Dream Location
El departamento era pequeño. Y extraño. Las escaleras estaban distribuidas de forma poco lógica, y los espacios que había entre habitación y habitación, ilustrados por pasillos demasiado angostos, daban la impresión de vivir en una base subterránea. Cierto era, sin embargo, que el departamento se encontraba en el sótano, pero apenas eran unos metros bajo tierra, nada excepcional.
Una pintura blanca opaca, que parecía ligeramente irreal, cubría las paredes, el techo y el suelo. Los pocos muebles que había también estaban cubiertos del mismo blanco grisáceo, como si fuera una fina capa alba y lechosa que escondía justo bajo la superficie una colonia de hongos a punto de abrirse y llenar con sus esporas el aire.
El primer día (¿o noche? Cómo saberlo con esas paredes, que hasta parecían brillar en la oscuridad, con una luz apagada y fantasmagórica.), estuvo relativamente tranquilo. Sólo hubo un par de susurros ahogados que se perdieron en la ilusión de la imaginación.
Al segundo día la ilusión de la imaginación no pudo tragarse todo cuando unas pisadas metálicas sonaron demasiado nítidas. Esa noche soñó que alguien le susurraba al oído: «You can run, you can’t hide.» mientras las palabras se materializaban frente a ella. Era una pena que no supiera inglés.
Al tercer día las luces adoptaron la maña de titilar de vez en cuando, como si alguien hubiera conectado un aparato que consumía cantidades ingentes de energía. Además, disminuyó la intensidad de la luz, sumergiendo todo el departamento en una especie de penumbra brillante.
Al cuarto día se empezó a percibir un no tan ligero aroma a podrido, y a hierro. No era sofocante, pero de vez en cuando le arrancaba una arcada. Al alzarse la luna soñó que resbalaba en un gran charco de color rojo oscuro, en medio de una habitación peligrosamente pulcra, y que se golpeaba la cabeza con fuerza. Al intentar levantarse de la caída, sentía el cuerpo lento y pesado. Levantaba la cabeza con esfuerzo para mirarse y, a pesar de que su ropa no estuviera manchada, adivinaba su piel con un tentativo tono purpúreo.
Al quinto día despertó descompuesta. Se la pasó entre la pieza y el baño, o vomitando, o acostada en su propio sudor, o sentada en el inodoro esperando que algo saliera del dolor insoportable que sentía en el vientre. Cuando la oscuridad diaria empezó a absorber al mundo otra vez, se le fué la luz. Y sola, a oscuras, en silencio, sin fuerzas y aterrorizada... fue que las volvió a escuchar. Las pisadas. Ahora más nítidas y fuertes, como si estuvieran al borde de la cama. Hubiera gritado si un dolor indescriptible no la hubiera golpeado justo debajo de las costillas, quitándole el aire y los órganos.
Al día siguiente, sus sueños se hicieron realidad.
Basado en un sueño que tuve a finales de diciembre del 2023.
(05-06/01/2024)
Editado el 24/5/24.














