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I am more than my fears. [ Leah + Graham ]
grahamharley:
Su imaginación se transportó justo a una película americana de los años ochenta, principalmente por los brabucones que molestaban a Elton sin ningún tipo de razón. Sólo estaban allí por el incidente de ayer, no tenía nada ninguna excusa para faltarle al respeto o intimidarla. Podía verlo en sus movimientos corporales, casi inseguros de cómo actuar a pesar que ésta demostrase miedo e inseguridad. Seguían siendo unos buenos para nada, enfocándose en un patrón muy anticuado. Entretanto, su apodo hacia Leah le causó nauseas, ¿es que acaso nadie podía tener un toque de originalidad al insultar? ¿Cómo ella le podía tener a ejemplares tan vacíos? Reconoció que sus pautas se basaban en molestar, herir e incomodar a las víctimas que se le acercaban a Graham, sin embargo, él se aplicaba en entretenerse por las respuestas que ellos le daban, luego los dejaría en paz, sintiéndose humillados a sí mismo por decir cualquier estupideces que le saliese. No así. Tan bajo de presupuesto.
Entonces, Graham soltó una sonora carcajada arrugando sus sienes al entornar sus ojos, inclinándose hacia adelante con la mano puesta sobre su estómago, (exagerando la emoción). No iba a permitir que esto pasase frente a él y menos si fue ordenado por unos imbéciles con falta de materia gris. Sin permitir que esto reaccionaran ante sus movimientos, tomó bruscamente el brazo de Leah Elton, jalándola hacia sí y colocar su cuerpo frente a ella, como una muralla de defensa. “¿Te repito? No molestes algo que es mío. Anda a buscarte otra víctima, imbécil, yo aquí llegué primero” Por ser alto, tuvo que bajar la mirada a su oponente. Ja. Pobretones de West High, tan carentes de todo lo que él se beneficiaba en St. Bernard y ahora tener que ladear junto con ellos. “¿Qué están esperando? Lárguense”.
Si algunos de ellos se atrevían a pasar la muralla, no dudaría en actuar. Pero, ¿se veía capaz de responder ante la violencia? Quizás su impotencia aumento a un mil por cierto, bloqueándole los pensamientos y acudir a sus puños muy bien formados contra las caras de imbéciles.
La carcajada tan carentes de emoción de Graham no eran un motivo de extrañeza en Leah como lo era para los otros chicos que los rodeaban, mirándose entre sí como si el castaño hubiese perdido la cabeza en ese segundo. La diferencia se encontraba en que la morena conocía al castaño, conocía su modo de burlas y chistes crueles, sus formas de hacer sentir mal a los demás y entre ellos estaban... Esas carcajadas que representaban superioridad ante las acciones de los principiantes, aunque no lo fuesen realmente. Lo que si le extrañaba en su totalidad era encontrarlo allí, defendiéndola aunque de una manera tan peculiar que eso si no se quiso si quiera cuestionar demasiado.
Trastabillando por su jalón, cerró los ojos al imaginarse y tener una horrible sensación de que uno de los otros le agarraba el brazo contrario para retenerla donde estaba. Agradecida de que así no fue, permaneció detrás de Graham. O de hecho, detrás de su enorme espalda. En todos los sentidos Graham superaba el promedio: altura, humor, a excepción de que no un chico con demasiado músculos, como lo eran los contrincante del mismo. Era bastante... ¡Espera! ¿Por qué pensaba de esa manera? La sangre empezó a subirle hasta los oídos y estos zumbaron con fuerza. Pero volviendo a la realidad en la que vivía, la princesa Jasmine se le apareció en su cabeza, recordando su famosa frase "No soy un premio al que hay que ganar". Básicamente, Leah no era precisamente un buen partido al que arriesgar la vida para ganar. No se consideraba bonita, ni nada parecido a una chica normal. Claro... La cosa estaba en que Graham no se refería a ella en ese sentido, y sin tiendo una pequeña punzada de decepción, se repitió que la estaba reclamando como su víctima personal a la quién molestar cuando quisiera. Así que solo se enfrazcó en pedir a todos los Dioses que se llevasen a ese grupo de chicos lejos y en silencio, porque lo último que necesitarían los de St. Bernard, era una pelea a las afueras de West High.
