Si no me vas a querer como Catulo a Lesbia,
Sino me vas a querer como La Zowi a sus putas,
Sino me vas a querer como el Che a la Revolución,
No me quieras, solamente déjame tu mechero y el lado derecho de la cama.
cherry valley forever
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@t999ssa
Si no me vas a querer como Catulo a Lesbia,
Sino me vas a querer como La Zowi a sus putas,
Sino me vas a querer como el Che a la Revolución,
No me quieras, solamente déjame tu mechero y el lado derecho de la cama.
Muerte a Narciso, queremos a Orfeo.
Nunca me ha dado miedo empalagarme de dulce de leche, pero sí el fuego.
Soy tan mía que no puedo ser de nadie, o eso creía yo. Con el amargo fruto de la cítrica esperanza, esperaba, que aún siendo tan rotunda y deliberante pudiese ser parte de tu constelación, amarrarnos como nudos marinos en la infinitud de las vías del metro. Sentada en dunas de antiguas dudas, te miraba, y me prometía no dejarme comer por las catacumbas, pero como la escarcha, como el rocío, se derrumbó mi palco de falsa emperatriz y caí. Caí torpe y embriagada y no dejaba de preguntarme si acaso aún no había despertado de mi sueño borracho. Y recomponiendo me, me di cuenta de tus audaces mentiras y de tus baratos trucos. Menos mal que he leído mucho como para no saber ya que es culpa de tu cobardía. Me lavo la cara con áurea miel del Heliconia y me limpio las heridas con sal marina, luego tumbo mis miembros desnudos en lino, poemas y besos de amigas, y finalmente muevo la vista arriba. Al cielo , al infinito, a las amantes que ya no están, a los cantos de los aedos, al libre pensamiento, a un akelarre. Intenté ser tuya y no me di cuenta que no es que no quisieses, es que no podías con mi flagrante libertad a mordiscos, no puedes atrapar lo que no es ser. Soy tan mía que no puede ser de nadie, ni soy como creen, ni seré como quieren que sea.
Estoy bajo tierra y se me pega el flequillo al sudor de la frente, espero a que venga una brisa o un hada, que me pregunte cuál es mi mayor deseo en el mundo, y yo dubitativa como siempre no sepa contestar, no sepa elegir entre la maleza salvaje, los acantilados en el Norte o la espuma de las olas mediterráneas. Minúscula como un guisante congelado y débil como una herida abierta, me quedaría sudando con el pelo pegado a la espalda. No podría elegir entre una dolorosa confesión de cientos de pecados cometidos o unos versos bobos y enamoradizos en una noche de verano, entre una fugaz mirada en el metro ya en marcha o la incomodidad de un inesperado reencuentro. El hada me obliga a dar una respuesta pero yo sigo mirando las vías del tren esperando a que ya llegue para escapar de tomar una decisión, como siempre, prefiero atragantarme que ahogarme. Pero ella insiste, cuál es tu mayor deseo en el mundo, la revolución, el cante mestizo, el amor que nace en las entrañas, las piernas morenas al aire, la playa escondida entre conchas, la muerte silenciosa, la vida a gritos. Si tengo que decidir, decido que mi mayor deseo en el mundo es ser libre. Què es ser libre si no es querer, quererme, quererte, querernos.
