Antes y despúes del golpe
Todo esto se parece a un niño golpeando un charco.
El pie cae, y en un instante el agua se levanta como un pequeño milagro: arcos, hilos, una forma que nadie pensó y que, sin embargo, ya existÃa.
Luego cae.
Y el tiempo, que no se ve, empieza su trabajo: deshace, borra, inclina, devuelve el agua a su primer temblor.
El niño mira. No sabe si ha creado algo o si solo ha interrumpido un orden más antiguo.
PodrÃa volver a golpear. PodrÃa no hacerlo.
Hay dos formas de romperlo: la del azar, que no pregunta, y la del orden, que insiste.
Yo pienso — mientras el agua se aquieta— que la vida es esa forma extraña que, al dejarse ordenar, se empuja, sin remedio, hacia su desorden.