"¿Te crees muy superior, eh, Bernard?" Le reclamó amenazantemente el chico rubio, enfrentándose al alto sin ningún miedo. "¿Nadie te enseñó a ti a respetar a los anfitriones? Tu y tu noviecita deberían tener claro que no necesitamos sus inútiles dramas en nuestra escuela." Masculló. Leah, detrás de Graham, ni siquiera se quiso asomar, solo le bastaba escuchar la disputa. "No quieres enfrentarte con nosotros, chico. Porque podemos meterlos en grandes problemas. Este es nuestro territorio, ¿de acuerdo?"
Leah cerró los ojos con fuerza, clavándose los dedos en los brazos con pasada presión, pero no le importaba concentrarse en ese dolor. Lo último que quería era que se metiesen en problema por problemas que debieron resolver en otro sitio, no en West High, donde todos eran testigos y, además, participantes donde y cuando quisiesen. No era como St. Bernard, donde todos estaban en sus asuntos y si había un problema, les daba igual. Esto era otro sitio y no funcionaban con sus reglas. "Gr- Graham" Llamó la chica luego de un momento, tirando suavemente de su camisa para que la advirtiese.
Sin siquiera pesarlo, tomó la mano de la morena y comenzó a caminar entre el resto de estudiantes. La incomodidad que el tacto podría causarle a Leah ni siquiera pasó por su cabeza, estaba tan acostumbrado a ser abierto con los demás, que lo era igual aun tratándose de alguien a quién acaba de conocer. “Entonces, St. Bernard,” comentó luciendo la sonrisa en sus labios a la vez que continuaba caminando, llevando a la contraria consigo. “¿todos los chicos son igual de agradables cómo tu?” inquirió. “Porque sí es así me gustaría conocer al resto de los que vinieron a West High.”
El rostro de la morena se encendió ante el contacto que tuvo con la mano del chico, mirando a los lados por si alguien más estaría presenciando lo que ella estaba viviendo. Como todos seguían en sus asuntos, no tuvo más remedio que encogerse en sus hombros, mirando al suelo por donde iba.--- Ahm...--- Musitó, intentando pensar claramente qué podría decir sin lanzar una imagen de sus compañeros que no fuese tan prejuiciosas. La cosa era que... Todos eran difíciles a su manera, inclusive ella entraba en esos términos.--- Bue- bu- bueno... No sé... No sé decirte --- Alcanzó a contestar, intentando no mirar las manos unidas sino el suelo, más sonrojada por considerarla agradable.--- Es- es d- decir... Ro- Roh- Rohan l- lo es, y Mis- Mistee. Lo- Los demás.... --- Frunció un poco sus labios, pensando en Franco, Graham y Giovana, que no eran precisamente muy agradables.--- Ti- tienes qu- que cono- conocerlos por tu- tu cuenta y ve- verlos con- con tus prop- propios ojos, Ca- Carter. --- Le sugirió antes de verse comprometida en palabras que podrían perjudicarla luego.
kayavsk:
Inspeccionó la apariencia contraria delicadamente, buscando un rastro de conocimiento sobre la misma para alcanzar la conclusión de que desconocía la identidad de la fémina. La rubia no solía establecer conversaciones duraderas con personas de su mismo sexo, mas tener un contacto femenino perteneciente al instituto foráneo serviría de ayuda. — No te preocupes. Tendré que ser más atenta la próxima.— Imitó la sonrisa ajena, negando suavemente de izquierda a derecha, sus hombros elevados cortamente. — ¿Te conozco?
Ante la pregunta, Leah negó con su cabeza inmediatamente.--- No, soy... De intercambio. --- Explicó.--- Soy uno de los de St. Bernard. Me... Me llamo Leah. --- Se presentó y, sin pensarlo ya había extendido su mano hacia la rubia.
