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El proyecto Web Training Collar consiste en una pulsera que aplica una pequeña descarga eléctrica cuando el sitio web que estás visitando no cumple con los requisitos básicos de seguridad.
Condicionamiento autoimpuesto con efectos reales en nuestros cuerpos físicos, ¿será esta la forma en la que tomar distancia de las máquinas? ¿qué sucederá cuando estos periféricos sean chips subcutáneos? Un like en Facebook estimulará de forma directa los neurotransmisores que segregan dopamina y ya no hará falta estar presente o frente a la pantalla para visualizarlo, sólo se sentirá. Ahora entendemos a qué podría referirse Mark Zuckerberg cuando dijo que el futuro de Facebook es la telepatía.
[...] But telematics ratcheted up that pressure. Now drivers were called to account for a litany of small sins. They were asked to justify bathroom breaks and any other deviations—“stealing time” in corporate-speak—that could chip away at their SPORH (pronounced “spoor”) count, or Stops Per On-Road Hour. “I have no problem doing a heavy, hard job,” Bill told me. “But now, after you do the job, you have to look back every day and say, ‘Did I do this? Did I do that?’ They have a report that tells them everything that you did wrong. For instance, if you turned the truck on before you put on your seat belt, that’s wasting gas.” [...] She was born in 1965, when the techno-utopian dream was ascendant, but the workplace she describes, like Cruz’s warehouse, is the inverse of those earlier predictions. Every time she scanned a piece of merchandise, another countdown began on her screen, indicating how many seconds she had to reach the next item, as if she’d graduated to the next level in a video game. Her progress toward hourly goals was also tracked. [...] If workers are to prevent companies from turning their workplaces into Panopticons, and firing them based on increasingly inflexible metrics, they will have to organize around new types of demands. That means bargaining for very narrow language about what kind of data may be gathered—from e-mail to phone recordings and GPS movements—and setting clear boundaries on how employers can use such information. It also means setting times and places that are off-limits. [...]
http://www.thenation.com/article/these-workers-have-new-demand-stop-watching-us/
"We figured out how to support weight without any power."
¿Sustituir o aumentar la “fuerza de trabajo” del proletariado?
http://www.theverge.com/2015/7/8/8910957/facebook-friends-icon-redesign-women
But most of our technology critics are not really interested in answering such questions anyway. Liberated from any radical inclinations, they take the institutional and political reality as it is, but, sensing that something is amiss, they come up with an ingenious solution: Why not ask citizens to internalize the costs of all the horror around them, for that horror probably stems from their lack of self-control or their poor taste in gadgets? It is in this relegation of social and political problems solely to the level of the individual (there is no society, there are only individuals and their gadgets) that technology criticism is the theoretical vanguard of the neoliberal project.
http://www.thebaffler.com/salvos/taming-tech-criticism
The Final Score
“A foggy night in Odessa, Ukraine, when a digital billboard crashed and displayed a floating error warning in the night sky.”
Actitud contemplativa Vs. Actitud Operativa
El medio del espíritu es el silencio. Sin duda, la comunicación digital destruye el silencio. Lo aditivo que engendra el ruido comunicativo, no es el modo de andar del espíritu. Byung-Chul Han(2013)
La vida contemporánea, la del siglo XXI, se caracteriza por una polarización total del sujeto hacia una actitud operativa y una negación de la actitud contemplativa.
Lo que más le cuesta al hombre es ser “nada”: ser nada es dejar entrar lo otro sin manipularlo, sin ejercer ningún poder de acción sobre él. Ser “nada” es dejar que el mundo nos atraviese, que las cosas se nos acerquen. Este tipo de experiencia está ligada a una comunicación de nuestro cuerpo como parte integrante y coextensiva del resto de la materia universal, a una ausencia del ego como instancia divisora. Nuestros sentidos se dejan llevar por otros cuerpos, nos anonadamos y se nos regala, entonces, el placer de ser nubes, pájaros, viento o pequeñas partículas descendiendo a trasluz.
