C,
No sé si alguna vez vayas a leer esto, pero le he dado tantas vueltas en mi cabeza que siento que ya es momento de soltarlo. No para que tú lo leas, sino para entenderme yo misma. Para dejar de cargar con todo lo que no dije, con lo que callé para protegerte y protegernos, incluso cuando ya no tenía sentido seguir haciéndolo. Porque aunque han pasado meses, sigo sintiendo un nudo en el pecho cada vez que te pienso.
Me duele haber terminado como terminamos. Me duele haber dado tanto de mí. Haberme esforzado en ser una buena pareja, haber aprendido a amarte como creía que necesitabas. Me duele haber confiado en que la manera en que te amaba era suficiente, cuando al final sentí que todo eso se volvió en mi contra. Me duele haber creído que tenía que elegir entre ser honesta o que te quedaras.
Me duele haber sentido que mis lágrimas invalidaban lo que estaba intentando decirte, como si sentir fuera un problema. Me duele haberme sentido manipuladora cuando esto pasaba. Me cuesta aceptar que en momentos en los que necesitaba contención, me sentía juzgada. Como si equivocarme, sentir o incluso callarme por miedo a tu reacción, me volvieran culpable de todo.
Sí, me equivoqué. Mentí por miedo a tus respuestas. Callé cosas que debí haber enfrentado. Pero juro que nunca lo hice con intención de dañarte, solo quería que no te alejaras. Que no te decepcionaras de mí. Quería evitar los momentos en que sentía que se te acababa la paciencia conmigo.
Intenté sostenernos mientras me sentía cada vez más chiquita. Lo intenté. Lo juro. Te di todo lo que pude y un poquito más, a veces tanto que llegaba a olvidarme de mí. Y cuando todo explotó… sentí que toda mi vida, mi futuro, se desarmó. Que todo lo que construimos se volvió en mi contra. Incluso después, cuando ya no hablábamos, me dolió profundamente lo que hiciste con las pcs, con mi cámara… con esa parte simbólica de nosotras. Sentí que ya no me veías como una persona a la que amaste, sino como alguien que merecía ser castigada. Yo nunca te hubiera hecho algo así, ni siquiera en el peor de mis enojos.
Cuando todo terminó, cuando ya no había vuelta atrás, cuando ya me sentía rota… Aún ahí quise pensar lo mejor de ti. Aún ahí quise creer que el regalo de aquel 11 fue por cariño. Aún ahí me partía pensar mal de ti.
Me rompiste. Me rompiste con gestos, con decisiones. Con acciones que no merecía, como celebrar algo que sabías que me dolería. Como permitir que todos pensaran mal de mí y me aislaran, sin siquiera dudar de lo que contaste a pesar de que todos sabían que me desvivía por y para ti.
Y sí, hay una parte de mí que todavía se pregunta: ¿qué hice tan mal para que el final fuera así? Me hiciste sentir insegura hasta en mi propia casa. Me hiciste dudar de gente que me quería y se preocupaba por mí. Tuve que borrar recuerdos, esconderme e incluso crear cuentas nuevas. Yo solo quería seguir con mi vida en paz. Hasta el día de hoy me cuesta creer todo esto porque sé que yo también tenía el poder de destruirte si quería, pero elegí no hacerlo. Y ese fue mi último acto de amor hacia ti, incluso si ya no estábamos juntas.
Hoy estoy en una relación donde me siento querida, validada, tranquila. Con alguien que me quiere y abraza con todo lo que soy, incluso con las heridas que tú me dejaste. Y más importante, que entiende que a veces todavía siento pena, porque no es fácil desarmar una historia tan grande como la nuestra. Hay días en que todavía me duele todo lo que pasó contigo. Me cuesta entender por qué terminó como terminó. Me cuesta soltar la culpa. Me cuesta no mirar atrás. Pero ya no quiero quedarme pegada en el dolor. No quiero que mi presente se llene de preguntas por alguien que ya no está.
Escribo esto para mí. Para reconocer que te quise con todo lo que tenía, incluso cuando no sabía cómo hacerlo bien. Para dejar ir lo que ya no puedo cargar sola. Y para agradecerme por haber sobrevivido a una herida que nadie más podía ver.
Te dejo ir con todo lo que fuiste, con lo que vivimos, con lo que dolió y también con lo que alguna vez me hizo feliz. No me arrepiento de haberte amado. Jamás. Pero si me elijo a mí esta vez. Me elijo con lo que aprendí, con lo que ahora sé que merezco. Me permito perdonarme por lo que no supe hacer mejor. Me permito seguir. Y espero de corazón que tú también lo estés haciendo.
Adiós. Esta vez de verdad.