I am more than my fears. [ Leah + Graham ]
grahamharley:
Retenía los esfuerzos de admitir que la comida de la señora Devis sabía muy bien, su sazón para las artes culinarias era asombrosa, claro que no lo diría como un halago mas sus intensiones al comer ya le dejaban claro su gusto por los platillos caseros. En la mesa en las mañanas y en las noches, los envolvía un aura de silencio más incomodidad. Graham no emitía ni una palabra, simplemente se dedicaba a comerse su plato, mirarlos a todos como si tuviese algo que decir y marcharse sin pedir permiso. Muchos encuentros tuvo con el señor Devis, pues ellos se componían como una familia de morales y valores, manteniendo el calor fraternal vivo, sin embargo, el nuevo integrante no creció con tales cosas. Con el ceño fruncido, quedándose en la pequeña habitación asignada, conseguía el hilo de paz que no obtenía durante el día.
Los días en West High pasaban lento como las agujas del reloj de Benjamín Button, también hacia atrás. En ningún momento Graham veía mejoría de su nuevo ambiente, se sentía como un león en cautiverio, tratando de convivir con las gacelas que deseaba destruir para sus propios beneficios, pero las reglas lo amarraban, como un animal con la soga al cuello. ¿Desde cuándo el destino se iba a tornar tan retorcido? Sólo deseaba que, por una buena vez, toda esta broma de mal gusto acabase. ¿Cómo la estaría pasando el hijo mayor de los Davis? ¿Tan mal como él o sí encontró un espacio entre los St. Bernand? Franco se la pasaba tan mal como él, el niño de ojos saltones encontró un nuevo paisaje que contemplar y ese panorama era su amigo.
Tan ocupado para resolverse el mundo, se paseaba por los alrededores de West High. Se decía a sí mismo que esta institución fuese sido buena sin la matricula que llevaba; tan sólo veía los ejemplares caminar por su lado y le causaban escalofríos. Todos, absolutamente todos eran extraños. Hasta dudó de sí mismo, ¿ya soy tan extraño como ellos? No le intimidaban las miradas sobre él, ya la costumbre lo acobijó, más con el incidente de ayer. El terrible escándalo de Leah Elton y la soda de uva, perdiendo la cabeza con la intensidad de su mejor amigo y la infiltrada que estuvo ayer juntos a ellos. Su subconsciente envuelto en telarañas le logró susurrar algo entre lo que se consideraba lógico: ¿Pelearse por una mesa, en serio? Pero su respuesta fue: Esa mesa la vimos primo. Nunca entendía qué pasaba por su cabeza, ¡qué pasaba por su cabeza el fin de semana pasado! Ni siquiera bebió alcohol sufímente como para tomar la decisión de besar a Leah Elton, la tartamuda de Bernand, en la habitación de Ophelia. Demasiado drama en una sola semana.
Una brisa misericordiosa se apiadó de su alma frustrada, refrescando su rostro al golpearlo. Qué bien se sentía, pensó. Él sólo quería volver a casa, ser un objeto para sus padres, planear su propia vida y obtener los lujos bochornosos que se merecía, a cuenta suya, por supuesto. Entretanto, perderse en sus inútiles pensamientos hubiese sido una buena manera de relajarse, pero el ambiente no estuvo de acuerdo del todo, ni menos las bestias a continuación. Cuatro muchachos, cada uno con una sonrisa irónica, cuán conocidas eran esas sonrisa para él, ¡claro, si era una de las que él dibujaba! Parecían rodear a una pequeña víctima, ah, pobre alma. Si hubiese él, no la acosaría tanto, simplemente entornaría sus ojos hacia la criatura, buscando la manera en destruir su campo de protección con el insulto perfecto. Una sola palabra puede quitarte muchas de la boca.
Oh, un momento…
¿Esa no era Leah?
No, a Graham no le agradó nada la situación.
