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“Justa venganza” Sinopsis:Joe Sullivan (Dennis O’Keefe) se fuga de la cárcel con ayuda de su novia Pat (Claire Trevor). La fuga fue facilitada por su antiguo cómplice Rick Coyle (…
Takashi Yoshimatsu (1953-) es un compositor japonés cuyas obras están en un cruce de caminos entre la música clásica, el rock progresivo y algo de jazz. Interesante para escuchar y disfrutar sus sinfonías, conciertos y sonatas.
Cosodorokitsune de Shojoskip. Junto con My Dead Girlfriend y Asobi Seksu (¡Citrus! ¡Qué álbum!) creo que es lo mejor del pop post-rock de los últimos años. Esas guitarras minimalistas e hipnóticas parecen una cita directa de los Velvet Underground. Cosodorokitsune: un álbum exquisito.
Una soberbia interpretación del gran clásico de Morrison L. A. Woman por Nicky Tesco con los Leningrad Cowboys. Hoy por hoy es imposible no recordar a Nicky Tesco cuando tocaba con los The Members un tema de “rabiosa actualidad”: Offshore Banking Business.
RHCP & Skate. Increíble que "Dark Necessities”, que es del 2016, ya suene como un clásico de los RHCP y que sea uno de los mejores de la banda (según mi gusto, claro). Además tiene ese toque funky que suena magnífico. Se ve que el corazón funketa del grupo sigue latiendo con fuerza. El vídeo es inmejorable con unas chicas skaters que complementan muy bien la letra de la canción y que, por si fuera poco, nos regalan un meritorio (aunque fallido) kickflip y un par de buenos shove-it.
Increíble que hayan pasado 20 años de Song 2 una exquisitez con ese toque tan british que solo falta el té de las cinco.
Si me preguntan cuales fueron los mejores álbumes de rock que escuché del 2016 yo diría que en la lista no podría faltar “Post pop depression” de Iggy Pop (con Josh Homme). La Iguana me…
Mariana Michi es una excelente aunque poco conocida cantante a la que pude ver hace unos meses en el centro cultural Matienzo. Aquí la vemos junto con Guillermina Di Doménico (la de azul) en un tema buenísimo compuesto por esta última y que no me canso de escuchar. De Mariana se puede seguir el rastro pero de Guillermina poco se ve por estos territorios youtuberos.
Me escribió un Karamazov
¿Qué decir de Dostoievsky que no se haya dicho ya? Mucho es lo que se dijo de la complejidad de sus personajes, de su polifonía, de su existencialismo vital. Lo que más me llama la atención de “Los hermanos Karamazov” tiene que ver con un aspecto del carácter polifónico bajtiniano: los personajes construyéndose a sí mismos y el autor como uno más en esa tarea. Pero hay algo más. Algo así como un guiño de Dostoievsky al lector para que participe en esa construcción pero que va más allá del sentido hermenéutico o interpretativo que siempre encarará cualquier lector en cualquier circunstancia y cualquiera sea su competencia. Dostoievsky parece incitar a que los lectores sean también constructores polifónicos, esto es, que debatan entre ellos la construcción de los personajes y situaciones. Dmitri parece una ofrenda sacrificial para el debate extratextual mas que un personaje puesto en el microscopio de la opinión lectora; lo mismo sucede con los otros hermanos o el padre. Lo que quiero decir es que Dostoievsky produce Freuds de manera constante, o para decirlo en plan boutade: Freud nunca leyó la novela sino que la novela leyó y escribió a Freud anticipadamente. Por eso, los personajes y situaciones no son tanto objeto de recepción a la manera hermenéutica (Jauss, Gadamer, etc.) como gerentes de personal que nos contratan para que los pongamos de pie, para que los hagamos funcionar. Esa construcción es colectiva y parece romper una cuarta pared literaria: no hay una novela allá y un yo lector acá. Todos estamos construyendo al staretz Zózimo y yo no puedo dejar de pensar en ese personaje o en Aliosha si no es a través de lo que de él hablan los otros personajes y los otros lectores con distintos grados de competencia. Lo mismo sucede con los tremendamente productivos Mishkin, Nastasia Filipovna, Raskolnikov y un larguísimo etcétera. Con Dostoievsky nos descubrimos que no solo estamos siendo leídos premonitoriamente por éste sino que nos vemos inmersos en su escritura, escribiendo a su par. Por eso no debemos compungirnos por la ausencia de una segunda parte de los Karamazov. Esta ya existe, solo que nuestras cabezas no se ponen de acuerdo para plasmarla en un papel en blanco que solo posee Dostoievsky.
