Holy Smokes and NunYa Bizness

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Holy Smokes and NunYa Bizness
Fresh Nerd Boy ™
Shiro• Sungmin.
Sungmin smiled brightly. “I made breakfast sweetheart,” he called from the kitchen. “Can you bring the kids to the table too please?” he asked with a smile.
Happy Birthday, Shiro! (February 29th!) Of course Space Dad’s actual birthday only exists every 4 years, haha...
If you like my work consider supporting me - become a patron, buy me a coffee, or commission me!
Have a nice day!
@xtrichotillomania
Había intentado no recurrir a aquello. Normalmente evadía tomar medidas demasiado drásticas para conseguir lo que quería y un poco de violencia siempre le era de mucha ayuda cuando se trataba de elevar su nombre por encima del de los demás. No era difícil, no cuando sabía a lo que se enfrentaba.
Shiro era la cabeza de una amplia organización mafiosa que estaba principalmente relacionada con el tráfico de armas y drogas, un negocio amplio pero también altamente demandado. ¿La había pasado mal? Por supuesto. Había sido un calvario llegar hasta donde estaba, siendo tan joven, muy pocos le llegaban a tomar en serio. Shiro no poseía experiencia, pero vaya que era más listo que los viejos jefes. Conocía puertos, aduanas y se hizo de contactos hasta el último rincón posible. Sus acciones se desarrollaron bajo el agua durante los primeros años y, antes siquiera de llegar a los treinta, no había nadie que no supiera de él y que no le temiera.
El móvil descartable le vibró en las manos y contestó al primer timbrazo. La voz entrecortada de sus subordinado le informó que “estaba hecho” y él se limitó a dar instrucciones cortas y precisas antes de terminar con la breve llamada y tirar al bote de basura el celular ya que había cumplido con su propósito.
Sobre su escritorio había un montón de papeles esparcidos, información otorgada directo de sus investigadores. Nombres, horarios, direcciones. Fotografías un tanto borrosas de un jovencito que era el blanco de sus movimientos. Kuro, según el expediente. Dieciséis años. Hijo único. Primogénito de su más reciente dolor de cabeza: un mafioso estúpidamente terco que insistía en tomar por la fuerza parte de su territorio.
Shiro había sugerido previamente que podía hacer sus negocios siempre y cuando una parte de las ganancias se dedicaran a pagar la “cuota” de ocupar el sitio. Una renta, un préstamo. Pero sus ofertas habían sido rechazadas. Su amabilidad se había visto respondida con una descortesía. Y no había otra cosa que Shiro odiase más que a la gente malagradecida.
Era muy sencillo: secuestrar al mocoso. Exigirle que sacara sus mugrosos negocios del territorio. Amenazar con que le metería plomo en los sesos al niño o incluso con enviarlo lejos. Si bien no era su estilo, el secuestro parecía la ruta más viable. Tarde o temprano se rendiría y podría recuperar lo que era suyo.
Sólo bastaba esperar a que todo el plan estuviese funcionando.