¿Cuál presencia es la que permanece?
Hay días en los que pienso que toda la vida es una larga búsqueda. No de respuestas, sino de una presencia. Caminamos entre rostros, estaciones y despedidas con la secreta esperanza de que, en algún rincón del tiempo, alguien nos mire como si hubiera llegado al sitio que llevaba años recordandolo sin saberlo.
Quizá mi esperanza más antigua sea encontrar a una persona con quien el afecto no dependa de las palabras. Alguien cuya compañía alcance para disipar el ruido del mundo, con quien el silencio deje de parecer una ausencia y se convierta, simplemente, en otra forma de decir "estoy acá con mi pura esencia".
Porque incluso cuando el mundo insiste en hacer del ruido una costumbre y de la prisa una forma de vivir, todavía existen personas que conservan su calma con la misma naturalidad con que el amanecer vuelve a salir después de la larga y fría noche.
Y comprendemos entonces que, a veces, el lenguaje más sincero no solo nace de la voz. Nace de las formas de permanecer. En esas de poder elegir quedarse incluso cuando el otro no encuentra cómo abrir la puerta de lo que siente. Porque hay personas que, aún envueltas en sus propios inviernos aterrantes, despiertan en nosotros un fuego muy ternurante, que no pide nada a cambio; sólo espera en silencio y sabiendo así que hasta el invierno más largo termina inclinándose ante la calidez de quien permanece.
De quien entiende que no toda compañía necesita una conversación, ni toda cercanía una explicación.
A veces basta con seguir ahí, como el fuego que abriga una noche entera sin preguntarle al invierno cuándo piensa marcharse, ofreciendo el calor suficiente para que el otro recuerde que, todavía, puede volver a sentirse hogar.
-Kati🌷✨️












