Vivimos tiempos difíciles, donde podemos encontrar todo tipo de tormentos que nos impiden vivir en paz. No me refiero a la economía, a cuestiones políticas, a la situación que tu país está padeciendo… sino a esos grandes enemigos que hoy están al acecho: depresión, ansiedad, ataques de pánico, picos de estrés, trastornos alimenticios, intentos de suicidio, adicciones, entre tantos otros más.
Quiero llevarte a la historia de Elías, quien, en medio de gran desesperación y deseo de morir, decidió aislarse y esconderse de todo y de todos. Señal de una depresión salida de control. Alguien apareció y, no solo lo confortó, le ofreció descanso y lo alimentó, sino que también le dijo: «Levántate y come un poco más, de lo contrario, el viaje que tienes por delante será demasiado para ti». Esta persona se encargó de acompañarlo y de restaurarlo. Reafirmó su identidad y lo preparó para el viaje que lo estaba esperando.
Tengo tres preguntas que, en primer lugar, me las hice frente al espejo, y ahora te las comparto. Primera, ¿qué enemigo te está robando la paz hoy? Segunda, ¿estás peleando esta batalla solo o acompañado? Tercera y última: queda un largo viaje por delante, ¿vale la pena abandonarlo?
Sea cual sea el gigante que estés afrontando, quiero recordarte que no estás solo. Somos muchos en tu mismo barco, dispuestos a tomarte la mano y a ayudarte a salir. Pero el que más ansía traerte socorro es ese alguien que ayudó a Elías, y ese alguien es Dios. Seguramente escuchaste un millón de cosas sobre Él, y me atrevo a afirmar que la mayoría de ellas no son ciertas. Es quien te extiende la mano, aunque lo hayas rechazado mil veces. Es quien te levanta cuando ni siquiera tenés las fuerzas para hacerlo por tus propios medios.
Después de probar tantas opciones, ¿qué perderías con intentar una más?








