DESPERADO
Puso la radio.
Había una canción de Johnny Cash.
Luego se estacionó enfrente de un Seven Eleven y esperó con el coche en marcha hasta que el Hombre de Negro terminó su trabajo.
Entró en la tienda.
Pidió una baraja y una botella de Wild Turkey.
Después sacó la pistola y pidió todo el dinero.
Mientras conducía fue tomando sorbos hasta que encontró su propio tono.
Luego se estacionó enfrente de otro Seven Eleven y esperó con el coche en marcha hasta que contó todo el dinero.
No estaba nada mal para un bandido solitario que se siente fuera de forma.
Entró en la tienda.
Recordó lo que pensó el día en que la conoció, en el billar.
Consigue a esa chica y no habrá nada en el mundo que no puedas robar.
Pidió unos cigarros y pagó, porque no pudo soportar la mirada de la vieja que atendía el local.
Al salir el sol calentaba suave las calles de la ciudad.
Conducía sin rumbo cuando encontró la respuesta en el rostro impenetrable que le devolvía el espejo retrovisor.
Ahora sé que mientras tengas un as escondido, es que la suerte aún no te ha abandonado,
y apagó la radio.
Iggy García















