—De nada, niña patética—. le nombró de vuelta sin ningún tapujo, manteniendo la expresión de su rostro seria. Una mÃnima sonrisa era encargada de decorar sus labios junto al cinismo que sus ojos transmitÃan. Lo que se transformó en sorpresa y desagrado al sentir un frÃo liquido recorriendo su cuerpo, que las palabras de la chica habÃan advertido segundo antes. Dio un paso atrás y por acto de reflejo dio un manotazo a la mano contraria que era encargada de sostener la botella. Sus orbes de color miel firmemente atraparon a los ajenos con desconcierto, pero rápido su expresión se transformó, en una cierta sonrisa irónica. —Supongo que esperas que me muera con ésto.— burló su acto. —Mejor dejas el alcohol y dejas que tus neuronas piensen una pendejada mejor.—
— No te das una idea de la profunda daga que acabas de insertar en mi corazón. —exageró, posando con falsa angustia una mano sobre su pecho. La diferencia se plasmó momentáneamente en su rostro en lo que el pelinegro reaccionaba, cosa que rápidamente cambió cuando sus facciones se tiñeron con notoria malicia. Su agarre alrededor de la botella se hizo más fuerte cuando el otro trató de alejarla de si, cosa que le dio aun más seguridad a la rubia de su próxima acción.— Ese fue el acto de apertura, polarizado. El show apenas comienza. —relamió sus labios, dejando a la vista una ira que sin pudor alguno se apropiaba de sus orbes. Soltó cortas carcajadas, antes de esbozar una ingenua sonrisa que derivó del súbito movimiento que sus extremidades realizaron con el fin de hacer trizas lo que quedaba del licor por sobre la cabeza del otro.Â









