‘ ¡sí! clavelito silvestre panhan ’ entona el nombre completo del animal acompañándolo de aires de grandeza, como si acabase de introducir a un miembro de la realeza. ‘ sal es súper lindo ’ apunta a contraria, repitiendo el mismo adjetivo, pero es que siente que no podría cansarse de decirlo. ‘ puedes tocarlo si quieres ’ habla al menor, acariciando la cabecita y cuello del pato para enseñarle cómo es. ‘ ya sé qué quería, es que tiene uno parecido en casa ’ dígitos van a atrapar el muñeco, dándole cuerda para que empiece a caminar y, a la vez, clavel lo acompaña, imitando sus movimientos con gracia. ‘ es listísimo ’ asiente con orgullo, irguiéndose de vuelta para quedar a la misma altura que contraria. ‘ qué va, me siguió sin que me diera cuenta ’ aprieta labios en un leve mohín de claro lamento. ‘ ¿tú qué hacías? ¿ya terminaron? ’ se refiere, claro, al trueque de libros o lo que fuera que se estuviera realizando en el interior de la biblioteca. ‘ si quieren podemos merendar aquí cerca, tengo frutas de sobra ~ ’
“¿Clavel silvestre?” Repite, mientras Sal pasa su mano detrás de la contraria, imitando su movimiento. También, repite el nombre del animal, pero de la misma forma que lo ha entonado Berry, para luego dejar ir una risita infantil. Está lo más feliz que lo ha visto en bastante tiempo, con una emoción nerviosa que le deja en claro que su felicidad es rebosante y pura. Le aplaude cuando el pato imita los movimientos ajenos. Genuina fascinación. A Somyi se le escapa una risilla, silenciosa, mientras cruza sus brazos en su torso. “¿Suele seguirte sin que te des cuenta? Es la primera vez que veo un pato de mascota. Hasta he visto gallinas, pero nunca patos.” Admite, negando de la incredulidad. Con esa misma incredulidad sigue al animal con la mirada, Sal imita cualquier cosa que haga el pato, diciendo cuak como que él también fuera uno. “Sí, ya hicimos unos trueques y conseguí algunos libros que me interesaron. Sal igual consiguió algunas cosas. A su edad, es mostrarle y ver si le interesa,” explica por Sal, siguiéndolo con la mirada. “¿Tú también? ¿O te distrajiste con el pato?” Inquiere, antes de asentir, accediendo a su idea. Ella estaba sintiendo un poco de hambre igual, y Sal no comía desde antes de que llegaran. Era hora para un receso con comida. “¿Tendrán algún lugar cómodo y silencioso? Ya estoy cumpliendo mi cuota de gentío diario.” Señala, luego, con el mentón a Clavel y Sal. “Parecen llevarse bien.”