Ella lleva en los dedos el recuerdo de todo lo que nunca ha tocado con calma. Él aprendió a nombrar los colores del mundo por el tono que toma el silencio.
𐀪𐀪⋆。𖦹°⭒˚。⋆⋆。𖦹°⭒˚。⋆𐀪𐀪
Se encontraron en medio de una frase a la mitad, las palabras se doblan y no llegan a ser lo que significan para ellos, un ciego guiando a otro ciego hacia una luz que ninguno sabe lo que significa.
𐀪𐀪⋆。𖦹°⭒˚。⋆⋆。𖦹°⭒˚。⋆𐀪𐀪
Ella le da la mano. Él la recibe como si de una piedra tratase.
Él no sabe si guardarla o dejarla caer. Caminan. No porque sepan. Sino porque detenerse duele más.
𐀪𐀪⋆。𖦹°⭒˚。⋆⋆。𖦹°⭒˚。⋆𐀪𐀪
Ella carga el agua en un balde roto y no lo sabe, o lo sabe y sigue caminando. Él aprendió a medir la distancia por el calor que le queda en la palma después de que algo u alguien se va.
𐀪𐀪⋆。𖦹°⭒˚。⋆⋆。𖦹°⭒˚。⋆𐀪𐀪
Se encontraron donde el camino se bifurca y ambas sendas llevan al mismo polvo en el aire. Dicen en el campo que el hambre une más que la mesa en cambio un ciego guiando a otro ciego no es tragedia, es costumbre.
𐀪𐀪⋆。𖦹°⭒˚。⋆⋆。𖦹°⭒˚。⋆𐀪𐀪
Ella le habla y él escucha el hueco que dejan las palabras, no las palabras en si mismas.
Él le extiende la mano y ella la toma, la toma como se toma un machete cuando ya no queda más remedio.
𐀪𐀪⋆。𖦹°⭒˚。⋆⋆。𖦹°⭒˚。⋆𐀪𐀪
No caminan hacia ningún lado. Caminan porque el cuerpo todavía no ha aprendido a quedarse quieto cuando algo duele.
Y la vida sin lastima, solo observa.
— Laura S. Rodas.














