Bostezó. Eran alrededor de las 23:40 horas de la noche y la música ya se escuchaba en el exterior de su de su rincón privado, al igual que el poco bullicio de las personas que comenzaban a disfrutar de los pecados nocturnos.
Con pereza se levantó de la cama y se estirazó antes de buscar sin demasiada prisa el albornoz púrpura que quedó mal acomodado sobre el sofá hamaca, colocándolo para ocultar su semi-desnudez. Con ello hecho, fue hasta el minibar, sirviéndose ahí un cóctel ligero y de sabores afrutados para, por último, acercarse hasta las puertas, abriéndolas de a poco para presenciar desde allí todo su terreno, viendo como cada ser y humano danzaba al compás de la música y se divertía. No obstante, Stephen llegaba a un pequeño punto donde a veces se aburría.