Abandono al atardecer.
Despertó cubierta de hojas secas y sus ojos cafés se entreabrieron lentamente, la tímida luz apenas tocaba su cuerpo entre los árboles, a la distancia solo existía la calma, en aquel lugar no se apreciaba ningún eco más que la sinfonía de las aves en lo alto.
Apoyando sus manos en el césped levanto su cuerpo y se sentó para poder observar a su alrededor, lo único que pudo apreciar fueron los árboles, bajo ellos el césped que se mecía con dulzura con el viento, tanta libertad a su contorno semejaba que ningún tipo de desconsuelo haría sufrir a ese corazón, ¿Por qué habría de preocuparse? Solo estaba ella ahí, sola, en medio de un paraíso natural con miles de posibilidades y tanta perfección a su alcance, no necesitaba nada más que a sí misma. Entonces fue que comprendió lo que antes de su sueño había ocurrido, aun así no hizo ningún tipo de gemido, solo un gesto de amargura en su rostro, todo en silencio. Siguió con la mirada a un ave que cruzaba el cielo, planeando entre los árboles, su admiración fue tanta que casi olvido por un momento lo que aquejaba su alma. Y se miro como si buscara algo en si misma, no lograría ver nada, solo era su vestido blanco, centelleaba, era un ángel, como una estrella simplemente ahí, tirada en el césped en el medio de la naturaleza, las plantas que adornaban su cabello castaño cayeron entre sus dedos, bajo la mirada, ella, esa niña que pareciese una mujer, estaba afligida y abandonada. Apoyo las plantas de sus pies desnudos en el pasto, era solo su silueta entre tanta luminosidad, caminando lentamente, pisando las hojas caídas, sentía la humedad del suelo, y volteaba desesperada hacia todas direcciones, incluso buscaba eso que ansiaba ver en el cielo, parecía que su sosiego había sido interrumpido de repente, en ese momento desesperado solo comenzó a seguir un camino con prisa, cada vez mas rápido, corría sin dirección como si fuese a emprender el vuelo, dejo atrás los bosques, siguió corriendo exasperada de tanta serenidad, esa estrella estaba sola en la inmensidad del universo, atrapada en un campo de ternuras, podría hacer lo que quisiese pero estaba tan vacía.
Nunca nadie mas pudo hablarle, nunca nadie curaría tal sufrimiento, las infinitas posibilidades que pudo haber tenido cualquier otro ser humano descorazonado, para esa mujer pequeña se redujeron solo a una, la mas amarga de las soledades en un edén, aunque siguiese corriendo hasta encontrar a alguien, por siempre su alma estaría muerta.
Ceso de andar, la inmensidad la rodeaba y su mirada estaba rota, entonces fue que de sus divinos ojos emergió una lágrima, comprendió al fin que él, su amor, había desaparecido.

















