Mika
Naciste el 2 de Febrero de 2016 y llegaste a casa 3 meses después. Tu pelo negro y tus ojos obscuros y brillosos nos hicieron sentir que tú nos elegiste a nosotros.
Esa noche, con un espíritu aventurero y osado, decidimos que Mika te llamarías. Brincando desde de la silla en donde te puse para que te durmieras y con ese lugar que te mereciste en el mundo, decidiste acostarte en mi cuello. Nadie sabía entonces que habías nacido con un escudo y una espada entre las patas.
Creciste y solo sabías tener en tu boca una pelota, corriendo hasta que la respiración te faltaba. Entonces, disfrutábamos de un momento tan nuestro, acostarnos en el sillón y quedarnos ahí. Sin dormir, acompañándonos en silencio. Que paz nos daba tenernos uno al otro, chiquita. Mi pequeña guerrera.
Creciste, más de lo que pensamos que crecerías. Fuerte, independiente y amorosa. Tu audacia no tenía límites, nos helaste la sangre cuando al año y medio de estar con nosotros te intoxicaste, corrimos por tu vida. Nadie sabía que tenías hasta que de pronto una luz nos dió la claridad que necesitabamos. Estarías bien.
Probablemente en el idioma perruno no hay palabras, pero en el de los humanos te dije “Tú no te vas a ir. Regresamos juntos a la casa” Tu casa.
Creciste para llenarnos el corazón y así lo hiciste. Acostada, ladrando cuando alguien quería entrar a la casa y con la intolerancia tan tuya hacia los niños; creeme chiquita, si hubiera tenido alguno no hubiera dejado que nadie más la cuidara cómo tu podrías. Mi valiente guerrera.
Recuerdo una noche hace unas semanas, que dormimos juntos. Te acostaste en mi pecho, pero esta vez ya no cabías completa, así que sólo pusiste tu cabeza sobre mi. Nos dormimos y te dije que te amaba, mientras tus ojos obscuros me veían y hacías ese llanto tan tuyo. Que no era de tristeza, sino de alegría pura. Esa misma noche vi que no había otro lugar en el mundo en el que quisieras dormir, boca arriba y con la panza que ganaste en todos estos años expuesta. Sabías que nadie en el mundo te cuidaría cómo nosotros lo haríamos.
En una operación que tendría que haber sido rutinaria. A la que llegaste con valentía, temblando. Te nos fuiste.
Te envolví en mi sudadera y parecía que estabas ahí por un momento. Ya no había besos ni calor en tu cuerpo para dar. Pero estaba ahí para ti. No hay persona que te conociera y no le ganaras el corazón, preciosa.
Mientras te llevabamos al crematorio, no quería ir rápido. Esperando que en cualquier momento te despertaras.
Te fuiste hoy, 5 de Abril. En un día caluroso, despejado. En donde los pájaros cantaban. Te conté en mi cabeza que había muchos árboles y me acordé que tampoco a ti te gustaba salir. Pero te fuiste en un día precioso, cómo tu existencia en nuestras vidas.
Le pedí a Dios, antes de despedirme de ti por ultima vez, que me permita que estés en todas las vidas que vengan para mi. Por mientras, espérame en ese sillón. Un día voy a llegar allá y nos vamos hacer silenciosa compañía, chiquita preciosa.
Para la perrita más valiente, amorosa y consentida: Mika.