N. Patricio Reyes
Lakan Ki-duk y su Moebius
Se dice que si Romeo y Julieta hubiesen tenido un noviazgo normal con posterior casamiento, si hubieran tenido un par de hijos (seguramente habrían sido más), si se hubieran separado (o seguido juntos) y hubiesen envejecido para, finalmente, morirse de alguna gripe o neumonía, no tendríamos una historia digna de ser contada. Toda la literatura se basaría en eso: en lo fuera de lo común de las historias narradas. Claro, desde una postura contraria a esta afirmación se alegará que el naturalismo o el realismo o las historias mínimas o los antihéroes o las historias “donde-no-pasa-nada” rompen esa idea de que toda historia debe tener algo picante. Esas convenciones narrativas (historias “donde-no-pasa-nada”), haciendo un uso mayúsculo de las elipsis temporales, dan a entender que aún la cotidianidad más minúscula y rutinaria es también estetizable, es decir, desarrolla otra convención variando los ingredientes. Romeo, casado, en el sofá, tomando cerveza y viendo fútbol con sus amigotes también es novelizable en este sentido.
Este párrafo que acabo de soltar (y que estuve a punto de borrarlo por lo trillado y baladí de las ideas que contenían) viene, sin embargo, bastante bien como introducción a "Moebius" de Kim Ki-duk.
La historia de “Moebius” es, sencillamente, brutal. Algo más, mucho más, que picante. Y es imposible no sentirse afectado por las imágenes. Ya sabíamos del particular uso que hace Ki-duk de la violencia unida a lo erótico y a relaciones familiares y sociales particularmente disfuncionales. En “Moebius” se lleva al límite esto mismo y "lo fuera de lo común" del que hablábamos en el primer párrafo. Siempre pensé que Kim Ki-duk invierte a Descartes: Lo cárnico (no lo "carnal"), con sus bordes y sus cortes, determina el cógito. La violencia en “Moebius” no es exagerada en el sentido de un Peckinpah ni tampoco del estilo de las niñerías adolescentes de la saga Saw ni tan siquiera La naranja mecánica o el Saló de Pasolini. No. En "Moebius" estamos con "Kant con Sade" de Lacan trabajado fotograma a fotograma. Pareciera que la castración misma tomara una proverbial venganza edípica arrasando con todo lo simbólico que encuentra a su paso. Estamos hablando de una casi literalidad de lo Real vuelto imagen y es por ello que la frase anterior suena a un barroquismo o un manierismo exasperante: porque es lo que es, no hay otra forma de entrar en este film. "Moebius" es un festín lacaniano en toda regla y de obligatoriedad estética para cualquier psicoanalista. No he leído nada desde esta perspectiva en relación a la película en cuestión. Seguramente algo habrá por ahí. Me juré ponerme al tanto.
Después de ver "Moebius" uno queda exhausto, aunque hayan pasado un par de semanas. De nada valen las coartadas intelectuales ya sea que provengan del psicoanálisis, de la sociología o del análisis fílmico para alabarlo o defenestrarlo. Decir que hay garrafales pifies en el guión (la salida de uno de los violadores de la cárcel es quizás el más evidente) o en el montaje o en la fotografía o en algunos raccords no sirve de mucho. Que algunas escenas llegan al colmo de un grotesco esperpéntico (la persecución entre los muchachos y la pérdida del "trofeo", las cuchilladas en la espalda) no parece afectar tampoco el efecto final. En esta película parece funcionar algo parecido a lo que sucede con muchas películas de Yazujiro Ozu quien se saltaba convenciones fílmicas elementales (los raccord de mirada principalmente) pero ello no afecta en lo más mínimo ni la diégesis del relato ni el efecto en el espectador (y hasta quizás lo potenciaba).
