Yo la quiero, muchacha estúpida, ¿no se da cuenta? Pero, apartándonos de eso, la odio porque me originó un problema el berraco y porque siempre se iba con mis palabras, con mis gestos y mis caricias, con todo... Otra vez para su cama. Pero, tal vez, para nosotros exista otra gloria al final del camino, si es que todavía no nos queda un camino... Quién sabe...
Andrés Caicedo - Infección (1966)
