Sí, la gente de West High era desequilibrada (sin contarse él, por obvias razones), intenta copiar un estereotipo de la escena pasada. Pff, novatos. Más que eso, la cólera fue principalmente por ver la expresión de terror reflejada en el rostro de Leah. ¿Por qué… Ella? Había tantos alumnos a quienes se podían molestar, ¿por qué agarrar a una de Bernard por el simple hecho del incidente pasado? Su subconsciente envuelto en telarañas le ordenó ir hacia el sitio, y, acompañado de esa orden, una fuerza lo empujó a la zona de combate. Separó a uno de los chicos por el hombro, ignorando si el jalón fue fuerte o no, solamente quería apartarlo de su vista. Allí estaba ella, encogida de hombros con la cara oculta. Se veía tan pequeña, indefensa.
Malditas bestias.
“Con que molestando a una Bernard, eh, West inútiles. Les recuerdo que deben tratar bien a sus invitados…” Un rostro cínico apareció en las facciones de Graham, bajándose el bolso del hombro. “Vayan a molestar a su gentuza. A ella no la molesten, solamente lo puedo hacer yo, maricas” No le importaba qué insulto lanzaba a sus víctimas, el hecho estaba en el nivel de ofensa que estos tendrían.
"Ya- ya de- déjenme, por- por favor" Insistía una vez más la diminuta Leah, encontrando que era mucho más difícil mantenerse firme y recordar que no debía tener miedo. No debía tener miedo, pero lo estaba sintiendo, la estaba consumiendo sin piedad por cada rincón de su ser y las lágrimas querían anunciarse. ¡No, Leah, no llores! Se gritó, cerrando los ojos con fuerza para así también no ver a los demás que se reían y hacían crueles y sarcásticos comentarios por lo ocurrido el día anterior, abrazándose mucho más a su adorado cuaderno. ¿Por una sola vez que se sintió valiente era digno de chistes? No entendía a nadie en ese sitio, no entendía su forma de pensar. Y no quería entenderlos tampoco, quería evitarlos, acabar su programa de intercambio y regresar a casa, en su muy cómoda escuela, donde sí podía moverse por caminos verdes y encerrarse en su biblioteca, donde tenía una zona solo para ella porque nadie sentía la necesidad de acercarse. "¡Oh, vamos!" Exclamó un chico que explotaba en carcajadas.
Juró que iba a pasarle algo horrible (no sabía qué, pero lo sentía), justo a las afueras de esa escuela, con tantas personas mirando, de nuevo. ¿Serían capaz de cargarla y meterla en un bote de basura? ¿O de encerrarla en un locker hasta que alguien fuese tan amable de encontrarla? Todo era posible cuando no veías luz al final del camino.
Y quién iba a decir que la voz que escuchó a continuación sería esa luz que se encendió de golpe, iluminando su tétrico destino.
Todos, incluso los chicos que la rodeaban, se vieron sorprendidos por la presencia y las palabras de Graham. Aún así, Leah no supo si ese "solamente puedo hacerlo yo" era motivo de celebración o de sentirse más indignada. De cualquier forma, con una sola persona que la molestase ya le era suficiente; no era necesaria una bandada tan grande como aquel. "Vaya, vaya" Exclamó un chico rubio, con una chaqueta de fútbol Americano. "¿Dónde está el resto de ustedes, eh?" Inquirió con un tono que cualquier supo que era curiosidad fingida y, a la vez, amenazante. "¿También vienen a defender a la princesa tartamuda?" Señaló a Leah sobre su hombro con el dedo pulgar, resoplando una carcajada. "Patético" escupió sin recelo, "Haznos un favor y retrocede, chico. Tú ya tuviste tu tiempo."
¿Qué significaba eso? Alarmada, Leah clavó su pánico en Graham, sin importarle nada, estaba suplicándole con sus ojos de conejo asustado que la salvara de allí.
I am more than my fears. [ Leah + Graham ]
Bien los García se habían ofrecido a buscarla luego de sus clases, pero Leah se propuso no molestarlos en lo absoluto, así ellos mismos se ofreciesen. Nunca se sabía hasta que punto podía considerar correcta su confianza, así que prefería simplemente limitarse a aceptar sus ofertas tan generosas. En las mañanas las despedían a ella y a la pequeña hija en la parada del bus que las recogía muy temprano. De regreso, Leah podía simplemente irse caminando, no le molestaba hacer algo de ejercicio con tal de no quedarse solas por las calles, que era muy extraño. Solía salir con un grupo grande de personas solo por si acaso. En varias ocasiones pensó en que sería divertido irse con Phie, pero no sabía si ella también tomaba el bus o iban a buscarla. No iba a molestar con preguntas que no le incumbían entonces. No dependería de nadie en esa escuela.
