Echo de menos mi vida en Burdeos.
Echo de menos mi pisito de 20m2 donde me sentía independiente. Echo de menos el Marché de Capuccins al que nos propusimos ir todos los domingos a comprar la fruta, pero al cuál, al final, solo fuimos dos domingos. Echo de menos Cours de la Marne, en la que de cada dos negocios, uno era un KFC o unas de todas sus versiones, y el otro era una peluquería siempre llena de gente. Echo de menos la pastelería de Cours de la Marne, donde Alberto se ponía las botas. Echo de menos el quartier de Saint Michel, y su iglesia iluminada de noche, aunque fuera mejor ir por esa zona solo de día. Echo de menos pasear por Sainte Catherine con mis chicas, una de las calles peatonales más largas de Europa, y acabar entrando en nuestras tiendas favoritas y comprando cosas que no necesitábamos. Echo de menos el hecho, de que la calle estuviera llena de gente, pero no se escuchara casi ruido. Echo de menos que nos echaran la bronca por gritar tanto, sobre todo a ti Paulica, aunque igual la que te echaba más la bronca fuera yo. Echo de menos quedarme anonada cada vez que veía Pey Berland, aunque en navidad el árbol que se puso fuera una zanahoria. Echo de menos las vistas desde la torre. Echo de menos la Place de la Comedie, la ópera y el hotel. Echo de menos esa plaza, sobre todo, cuando en Navidad se iluminó con las luces y el Marché de Noël, el cuál nos hizo muchísima ilusión ver a Teresa y a mí. Echo de menos las colas del Entrecôte, y discutir con mis amigos sobre si era mejor o no que el Bistro Regent. Echo de menos Calle Ocho y sus cacahuetes gratis, aunque a veces no se pudiera ni respirar de la gente que había. Echo de menos las hojas cayéndose en Quinconces en otoño. y los paseos por el jardin public. Echo de menos las noches de botellón en los quais, y coger el barquito TBM por la Garonne, aunque una vez Santi fuera con mucha resaca y tuviera ganas de vomitar. Echo de menos Chartrons, barrio que nos encantaba a todos, y sobre todo a Mar. Echo de menos La Dame, aunque una vez no nos dejaran entrar a pesar de nuestra abogada Teresa. Incluso, echo de menos los días de estudio en la biblioteca, que acababan tomando la poutine en el Petit Québec. Echo de menos las soirées juntos, y nuestras cenas de picoteo. Echo de menos las noches que acabábamos con Guillén, Santi o Pedro a la guitarra y todos cantando, aunque muchas de las veces yo no me supiera la canción. Echo de menos la búsqueda de bares con una happy hour que no nos arruinase. Echo de menos el Brixton, que tenía mejor música que cualquier discoteca de la zona. Echo de menos que el queso fuera nuestro alimento más consumido, y nuestra lista de vinos buenos, pasables o no repetir en la vida. Echo de menos las historias y desgracias de las bicicletas de Alberto, aunque Guillén también tuvo algunas. Echo de menos que el único motivo para ir a la universidad fuera comer con Mar y Teresa o nuestros deportes por las noches. Echo de menos aprender Rock and Roll con vosotros, aunque los chicos lo dejarais muy pronto. Echo de menos pasar horas en la biblioteca buscando vuelos baratos de Ryanair. Echo de menos las conversaciones absurdas entre Alberto y Bellido. Echo de menos a Guillén diciendo siempre que no iba a salir porque tenía prácticas o partido al día siguiente, y al final era el que más se motiva por la noche. Echo de menos a Rodri y a sus formas de hacerse el interesante diciendo “me pasaré un ratillo”. Echo de menos a Ceci, y al hecho de darse cuenta de que comparado con el resto, su uni era un coñazo. Echo de menos incluso la lluvia y todos los paraguas que tuve que comprarme y tirar a la basura. Echo de menos las crêpes y galletes de Nom d’une crêpe, aunque a veces no pudiéramos ni terminárnoslo. Echo de menos nuestras excursiones a nuestro querido Auchan, y pasarnos horas haciendo la compra juntas, sobre todo en el self-discount. Echo de menos la tienda bonita, aunque casi nunca nos compráramos nada. Echo de menos el Mirror d’eau y la Place de la Bourse, y sobre todo, al hecho de que me haya ido sin tener una foto junto con el atardecer ahí. Echo de menos todos los planes que teníamos preparados pero que no tuvimos tiempo de hacer. Echo de menos los open-air; y creo que Bellido va a ser el que más note su ausencia. Echo incluso de menos que los de medicina monopolizarais las conversaciones. Echo de menos estar rodeada de maños, y que alguna vez se me pegara el “co”. Echo de menos que Paulica se emocionara tanto con las cosas y que pareciera que se iba a poner a llorar cuando hablaba de algo que le hacía feliz. Echo de menos a Tedeos, que como bien decía Mar “Joder con la princesita”. Echo de menos a Mar, antes compañera de clase y ahora amiga, aunque la uni siga dirigiendo muchas veces nuestros temas de conversación. Echo de menos mezclar nuestras vidas con la gente que nos venía a ver, y acabar siendo amigos de nuestros amigos. Echo de menos vivir con vosotros en la misma ciudad, y nuestras rutinas de pasar tiempo juntos. Me echo de menos a mí con vosotros, y a vosotros conmigo en Burdeos.
Echo de menos mi vida allí, y os echo de menos a vosotros













