haría un ser exacto a ti;
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
tu mismo olor, y tu manera
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
—de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso—;
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
a que te crees tú misma cada día
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
la cortina impalpable que separa
resucitándome con tu palabra,
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando —luego— callas...
Oigo constelaciones: existes.