La contemplación se corresponde a la descripción que da Merleau-Ponty de la pintura a través de la teoría mágica de la visión. “Quedémonos en lo visible en sentido estricto y prosaico: el pintor, cualquiera que sea, mientras pinta, practica una teoría mágica de la visión. Es necesario admitir que las cosas pasan en él o que, según el dilema sarcástico de Malebranche, el espíritu sale por los ojos para pasearse por las cosas, porque él no cesa de ajustar en ellas su visión. (Nada cambia si no pinta el motivo: el pinta en todo caso porque ha visto, porque el mundo ha grabado en él, al menos una vez, las cifras de lo visible.) Es necesario reconocer, como dice un filósofo, que la visión es el espejo o la concentración del universo.” (Merleau-Ponty, 1964)
En este estado, que podríamos definir como “tregua de la conciencia”, no somos un yo que piensa, sino un cruce y una combinación aleatoria de ideas; no somos un yo triste o alegre, sino emociones reverberando, floreciendo; no somos un yo que ama u odia, sino un rio de sentimientos que fluyen. Y curiosamente, suele suceder que luego de estos cortos y fugaces, preciados y preciosos momentos de contemplación, en los que no estamos manejando ni controlando ni dirigiendo nuestros pensamientos ni nuestras acciones, tenemos la sensación de comprender mejor el mundo, o al menos de estar más en paz con él.
Ese tipo de experiencias está en peligro de extinción debido a nuestro modo de acercarnos al mundo “operativamente” mediante los objetos técnicos, y más específicamente mediante Internet y los entornos digitales. Cuando estamos manejando un objeto técnico estamos en una actitud operativa. Por más inteligente que éste sea, o más hibridado con nuestro cuerpo que éste se halle no perdemos la conciencia de nosotros mismos para volvernos otros, sino que nos mantenemos fijamente en los límites del sujeto porque debemos operar con nuestro cuerpo capacidades operativas y motrices de otro cuerpo, las del objeto técnico. Si estamos utilizando un martillo tenemos que manejar el peso específico de este objeto para calcular la fuerza que vamos a ejercer en el clavo. De esta forma, nuestro cuerpo debe medir y regular todos sus movimientos en función de una realidad física externa, la del objeto. Por esto mismo, debemos ser mucho más conscientes de nosotros mismo si queremos que el golpe sobre el clavo sea certero y efectivo. Operar no se reduce a ejecutar movimientos, que ciertamente en el caso de la tecnología digital son casi nulos, sino a actuar a partir de la física y la mecánica de otro cuerpo para un fin concreto.
El hecho de estar en permanencia acercándonos al mundo, a las personas y a las cosas a través de objetos técnicos, nos hace vivir en una realidad operativa. Toda operación tiene un fin concreto, así reducimos nuestras relaciones humanas a “contactos”, nuestro ocio en trabajo no remunerado, nuestros intereses en bases de datos, nuestras inquietudes en búsquedas, nuestros sentimientos en emoticones…. La palabra “contacto” solía utilizarse, casi exclusivamente, para hablar de las relaciones de negocios. Un contacto es una persona útil, un as sobre la manga para lograr tal o cual fin….al usarse hoy en día para todas nuestras amistades en el ámbito de los entornos digitales y de las redes sociales, ¿hemos cambiado el sentido de esta palabra? ¿O más bien hemos dejado que se expanda la lógica utilitaria que ésta encierra?
Todo acercamiento operativo al mundo es un acercamiento utilitario, guiado por un fin. El acercamiento contemplativo no significa necesariamente no hacer nada, y simplemente mirar las cosas sucederse, sino, no tener una aprehensión utilitaria de las cosas. La actitud contemplativa nos permite tener una experiencia del mundo que no esté coartada ni delimitada por ningún fin u objetivo específico. Contemplar es permitirse una experiencia fuera del tiempo, pero para que desaparezca el tiempo se requiere “tiempo” y eso es lo que menos tenemos.
La operación es un método que nos permite actuar con eficacia en el tiempo para así ganar tiempo y poder seguir operando sobre otras cosas en función de otros fines. De esto modo, no hay ganancia de tiempo, sino un tiempo que se autodevora, que se consume a sí mismo en su ambición por ganarse. Operar utilitariamente es el principio de la “productividad”, y éste es el primer mandato de nuestra época. El sujeto del siglo XXI se vive como un proyecto, como algo que es necesario “producir”: “La producción, el trabajo, el valor, todo aquello por lo cual emerge un mundo objetivo y por donde el hombre se reconoce objetivamente, todo eso es lo imaginario en el que el hombre persigue un desciframiento incesante de sí mismo a través de sus obras, finalizando por su sombra (su propio fin), reflejado por ese espejo operacional, esa especie de ideal del yo productivista, no sólo en la forma materializada de la obsesión económica de rendimiento, determinada por el valor de cambio, sino mucho más profundamente en la sobredeterminación por el código, por el espejo de la economía política, en esa identidad que el hombre reviste ante sus propios ojos cuando ya no puede pensarse sino como algo que hay que producir, transformar, hacer surgir como valor” (Jean Baudrillard, 1973).