Una muerte súbita en las ramblas, la gotera del helado derretido en la camisa nueva, el parpadeo de un desconocido ante tu rotunda confesión de amor, todas ellas son gustosas experiencias para una mujer como tú. Una mujer medio felina y hechizada, una mujer que ya sale en los cantares de gesta, que evita el centro de la pista de baile y solo quiere ver sin ser vista. Ojalá ser un centro de gravedad alguna vez, ya sea en un fallido intento o en el estribillo de una canción de guateque, ojalá, ser el chiste o a la que esperan agonizando en la última mesa libre de la terraza, todos estos deseos son propios de una mujer como tú. Una mujer medio sirena, una mujer que agarra el fuego por las crines y rechaza los compromisos. Odio el pudor de las primeras veces, el titubeo de la incertidumbre al nacer una calle, detesto no quedar saciada, que me miren las cicatrices extraradiales con penosa congoja. Todos estos reproches son propios de una mujer como tú, metódica, sadomasoquista, solitaria y empanada. Tú, que eres una mujer así de torpe y así de estupenda, agarra tus infinitudes, tus vísceras, tus caídas, y con el ardor propio del anarquista lánzalas en un golpe revolucionario contra lo anodino. Mujer que no deja escrita su estela se convierte en un mendrugo de pan olvidado en la casaca del jornal, mujer que grita con alaridos desde la hoguera, transforma el llanto en saber popular. Para ser de una misma hay que compartirlo entre todas.
I have only two sides:
introverted melancholic girl
hysterical artistic girl
Estoy hecha de contradicciones, de grandes contradicciones que me estiran y retuercen como un trapo de cocina. Y mis miembros están exhaustos y responden resoplando mis consignas erróneamente equivocadas, y a la vez, tan ciertas y verdaderas como los andamios de un juzgado. No me gustaría pensar que es un juicio la energía motriz de mi pensamiento contradictorio, un panóptico de mentiras dichas con rotunda afirmación que vigila que no supure la herida. Preferiría, errar vagando en la neblina de un puerto o caerme de rodillas en el mármol de la montaña, tal vez lamer los cristales de la noche pasada, o enredarme en las sábanas de un beso demasiado ansioso. Querría ser un error improbable que colapse el sistema o una pequeña gaviota que desconoce las huellas en la playa, me gustaría ser una horchatera deambulante o un círculo de tinta azul en el borde de una servilleta. Nunca entendí porque había qué elegir entre disyuntivas, porque no podía estar muerta en vida o gritar en el silencio, yo soy la llama en el océano y el alba cuando cae la noche, soy oro, plata y bronce, luna llena, nueva y creciente. Nunca entendí porqué había qué elegir siendo como es la vida, sé que sueno contrariada pero es que no puedo vivir como una mujer ordinaria, así que elegí ser diosa de la primavera y reina de los Infiernos a la vez, para ello se inventó el helado de chocolate y vainilla o el brownie con nata.
Yo solo soy este pequeño diente tetudo.
El azul es el color del arte
Se me entrecierran los ojos de cobre sin pulir y solo oigo el zumbido veraniego entre las hojas de mis cascos, están rotos y son negros pero aún no los cambio, no me puedo desprender de aquellos objetos que me han cantado en la serenidad de mi neurosis, durante las cuatro lunas hay objetos inherentes y sin alma que han sido mis amantes, amantes fugaces y melosos algunos y otros, terribles y apasionantes, objetos enfermizos, contraídos en un lejano pasado donde sembraba amargura porque aún no conocía la rumba, objetos que reflejan la timidez en mi palabra y me dan la mano cuando cruzo los puentes de la carretera, objetos inútiles que se rebelan en contra del individualismo procaz, siendo sin embargo individuos de fragmentos de la colectividad de mi imaginario sindicado, objetos protagonistas de baladas, sonetos y páginas del diario, infinitamente descritos y adscritos a la filosofía del absurdo indirecto, objetos que se hacen políticos en el cosmos del yo que divaga entre puñales y miradas aún por conocer.
Solo quedan los objetos que no se pueden tocar, ni dibujar, ni romper, ni reparar, ni regalar que no se pueden saborear con el oído o escuchar con las manos, objetos que ni puedo presionar en un beso contra mis labios. Porque son el beso, el labio superior y el inferior, son el sueño y la pesadilla, el techo de cristal y el suelo de asfalto, en ladrillo y la pluma, la mirada y el pintor.
Mis objetos son el ruido del romance imaginado en las calles de otra ciudad, lejana, esta vez junto al mar.
Soy una neurótica, estoy imparable, se me dan mal las despedidas si no te doy un beso y me gusta lo que parece un error.