Improvisación última sesión
El sábado fue nuestra última sesión del módulo de improvisación, fue un poco triste porque son de las clases que más extrañaré del diplomado, ambos profesores me inspiraron aquí.
En otra publicación hablaré de mi reflexión sobre este módulo, y sobre la improvisación en sí misma.
En esta ocasión la mayoría llego un poco tarde, lo cual me dio oportunidad a platicarle a Iván que tal iba mi proyecto con las asesorías de los otros profesores, y me ayudo a centrarme y sentirme más tranquila sobre él. También comentamos como nos sentimos a lo largo del diplomado y sobretodo de ese módulo.
Cuando llegaron los demás compañeros, propusimos una improvisación para soltarnos un poco: una conversación guiada. Cada quien eligió 3 cosas, temas, frases, la palabra que quisiéramos y las escribimos en papelitos, los revolvimos y cada quien sacaba uno, la persona que lo sacaba daba su opinión y los demás teníamos que hablar de ese tema durante 3 minutos y todos debíamos externar una opinión y si no era así, debía sacar papelito la próxima ronda. Fue una actividad muy divertida, hablamos de cosas muchas chistosas y muy alejadas entre sí, además es curioso porque de estas platicas que parecerían un poco inútiles surgieron algunos datos interesantes que resultaban nuevos para algunos.
Después como parte de otra improvisación cada quien pensó en alguna frase que resumiera nuestro proyecto, tenía que ser muy muy corta y a partir de ahí cada uno plantearía una actividad para todos.
Una de las actividades que hicimos, fue hacer una meditación corta a modo de las de Pauline y sentirnos, escuchar la respiración, los sonidos y de hecho fue muy curioso porque casi todos coincidimos que no lográbamos escuchar a Pichón, y que a pesar de que unos se movieron bastante lograron ser muy cuidadosos con el sonido que emitían.
Otra de las actividades fue entrar al cuarto oscuro y sin el tacto tratar de guiarnos por los puros sonidos de todos igualmente, el punto era hacer sonidos, incluso llamarnos entre sí para acércanos, me gustó mucho porque sin vernos podemos establecer una relación del espacio con nosotros mismos.
Mi actividad fue que cada quien eligiera un sonido, ya fuera con su propio cuerpo o con algún objeto pero que nos gustara, que nos hiciera sentir bien, lo pensé porque creo que más allá de las canciones, nosotros somos capaces de identificar que tipo de frecuencias nos gustan incluso no solo escucharlas sino sentirlas en el cuerpo, incluso si no lo hacemos conscientemente creo que todos tenemos sonidos favoritos. En mi caso fue el sonido de las uñas chocar con una superficie, me relaja mucho y calma mi ansiedad, y de hecho creo que la razón por la que dejo crecer mis uñas es para poder emitir ese sonido.
Una de las actividades que más me conmovió a lo largo del diplomado definitivamente fue esta, Pichón nos pidió que recordáramos algún momento que fuera nostálgico y que a partir de ello pensáramos en qué habíamos aprendido de ello. Mi historia fue algo que nunca había dicho en palabras y que no había externado con alguien: mi perrita murió recientemente porque tenía tumores por todo el cuerpo y yo no lo supe a tiempo, estaba a punto de cumplir 17 años lo cual complicaba un tratamiento así que decidimos que era tiempo de irse, muchas veces pensé que me había preparado para ese momento sin embargo como lo comenté, fue la experiencia más dolorosa que he vivido hasta ahora, y tomar esa decisión fue muy difícil. Ese día aprendí que a pesar de que toda mi familia me consideraba insensible y que empezaba a creerlo, supe que no lo era, tal vez solo no me habían visto demostrar mi tristeza. Por eso y por ser la última clase, fue muy especial para mí esta última reunión, siento que en el futuro seguiré practicando la improvisación incluso conmigo misma, con lo que pueda y tenga a la mano pues de eso se trata.