Ya llegará el tiempo de analizar con toda las herramientas posibles semejante film. Por ahora estamos en el tiempo de la digestión vacuna, animal que tiene un estómago dividido en cuatro sub-estómagos: el rumen, el retículo, el omaso y el abomaso. Yo todavía estoy en el rumen.
Ver “Moebius”: https://agendasociocultural.wordpress.com/2017/01/19/kim-ki-duk-moebius-2013/
Excelente homenaje a Dorothy de “El Mago de Oz” por Kevin Morby a quien sigo desde los tiempos de “The Babies” el grupo que formó con Cassie Ramone (ex-Vivian Girls). Kevin tiene trabajos buenísimos pero parece que recién ahora comienza a ser conocido. Aquí abajo con tres temazos de “The Babies” en una radio comunitaria de Brooklyn, N.York.
Y otro gran tema con mamá de Cassie incluida.
Devendra Banhart / Ferdydurke. Me encanta Devendra. Casi todos sus trabajos pero sobre todo el penúltimo (Mala). Con "Feel just like a child" (¡ya pasaron más de doce años!) me pasa algo parecido a una sinestesia: lo asocio a Gombrowicz y específicamente a Ferdydurke. Seguramente un Scriabin, ese militante sinestésico, se escandalizaría, aunque no creo que lo haga el buenazo de Witold. Algo parecido me pasa con T. Mann-Mahler o Steinbeck-Sara Vaughan y muchos otros. Supongo que habrá alguna explicación para ese fenómeno. Yo simplemente me abandono a ese trip estético acompañado, claro está, por Devendra y su troup.
Likke Li con I Follow Rivers.en una versión mas despojada (y mucho mejor) que el remix de“La Vie d'Adèle” de Abdellatif Kechiche basada en la novela gráfica Le bleu est une couleur chaude, "El azul es un color cálido" de Julie Maroh.
Lacan 1997: Error del sistema
I. Hace poco estaba leyendo un pequeño trabajo de Eric Laurent llamado “El caso, del malestar a la mentira”. Laurent rescata a partir de dos seminarios de Miller el lugar de la “mentira” en las categorías R-S-I (“Cómo la categoría de la ‘mentira’ ocupa el lugar de la estructura como punto de real en lo simbólico”) para luego desarrollar la idea de una poética psicoanalítica (que sobrepasa al analista y al analizante) trayendo a colación algo que nunca había leído o escuchado de Lacan: que el analista es poema más que poeta cuando accede a esta dimensión del lenguaje. Laurent concluye su trabajo afirmando: Si lo simbólico en lo real tiene por nombre la mentira, el encuentro tiene la forma de un fuera-de-sentido en el que la mentira hace signo para un sujeto, por un efecto que alcanza la eficacia del chiste.
II. Me quedé pensando en lo productivo que resultó ser ese seminario de 1997 referenciado por Laurent y su relación con el estatuto de la mentira. Pero casi no pude evitar reírme cuando asocié “1997” con otra mentira más prosaica, más terrenal (literalmente terrenal) y más argentina. Hace unos pocos días (mientras leía precisamente a Laurent) pudo saltar del cerco mediático patronal (por unas horas, claro) una noticia sobre la declaración de unos terrenos por parte de un contrabandista de autos sudamericano: Mauricio Macri había declarado ante la Oficina Anticorrupción que la finca Pluma del Pato en Coronel Solá, Salta (Argentina) que había comprado a mediados de 2015, tenía una extensión de 373 hectáreas y un valor fiscal de $ 334.364,10. Un periodista (de esos que todavía no fue comprado con el dispendioso aporte de los fondos reservados de presidencia destinado al mercado de jueces y periodistas) rascó un poco y comprobó que el predio declarado tiene, en realidad, una superficie algo mayor, más de cinco veces mayor: 1997 hectáreas para ser exactos.