Mucho menos luego de varios inconvenientes que nunca, ni en sus más locos sueños, pudo haber deseado vivir. Si pensaba que podía mantener su reputación como cero a la izquierda de Bernard y a la vez tener una aventura, estaba muy equivocada. Era una o era la otra. Nunca las dos al mismo tiempo. Aún así, se recordaba con esfuerzo todo lo que le dijo a Graham ayer por la mañana. No debía tenerles miedo, no tenía que darles ese poder a nadie, no permitirles darle el campo para molestarse así ella tartamudease por todo. Pero qué difícil era si se repetía también lo insegura que era, lo incapaz de hacer lo que se proponía. Solo la rodeaban motivos para ser aún más callada y retirada, a pesar de que Rohan y Phie estaban allí para ella, para ayudarla a sentirse cómoda consigo misma. Era una batalla que todavía no estaba preparada para ganar.
De camino a la salida, deseó que su abuela estuviese con ella para abrazarla, para no juzgarla porque lloraba por un beso o porque se burlaban de su tartamudeo. Abrazada a su cuaderno más preciado, no quiso si quiera mirar al frente para que nadie la reconociese y salir a su libertad sin obstáculos algunos. El aire fresco refrescó su rostro y acarició su negra cabellera, llenándole de un alivio propio del desear correr a casa y encerrarse al día siguiente. Esos eran los planes de Leah, por supuesto. "N- no te- tengo miedo" Escuchó a lo lejos, sintiendo que un frío invadía su estómago. Seguido, explotaron un montón de carcajadas llenas de crueldad. "¡Oye, Bernard!" Llamaron. Por el rabillo del ojo observó por si alguno de sus cinco compañeros restante estaba cerca y que era a ese al que llamaban, pero no, alarmantemente, así no era. Sigue tu camino, Leah, pensó y apresuró su paso. Como no respondió, un silbido rompió su tranquilidad, haciendo que los nervios explotasen inmediatamente. Su espectáculo había captado más espectadores para su gusto. "Heeeey" Se interpuso un chico, haciendo que Leah trastabillara por detenerse de golpe. "Te estábamos llamando, princesa tartamuda ¿A dónde vas? Me gustaría una soda ¿No quieres ir a comprarme una?" Otra vez las carcajadas reventaron y un grupo de cuatro chicos rodearon a Leah, haciendo que la chica pareciese y se sintiese como un animal acorralado. Su corazón empezó a latir con brusquedad, alterando exorbitantemente sus delicados nervios. "Di- dis- disculpen... Pe- pero... Ten- tengo que- que ir- irme" Intentó reprochar la morena, dando un paso para escapar, pero la pared de músculos que era uno de los muchachos la interrumpió de nuevo, cruzando los brazos sobre su pecho. "Es temprano, no arruines la diversión, Elton." La mirada asustada de Leah barrió los rostros de los chicos, exageradamente altos como rascacielos; sintiendo como escocían las lágrimas que ¡Lo juraba por Dios, no volvería a derramar en público!
¿Qué tan difícil era tan sólo ser invisible como lo era en St. Bernard, para su madre e incluso para su propio padre y medios hermanos? ¿Qué tan difícil era ser nadie para los demás, dejarla en paz y en su soledad?
{WhatsApp} { Graham. }: No te vuelvas a acercar cuando esté con Franco. ¿Me has entendido? Pudiste darme la soda después.
[ Leah🌸]: No tienes por qué preocuparte, Graham. No volveré a acercarme a ninguno de ustedes. ¡Hagan que no existo, es más sencillo!
grahamharley:
{ Graham. }: ¡Es en serio, Leah! No… Quería, es decir. No te acerques y ya. Si vas a hablarme, lo haremos a solas.
[ Leah ✿ ]: ¿Para qué querría hablarte? Eso es ilógico.
