro en lo que el pelinegro reaccionaba, cosa que rápidamente cambió cuando sus facciones se tiñeron con notoria malicia. Su agarre alrededor de la botella se hizo más fuerte cuando el otro trató de alejarla de si, cosa que le dio aun más seguridad a la rubia de su próxima acción.— Ese fue el acto de apertura, polarizado. El show apenas comienza. —relamió sus labios, dejando a la vista una ira que sin pudor alguno se apropiaba de sus orbes. Soltó cortas carcajadas, antes de esbozar una ingenua sonrisa que derivó del súbito movimiento que sus extremidades realizaron con el fin de hacer trizas lo que quedaba del licor por sobre la cabeza del otro.
Reaccionó a modo de defensa, puso su brazo por encima, y el cristal estalló en éste, dejando como marcas unos cortes en el, que comenzaron a sangrar. Su acto final, terminó por sepultar la poca paciencia que traía guardada el moreno, podía aguantar, pues sus actos le había jugado malas pasadas toda su vida, y estaba intentando mantener en paz sus instintos bajos que le impulsaban a destrozar a quién fuera a su paso. Está no iba a ser la excepción, se abalanzó contra ella en un movimiento rápido, la tenía sujeta del rostro con una de sus manos, cuyos dedos se hundían en la piel blanca de ella con brusquedad, mientras la otra estaba atenta para sujetar las extremidades de la contraría. --¿Qué mierda crees que haces, pendeja?--. soltó con agresividad, para luego acercarla hasta la mesa y acorralar las piernas de ella contra el borde y las propias, sin medir la fuerza que estaba ejerciendo. Las ganas que tenía de bromear con todo esto, se escaparon de su mente, como le invadieron los sentimientos de ira. Sus peleas callejeras, sus tácticas de intimidar a la gente, eran algo que lo habían dejado un profesional de aquello. --Vamos ¿quieres hacer un show? Dejalos para jugar con tus muñecas--. espeto, quitando su mano con brusquedad de su mandíbula, para así tomar las muñecas de ella, en una rápida acción, la empujó contra la silla y bufó, terminando con su ataque, no tenía intensiones de lastimarla y quiso detenerse para que esto no fuera más allá. Él se alejó conteniéndose todo lo que pudo, pues lo que había hecho la rubia no le había gustado para nada, menos que le desafiaran, pero no tenía sentido seguir.