III. La excusa/justificación por parte de la Secretaría Legal y Técnica del patético contrabandista argentino con domicilio económico en Panamá fue: “Error del sistema”. No pude dejar de reírme de mi asociación: de las 1997 hectáreas del mafioso y del Seminario de 1997 al que hacía referencia Eric Laurent al articular la homología de los dos lugares: el de la “orthe doxa” y el de la mentira que hace signo con la eficacia del chiste.
N. Patricio Reyes C. copyleft, 2016.
Nota: El Seminario de 1997 es el de Barcelona Die Wege der Symptombildung, de J-A. Miller quien retomará la Conferencia de Ginebra sobre el síntoma de Lacan (quien a su vez vuelve sobre la Conferencia XVII de S. Freud, El sentido de los síntomas). El otro seminario de Miller (un curso en realidad) citado por Laurent fue uno de 2001-2002. El trabajo de Laurent puede verse en Cuadernos de Psicoanálisis, Bilbao, Eolia, n. 26, junio 2002 (Texto original: Revue de la Ecole de La Cause Freudienne n° 50).
Otras entradas de “Carne de diván, ensalada de Lacan”:
Gruyere de Lacan San Miller, yerno El psicoanalista que cazaba mariposas Lacanibal Muse de Lacan Psico-kitsch Los gatos de Lacan
"En el umbral de la vida" (1958, I. Bergman) Esta película quedó como una obra menor o secundaria de Bergman cuando, a decir verdad, me parece una obra maestra. Quizás debiera revisitarse nuevamente con una mirada más feminista y menos fenomenológica y, de esta manera, sacarle más provecho estético para el mundo actual, mucho más patriarcal y misógino del que aparenta ¿Qué pasa cuando se encuentran tres mujeres en un hospital o maternidad con el tema central del embarazo? Las expectativas, las interacciones entre ellas, la delgada (muy delgada) línea que separa la plena felicidad del máximo infortunio, las complicidades, el mundillo patriarcal visto de soslayo, los miedos, los avatares de las parejas y lo familiar; todo, absolutamente todo es tocado por Bergman de una manera inteligente y con una sensibilidad exquisita.
Es una película que me hizo acordar a "Los misterios del Gineceo" un muy recomendable libro de Paul Veyne escrito conjuntamente con Francois Lissarrague y Francois Frontisi-Ducroux en el que se describen y analizan las escenas del célebre fresco "de los Misterios" de Pompeya. Pensé en Bergman como ese Baco o Dioniso, maestro de ceremonias, pero aquí con una cámara en una mano y una copa de vino en la otra. La película es una obra de cámara en un gineceo. Las tres mujeres no solo son tres potentes personajes sino que fueron encarnados por tres actrices portentosas cuyo despliegue escénico es de antología. Son mujeres que nos llegan a lo más íntimo.
Pero debo añadir algo. A quienes por nuestra orientación sexual (seamos hombres o mujeres) nos gustan las mujeres, Bergman es un cineasta de cabecera. No solo por ser uno de los mayores buceadores del alma femenina sino por ofrecernos una galería de mujeres tratadas y retratadas con el esmero de un perfecto amante. Algunos dirán que hablo así porque estoy enamorado de Bibi o de Harriet o de Liv. Quizás, solo quizás, denle crédito a semejantes afirmaciones.
Ver la película
“Llueve sobre nuestro amor” (I, Bergman, 1946). Esta historia de amor de dos desclasados sociales supone un Bergman menos intimista y menos existencialista que es el que todos conocemos. Es un delicioso melodrama con todos sus ingredientes clásicos (avatares de la pareja contra un mundo hostil, malvados inescrupulosos sin cortapisas, moralistas de baja estofa, etc.). El film es narrado por un personaje que no solo nos contará la historia sino que también intervendrá en algunos pocos pero importantes momentos de la narración: algo así como un ángel de la guarda o figura vicaria del narrador/director. Bergman ya se perfila tempranamente como un excelente buceador de caracteres y creador de potentes interacciones humanas que -marca de fábrica- nunca serán sencillas. Ver la película