Emeraude Toubia for ixoye by Rosita Hurtado.
{WhatsApp} { Graham. }: No te vuelvas a acercar cuando esté con Franco. ¿Me has entendido? Pudiste darme la soda después.
[ Leah🌸]: No tienes por qué preocuparte, Graham. No volveré a acercarme a ninguno de ustedes. ¡Hagan que no existo, es más sencillo!
xagnes-wh:
Una pequeña sonrisa se dibujaba en sus labios, aquella chica le parecía adorable. -O-Ok, ¿Pu-puedo acompa-ña-ñarte?.- alzó una ceja escondiendo una sonrisa y apretó sus labios. -Si, a todos, bueno no a todos, solo a las personas que considero atractivas.-
No supo si estaba utilizando su tartamudeo en forma de burla, pero aunque no lo fuese, Leah odiaba eso de ella. Su inseguridad no le permitía expresarse bien por medio de las palabras verbales y le avergonzaba. Por ello (entre otras razones), solía siempre estar sola. La experiencia le decía que era mejor alejarse y evitar que dijesen algo de ella, que exponerse a los malos comentarios (de los cuales ya vivía y que más base le daba para permanecer solitaria). -- Bu- bueno... Si- siempre... Siempre estoy so- sola... --- Le comentó como una forma de explicarle y a la vez preguntarle por qué querría acompañar a alguien como ella. --- Y- yo no- no soy tan... Tan atractiva. --- Refutó con suavidad, sobándose un brazo.--- Ha- hay ch- chicas más at- atracti- atractivas por a- allá. --- Señaló discretamente hacia el campo de entrenamiento donde esos días veía a las porristas entrenar.
Snapchat (◡‿◡✿)
( Phie. ☼): ¿Verdad que sí? Es adorable ( Phie. ☼): Lo acabo de adoptar, no sé si me dejarán tenerlo ( Phie. ☼): Pero lucharé por él
[ Leah ✿]: Ow, eso lo hace más adorable. [ Leah ✿]: Ojalá puedas quedártelo. Es pequeñito.
xagnes-wh:
Si Agnes algo le gustaba, eran las personas sumamente tímidas, le hacía parar en seco, hacerla ir más despacio, se acercó a la chica tomando lugar a lado de ella. -¿Que haces aquí tan sola, eh?.-
--- Uh- uhm... --- Desvió la mirada hacia un lado que no fuese el de la rubia, jugando con sus dedos contra su pecho.--- Na- nada. --- Encogió un poco sus hombros.--- S- solo estaba... Mirando un poco, y- y e- esperaba mi si- siguiente clase. E- es.. Es todo. --- Asintió varias veces, aclarando la garganta.--- ¿Y- y tú? ¿Le- le tomas... Le tomas fotos a tod- todos?
“Seguramente debe ser algo diferente.” habló manteniendo su sonrisa, esperando que sus palabras no molestaran a la contraria. “Pero no te preocupes, la mayoría de nosotros somos bastante civilizados.” bromeó volviendo a reír. “De igual forma, sí alguien llega a molestarte no dudes en decirme.” ofreció dedicándole un pequeño guiño. Ante la respuesta obtenida, sus ojos se iluminaron por un par de segundos, provocando que su sonrisa no hiciera más que extenderse. “Vaya coincidencia, me queda muy cerca de mi salón.” replicó con entusiasmo.
--- Lo es. --- Concordó con él. No obstante, Leah pensaba que ella era demasiado pequeña hasta para una nueva escuela como West High. Solo deseaba llevarse sus lecciones personales a las que no tenía que compartir con nadie más porque no tenía la necesidad. Aliviada, pudo sonreírle mejor al tan agradable chico que se ofrecía incluso a ayudarla con quien fuese capaz de molestarla. Solo rezaba para que no pasase nada como tal, porque moriría de vergüenza.--- Gracias, Carter. --- Volvió a decir, ruborizada por el pequeño guiño.--- ¡Oh! Estupendo ¿Por- por dónde es? ---Cuestionó, mordisquéandose el labio con cierta ansiedad por si quiera pensar en llegar tarde a su clase.