
titsay

Kiana Khansmith
d e v o n
todays bird
almost home
Peter Solarz
i don't do bad sauce passes

★

pixel skylines
noise dept.
hello vonnie
Xuebing Du
Three Goblin Art
NASA
Monterey Bay Aquarium

izzy's playlists!

Origami Around
sheepfilms
No title available
dirt enthusiast

seen from Germany
seen from Romania

seen from Uruguay

seen from Germany
seen from Germany

seen from Germany
seen from United Kingdom
seen from Türkiye

seen from Uganda

seen from Russia

seen from United States

seen from United States

seen from Singapore

seen from United States
seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from Saudi Arabia
@sofieoneil-blog
Esta vez es en serio
When a fire starts to burn, right, and it starts to spread She gonna bring that attitude home Don't wanna do nothing, what they like
No me gusta viajar al revés. No entiendo bien el porqué de esos asientos que miran hacia el fondo de los colectivos, y todo el mundo esquiva mientras puede. La verdad es que prefiero ir parada, sólo los uso cuando el viaje es muy largo o mi mochila pesa más de lo normal. Y en esos casos no puedo leer, ni mirar otra cosa que no sea un punto fijo en el horizonte porque me mareo. Punto que, generalmente, coincide con alguna cara al azar entre la platea de afortunados que viajan de frente y observan fijo mientras masticás un alfajor o tarareás la estrofa de alguna canción que suena en los auriculares. En eso estaba, sentada al revés porque no podía más. El llamado me había arrancado de la cama y así, con las piernas todavía temblando, me vestí con lo primero que encontré y en cinco minutos, salí a la calle. Me pareció que no quedaba un sólo taxi libre en la ciudad. En el apuro por llegar, vino el bondi y me subí, pero en cada parada dudaba de mi decisión. Había dormido dos horas, como mucho. Estaba despierta, pero totalmente ausente. El gesto del tipo que sugería intimidante "¿Qué mirás?" me devolvió a la realidad. Toqué timbre.
Caminé las tres cuadras que me separaban de Matheu y cuando doblé en la esquina, me encontré con la calle cortada. Había un patrullero interrumpiendo el paso de algún curioso y una autobomba atravesada frente al único edificio nuevo de la cuadra. Las luces rojas y azules rebotaban intermitentemente contra los frentes de las casas, pero las sirenas ya habían dejado de sonar. Secretamente había deseado que todo esto fuese una exageración. Conocía bien ese miedo, que lo hacía volver cada vez que salía -incluso cuando ya estaba llegando a destino- a revisar que las hornallas estuvieran bien apagadas. Otras veces había sido en vano; pero esa noche su peor pesadilla se hizo realidad. Ante la evidencia, apuré el paso hasta la entrada.
El frío del cemento que se concentra en la planta baja, esta vez golpeó más fuerte. Las pisadas negras de las botas marcaban el camino hacia el ascensor. El aluminio y el espejo tenían marcas de manos apuradas. No había luz, así que tuve que subir por la escalera. Eran nueve pisos, que nunca terminaba de dejar atrás.
Arriba, el olor a azufre y destrucción que impregnaba el palier me revolvió el estómago. El agua llegaba hasta la entrada del ascensor y delataba cada uno de mis pasos. Traía restos de hollín, pedazos de cielorraso y de papel. Iba alumbrando el camino con la pantalla del celular para no tropezar, cuando -con la vista fija en el piso- me encontré con la cara de Bob Dylan, pisoteada y empapada. La tapa de Rolling Stone hablaba de su "fuego sagrado", y no pude evitar reparar en la ironía. De los daños colaterales, las revistas sin dudas iban a doler.
La puerta "B" estaba abierta y dejaba entrever el living, devastado. La luz de la calle apenas se colaba por la enorme ventana, que mira al este. Recordé las mañanas cegadas de sol y me pareció mentira semejante contraste: el techo y las paredes eran la negrura absoluta. Los sillones, que antes eran de cuero, ahora eran de hollín. La computadora había quedado abierta, y, al igual que los parlantes, la mesita baja y el televisor -que desde la mudanza seguía en el piso- estaban todos cubiertos de gris. En la mesa todavía quedaban vestigios de anoche: algunos vasos a medio tomar, los restos de una pizza en caja de cartón, todo cubierto de ese polvo fino y espeso. También monedas: él siempre tiene monedas en los bolsillos, que va perdiendo por ahí. Se me dio por correr una de su lugar, y vi que debajo, la madera estaba intacta. Contemplé la marca redonda, perfecta. Todo alrededor parecía un terreno plagado de fósiles que, con paciencia, habría que desenterrar.
Los bomberos ya se estaban yendo. Dijeron que todo empezó en la cocina, por una colilla mal apagada en el tacho de basura. El vecino de al lado llamó cuando vio el fuego. También rompió la cerradura de una patada para que pudieran entrar. "La gente no suele meterse en cuestiones ajenas... tuviste suerte, pibe", remataron antes de salir por la puerta destruida. Por suerte él ya no estaba ahí mientras sucedió. Por suerte alguien lo llamó para que vuelva. Por suerte un amigo lo trajo esquivando semáforos en rojo, para llegar cuanto antes. Pero cuando lo vi, entendí que hablar de suerte en ese momento era lo menos apropiado. Estaba sentado en la cama, hundido entre sus hombros, con la cabeza entre las manos. No decía nada, y yo no sabía bien qué decir. Sólo me acerqué y le acaricié la cabeza. Fue como si el contacto lo sacara del trance. Cuando hundí mis dedos en su pelo, lloró con una angustia de la que no lo creía capaz. Se maldijo por no haberlo evitado, tenía bronca y un miedo casi irracional al día después. Su vida en ese momento parecía caerse a pedazos, junto con el cielorraso de la cocina.
Para cuando sus espasmos se calmaron, y yo iba encontrando las palabras precisas, ya había amanecido. En poco tiempo la casa se llenaría de gente otra vez, así que me fui a caminar un rato. Tenía que conseguir un arsenal de cosas de limpieza, pero iba a ser un día largo y necesitaba despejarme un poco. En el barrio algunos vecinos ya paseaban sus perros, otros charlaban en la vereda. El olor a medialunas de la panadería se mezclaba con el café y los tostados del Bar de Cao. Algunos trasnochados caminaban por Avenida San Juan. Como yo, todavía no habrían pegado un ojo. Era una mañana fresca y soleada de domingo. Comprobé con cierto alivio que, por lo menos afuera, todo seguía en su lugar.
Read Mike Powell's Best New Music review of Norwegian producer Todd Terje's It’s Album Time.
Definitely hotter than his 90s version. #Blur #DamonAlbarn
Indiettón (?) #News2013
El jueves arranca así.
#ChosenOne
si querés llorar, llorá.
vicio de estos días!
¿Cuánto vale ese rato? #ChosenOne
Long awaited but worthy. #Discazo!
Belle and Sebastian - Your Cover's Blown (Miaoux Miaoux Mix) official video (by bellesglasgow)
Kings Of Leon - Wait For Me (Audio) (by kingsofleonVEVO)
HAIM - The Wire (by HaimVEVO)
Babyshambles - Picture Me In A Hospital (Official Audio) (by Babyshambles)
De noches, urbes y autos. Kavinsky - Odd Look (by KavinskyVEVO)
I don’t know my home I don’t know my place I just wanna be there, be there
Kings Of Leon - Supersoaker