Rave en el subsuelo de París:

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Rave en el subsuelo de París:
Moriyama style.
Memorias del subsuelo
Y finalmente, señores, lo mejor es no hacer nada. ¡Lo mejor es una inercia consciente! Así, pues, ¡viva el subsuelo! A pesar de haber dicho más arriba que le tengo envidia feroz al hombre normal, no quisiera estar en su pellejo en las circunstancias en que ahora le veo (aunque nunca dejaré de envidiarle). No, no, en todo caso el subsuelo me va mucho mejor. Allí, por lo menos, puede uno… Lo siento; a decir verdad, exagero. Exagero porque sé como dos y dos son cuatro que lo mejor no es el subsuelo, sino otra cosa, otra cosa totalmente distinta que busco con ansia pero que no puedo encontrar. ¡Al demonio con el subsuelo!
Jorge Castro - Subsuelo
Oxidation
2019
“La ciudad bajo nuestros pies” ya está disponible en la revista The Urban Affairs.
texto___https://www.theurbanaffairs.org/articulos/la-ciudad-bajo-nuestros-pies
// tuungoo arquitectos
No hace mal subir algo de mi por acá 🤙
Lo intenté todo
Hasta hice trámites en oficinas del Estado, donde se sabe que todos envejecemos más rápido mientras esperamos que nos atiendan.
Hasta trabajé de lo que me gusta, solo para descubrir que hacerlo sistemáticamente cumpliendo un rol y un horario lo diseca todo, me quita la savia y la vida, me caduca. No puedo hacer lo que me gusta sin la libertad de hacerlo cuando quiero donde quiero las veces que quiero el tiempo que quiera. Cualquier peso que se le coloque encima, mata su creatividad y lo vuelve mecánico. Una planta que busca el sol se convierte en un engranaje que debe crecer y moverse siempre en los mismos momentos, sin importar si el día dura más o menos, si hay sol o está nublado, si llovió o si terminó tu noviazgo.
Hasta vivimos juntos, compartimos gastos, cocinamos, lavamos, hicimos planes para un futuro que pensábamos que teníamos. Demasiado rápido para mí, demasiado lento para ella. Nos seguíamos amando cuando nos dijimos adiós para siempre, con el único objetivo de recordar lo mejor y lamentar lo peor pero sin llegar a lastimarnos irremediablemente. Murió el nosotros, pero ella me salvó de ella y yo la salvé de mí.
Hasta cuidé casas y perros y gatos, se cortaba la luz y no sabía arreglarla, se rompía un caño y porque "sos el hombre, vos sabes arreglar cosas” acudían a mí y yo ni idea, mi reputación bajaba a profundos niveles del subsuelo. Los gatos engordaban porque les daba más ración de la que necesitaban, los perros enflaquecían porque les daba menos de lo correspondiente o no me daba cuenta de que alguna perra le robaba a otra la comida. Y mejor no hablar de los peces.
No siempre fueron fracasos, pero siempre estaba en una obra de teatro, sin papel como actor, sin ser público tampoco. No hay nada más intrascendente que un fantasma en la ficción de la vida real de los otros. Eso era.
Lo intenté todo. No pude. Siempre insistía en ser yo. Escapé.
(gracias a Romina Yannuzzi por la foto que sacó específicamente para ilustrar este texto)
Opiobook: Acostumbrado al fin del mundo Twitter: @GestoObsceno Instagram: acostumbrado_al_fin_del_mundo