Claramente lo que nos está faltando en esta época es nuestra capacidad para contemplar, porque para que desaparezca el tiempo se requiere saltar fuera del tiempo, aceptarse como un ser que es y no como un proyecto a producir. Pero ser productivo es el primer mandato de nuestro tiempo, incluso podríamos afirmar que nuestras formas de divertirnos y evadirnos de la realidad son productivas, una de las drogas más tomadas en estos últimos años es el MDMA y el éxtasis. Estas drogas hacen que por un período de tiempo corto sintamos que somos libres, felices y ligeros y que nos olvidemos de nuestros problemas.
https://www.youtube.com/watch?v=OnlvhuI9v60
Con una mini pastillita o unos gramitos de cristal nos divertimos exagerada y locamente por 8hs intensas y luego ya está…nuestra dosis de evasión está garantizada y entonces podemos ser nuevamente sujetos de rendimiento. Así podemos soportar el ritmo de la productividad extrema sin quejarnos porque volvemos a nuestros trabajos, que detestamos, renovados. Estas drogas son sumamente eficaces al sistema. Dejar de ser operadores para ser contempladores intensos durante ocho horas, y luego a producir y trabajar nuevamente!
“El imperio global no es ninguna clase dominante que explote a la multitud, pues hoy cada uno se explota a sí mismo, y se figura que vive en la libertad. El actual sujeto de rendimiento es actor y víctima a la vez” (Byung-Chul Hal, 2013).
The aim of this text is to reflect about two opposed dynamics regarding to body transformations in Cybercultre: the body’s obsolescence linked to virtualization and the reappraisal of corporeal experience. To this scope, we will analyze these issues regarding to the very transformations of the notions of space and place, considering their intrinsic relationship with the body. Then, we will try to put forward these different ways of conceiving and constructing space, place and body from the point of view of the artistic practices, considering the artistic uses of telepresence technologies, which are a material basis of the above-mentioned dynamics. I consider this approach essential because artistic practices, as symbolic constructions of society, are – and have always been – regulators of the world conceptions, as they propose critical points of view and practical and aesthetic experiences that, straying from the everyday life, allow new glances at reality. This becomes evident in our current technologically mediated environment, as the artistic practices using ICTs as creative means denaturalize our interactions with them. In this way they open new possibilities for reflection about their impact over culture and, in this case, over our conceptions of the body, the space, the place and their relationships. - See more at: http://interartive.org/2015/05/reconceptualizing-body-space-place-telepresence-art-gomez/#sthash.M0gUFx4w.dpuf
Boris Groys. "La totalidad del espacio social se transformó en espacio de exhibición"
"Internet es un gran tacho de basura, todo lo que allí se mete tiende a desaparecer." Boris Groys sonríe; se diría que disfruta el toque de provocación. En el mismo tono, confirma: "El único tipo de relación que uno puede establecer con Internet es una relación narcisista".
Crítico de arte, teórico de los medios y dueño de un recorrido que va de la Universidad de Leningrado, bajo el régimen soviético, a la Universidad de Nueva York en la actualidad, desarrolla un pensamiento que tiende a desmarcarse del discurso habitual y se pregunta por lo que significa vivir en un mundo donde "la totalidad del espacio social se transformó en espacio de exhibición".
Invitado por el Goethe-Institut, la Universidad de San Martín y la Universidad Di Tella, pasó por Buenos Aires para presentar el libro Volverse público (Caja Negra), donde, entre otros análisis, desarrolla la idea del "diseño total": un concepto que, para Groys, pertenecería más a lo político que a lo económico o estético, y que habla de un mundo donde "la totalidad del espacio social se transformó en espacio de exhibición" y cada ciudadano debe asumir "una responsabilidad ética, estética y política por el diseño de sí". Para este pensador, las múltiples derivaciones de semejante configuración social se concentrarían en una consecuencia funamental: "este sistema nos pone en una situación donde la autoexplotación es algo inevitable". Una dinámica en la que participarían los sistemas informáticos, las redes sociales y los buscadores como Google, y donde el sostén es una web que ofrece "una combinación de hardware capitalista y software comunista".
Difícil no pensar estos fenómenos en tanto derivados de las innovaciones tecnológicas y las mutaciones sociales propias del siglo XXI. Pero Groys, delatando otra vez ese gusto por desconcertar aunque más no sea un poco, lanza una idea inesperada: "basicamente, Internet es un teléfono. Algo inventado en el siglo XIX".
Los cibercafés han existido en Japón desde hace más de una década, pero a mediados del año 2000, los clientes comenzaron a utilizar estos espacios como vivienda. Los refugiados de cibercafés son empleados principalmente temporales; su salario es demasiado bajo para alquilar su propio apartamento.
Susana Bautista en “Critique of Digital Reason - An international seminar on Google Glass and other vision machines”