Jail
Después de ese día que fueron capturados no pudieron librarse ni siquiera poder proteger a su hijo, no sabían nada de su hija si podía estar a salvo o si también se encontraban ahí pero también no habían visto a su hijo. Apenas mantenían a Hayley y Elijah juntos si no era que estuvieran experimentando con uno u otro pero Hayley había tenido una idea casi cuando entraron, no era la primera vez que ellos la mantenían encerrada pero anteriormente tenían a Elijah para cuidarse y ahora no había manera. —Bebe— Hayley le daba su porción de sangre al día, Elijah podría llegar a tener suficiente fuerte con ambas partes cosa que no esperarían. Hayley había sido torturara para obtener su veneno, cada día estaba débil. La vista de Hayley quedó a lo lejos cuando escuchó un llanto e hizo buscar a Hayley cualquier fuerza para librarse, luchando por zafarse pero simplemente lo vio a lo lejos pero cuando Hayley logró zafar su mano sintió como le inyectaban verbena cayendo desmayada.
Se despertó con su cabeza sobre el regazo de su esposo, se levantó viendo a Elijah y lo abrazo. —Lo vi, estaba llorando. Intenté llegar a él, esta sufriendo— susurró, y le partía el corazón que nada pudieran hacer para ayudarlo. —Necesitamos un plan— y conocía a Elijah para saber que ya tenía uno, la sangre lo mantenía fuerte y podría escapar. —Elijah si tienes la oportunidad, vete con él. No mires atrás, prometelo— pidió a su esposo, corriendo una lágrima por su rostro.
Meses habían pasado, no sabía nada de sus padres o de su hermano y cada vez que o intentaba terminaba su padre por detenerla o no encontraba nada, le había prometido su padre que estaban bien y a salvo, ¿Por qué no dejarla verla? No quería ser su prisionera. Fue una vez más que logró detenerla en la puerta. —Prometí quedarme contigo, no que sería tu prisionera y no podría ver a mis padres o a mi hermano. Quiero verlo, tengo un presentimiento de que no estaban bien— y sus presentimientos casi siempre estaban en lo correcto. —Te dije que estaría aquí, solo quiero verlos. ¡Quiero ver a mi familia!— exigió a Klaus una vez más porque si no la dejaba, terminaría por tomar medidas. —Puedes venir conmigo o puedes hacerte a un lado pero no me tendrás más aquí sin ver que están a salvo— indicó caminando a la puerta y rompiendo el hechizo que la retenía, había tenido mucho tiempo de leer el grimorio de Esther estando ahí.











