Hay días en los que me despierto cansado de mí. Sin motivo, sin drama. Solo estoy ahí, existiendo mal. Como si mi cuerpo siguiera funcionando por inercia, pero mi mente… ya se hubiera ido hace rato.
A veces me pregunto si esto es tristeza o simplemente mi forma natural de estar. No quiero hablar con nadie. No quiero que me pregunten qué tengo, porque no tengo nada. Solo… vacío. Y eso, por lo visto, no es urgente para el resto del mundo.
Me arreglo. Trabajo. Respondo mensajes. Pero todo es automático, como si alguien más llevara el control y yo solo viera desde afuera. La depresión no siempre es llorar en el suelo. A veces es sonreír mientras por dentro gritas. A veces es contestar “todo bien” cuando ni tú sabes si mañana vas a querer seguir.
Pero lo sigo haciendo. No porque tenga ganas. Sino porque aún no he encontrado una forma de desaparecer sin que alguien lo note.














