Al salir de aquella casa, la luz de varias linternas mágicas flotando la deslumbró. Glenda entrecerró los ojos, asimilando la iluminación externa. El lugar estaba repleto; entre aurores, sanadores, funcionarios del Ministerio, y las víctimas, el alrededor de las casas lucía lleno de personas. La rubia se recargaba sobre un auror que le ayudaba a caminar; sus heridas le impedían moverse por sí sola, de modo que el hombre le sostenía de la cintura mientras bajaban por las escaleras. Ya en el césped, continuaron avanzando a duras penas, hasta que entre las personas la rubia distinguió a una en particular. Fue tal su emoción que le importó muy poco si apenas podía caminar, corrió al encuentro. Por supuesto que él no estaría enterado, pero a ella no le importaba. En cuestión de segundos se deshizo del agarre del auror y, con dificultad, tomó por sorpresa a Ivan, rodeando su cuerpo inmediatamente con fuerza, sintiendo como el alivio se internaba en su sistema y la calma le era regresada. — Ivan —pronunció aliviada, cerrando sus ojos, y a pesar del dolor físico que sentía, una sonrisa se dibujó en sus labios—. Estás bien —su voz se rompió. Simplemente estaba tan contenta de verlo, de saber que, efectivamente, estaba sano y salvo. A continuación un gemido de dolor se filtró por los labios de Glenda, la cual no pudo sostenerse más y terminó resbalándose hasta caer sobre el suelo. ( @ivandavics )