A punto se encontró la muchacha de tomar un paso que facilitarĆa mucho mĆ”s la conversación con quien ahora reconocĆa como Shane, pero el nauseabundo olor a tabaco frenó cualquier intento por cercanĆa. Lo cierto era, Fae detestaba encontrarse cercana al humo que los fumadores creaban al matar muy lentamente sus sistemas. āOh, debe de haber sido antes de comenzar sus horas de clasesāpronunció en primera instancia, una de sus manos saliendo disparada al aire para intentar deshacer el blanquecino tufo que llegaba hacia ella. Igualmente, al instante, buscó cambiar su posición para ser capaz de respirar aire fresco. āY claro, me gustarĆa recibir algo de ayuda, por favor. ĀæTĆŗ crees que se ha quedado por los confines del palacio? Quiero decir⦠se supone que los guardias jamĆ”s le perderĆan la pista si la vieran, Āæcierto? āhabló acelerada, su mirada histĆ©rica recorriendo el inmenso espacio que los rodeaba. Los pensamientos nocivos sin llegar a ser extintos en su totalidad. āY muchas gracias, aunque yo jamĆ”s he pensado lo mismo āagregó sin filtro, y es que nunca se habĆa planteado en verdad el volver al palacio. AdemĆ”s, en aquel momento Cerise llenaba cada rincón de su cabeza. āBien, mi nĆŗmero de móvil es el mismo de cuando era una seleccionada, Āælo tienes? AvĆsame si logras ver a la princesaā¦. Espera, ĀætĆŗ estĆ”s de descanso? ā, y es que tampoco deseaba que lo pillaran en falta. Aunque, si lo hubiese pensado, el cigarro en su mano hubiese sido el indicativo perfecto de la situación.
Pudo percatarse de la molestia que el tabaco generaba en la de orbes claras, y por ello apartó el cigarrillo hacia un costado, permitiendo que la brisa se llevase cualquier rastro de humo, asimismo, soltaba el de sus pulmones hacia otro lugar; extraƱa era la vez que consumĆa un cigarrillo.Ā āĀæLe das clases ahora a la princesa? ĀæDe quĆ©?ā preguntó con latente curiosidad, sus cejas se alzaron con ligereza. La pregunta siguiente lo tomó desprevenido, era una posibilidad que no habĆa pasado antes por su cabeza.Ā āYo, uh, supongo. No conozco a los guardias, la verdad, quizĆ” podrĆamos preguntar. ĀæHablaste ya con su doncella?ā parpadeó un par de veces, lo cierto era que siempre habĆa sido muy riguroso con el cuidado de sus hermanas, sin embargo, podĆa comprender mĆ”s o menos la situación.Ā āY no te culpo, es decir, si yo fuera tĆŗ tampoco hubiera pensado en volver, pero quizĆ” el que te hayan mencionado tanto despuĆ©s de tu partida me hizo creer que sĆ regresarĆasā elevó sus hombros, pues estaba lejos de tomarse ese comentario como algo personal. Tuvo que sacar su telĆ©fono para verificar que ahĆ estaba guardado el de la mĆ”s joven, con algo de torpeza debido a la falta de costumbre, lo encontró.Ā āAh, sĆ. AquĆ lo tengoā asintió, humedeciendo su labio inferior, dirigiendo su vista hacia el perfil femenino.Ā āEstoy de descanso durante todo el invierno, a no ser que me den nuevas tareas... Sólo me encargo del establo, y ya estĆ” todo listo, asĆ que... SĆ, supongo que estoy en una hora libreā regresó el móvil a su bolsillo antes de fruncir su ceƱo, confundido.Ā āEspera, Āæpor quĆ© querĆas saber si tenĆa tu nĆŗmero? ĀæNos vamos a separar?ā cuestionó luego.