INTERVENCIÓN: DIAMONDS.
En una mesa redonda y aislada se encuentran las flores de la reina. Delicadas y atentas como siempre, las damas repasan con la vista a cada participante, buscando que ningún detalle se les escape.
El silencio se rompe cuando Dahlia, con el entrecejo fruncido, decide manifestar su descontento.
—Esto no me gusta nada, ¿cómo es posible que Su Majestad lo permita? ¡Ni siquiera nosotras podemos escoger parejas!
—Baja la voz, la reina parece estar feliz y por ende nosotras también lo estamos —Interviene Lily, con aquel tono de voz cálido y sereno que podía ablandar hasta el corazón más endurecido.
Iris inmediatamente balancea la cabeza en desaprobación y escepticismo.
—¡Por favor, Lily! Trabajamos para ella, pero no somos ella —Su vista se desliza hasta la delicada envoltura que reposa junto al ostentoso bouquet de tulipanes que decora la superficie. Inmediatamente su rostro se ladea—. ¿Qué creen que contenga el sobre? Tal vez el adelanto es una invitación para otro evento —Mofa, en lo que, sin querer, es una muestra de los celos que se arremolinan en su estómago, ¿les queda otra opción?
—¡Eso sería encantador! —Manifiesta Violet con el dulce entusiasmo que la caracteriza—, pero espero que el siguiente evento tenga una pista de baile —Juguetona, menea los hombros con ritmo para simular un improvisado danzar.
El ambiente se suaviza y modestas carcajadas escapan de quienes parecían desplazadas por aquella novedad, la atrayente figura anónima.
—Yo creo… —Comienza Dahlia una vez más, pero la oración queda inconclusa, puesto que la voz robótica capta la atención de todes nuevamente.
“Espero que la estén pasando muy bien y que la pareja escogida sea de su agrado. Me encantaría decir que fue una tarea titánica elegir un acompañante perfecto para cada une, pero no fue así. Es sencillo escoger el amor para las personas cuando los conoces muy bien. Su Majestad debe estar de acuerdo.”
Todos los ojos viajan hacia la reina, quien orgullosamente esboza una amplia sonrisa. Es claro que le agrada el comentario, la adulación y, más que nada, la atención. Ella conoce a cada participante a la perfección, las flores hicieron un trabajo impecable.
“Por eso he decidido ofrecerles un vistazo de mi revista, ¡no demoremos más! Por favor, busquen el sobre con su nombre y ábranlo.”
Dahlia, curiosa e impetuosa, se apresura a tomar el trozo de papel para abrirlo, sin siquiera dar oportunidad a sus compañeras de visualizarlo. En cuestión de segundos su expresión se transforma. Gestos endurecidos les hacen saber al resto de las damas que el contenido no es favorable.
—¡Dame eso! —Exige Violet rápidamente, arrancando el papel de las manos de la pelirroja que se mantiene en silencio.
Sin mayor espera, comienza a leer en voz alta:
Queridos lectores, Estoy segura de que han disfrutado su noche como los románticos empedernidos que son. Espero ver en sus rostros esa luz de esperanza crecer con cada mirada compartida, con el tierno roce de sus manos o las pláticas amenas llenando el silencio de su mente y corazón; incluso una sonrisa basta. Aunque, debo admitir, esas suelen ser muy peligrosas. Espero que no se estén dejando cautivar por la brillante sonrisa de una bella dama, ¿o sus padres nunca les enseñaron que no todo lo que brilla es oro? De ahora en adelante, les recomiendo no dejarse cegar, pues tras una expresión repleta de dulzura y calidez, podrían encontrar a una madre quien, dispuesta a cualquier cosa por mantener su estatus en sociedad, ha abandonado a sus propios hijos sin remordimiento ni pesar. Deshonroso, ¿cierto? Ya saben lo que dicen: todo sea por un bien mayor. Aun así, ¿no les parece inhumano sonreír para un desconocido, pretendiendo que un inocente no llora cada noche anhelando el consuelo de esa misma sonrisa? A los gentiles caballeros leyendo esto, ¿sorprendidos? No se alarmen demasiado, que ustedes también albergan otro tipo de insensibilidad, aunque tal parece que nunca se han inmutado por ello. Sin embargo, estoy al tanto de todas sus atrocidades, de cada acto infame cometido en aras de cumplir sus deseos más egoístas, de alcanzar el oro en un podio construido con el sufrimiento de la competencia que ustedes, sin escrúpulos, aplastaron. Se encargaron de destruir a todo aquel que tuviese la osadía de retarlos, demostrando que el dinero y los buenos apellidos pueden cubrir los eventos más desalmados. Se describen a sí mismos como feroces, exitosos, implacables… Yo tengo un mejor adjetivo para ustedes: Sanguinarios. Ahora, les dejo un acertijo: Si la dama que abandonó a su progenie y el hombre que pisoteó la dignidad de alguien se miraran frente a frente, ¿no sería como reflejarse en un espejo? Antes de despedirme, he concluido gracias a ustedes que, en el amor, la guerra y las ansias de poder, absolutamente todo es posible. Continúen gozando de la buena comida y no olviden probar mi selección de postres, por si quieren endulzar un poco esta desazón. Volverán a leerme muy pronto,
Las damas, estupefactas por el contenido, buscan el rostro de la reina que había perdido todo color.
—¡Debemos movernos! —Con evidente angustia, Lily se pone en pie y comienza a caminar hacia Su Majestad. Inmediatamente, Violet, Iris y Dahlia hacen lo mismo.
Se puede notar como las facciones de los participantes que se habían mostrado animosos, ahora solo denotan preocupación, ya que los murmullos no tardan en acrecentarse. Una sensación pesada toma forma en el pecho de quienes creen estar en peligro de ser expuestos.
Lo que en un principio se les presentó como la promesa de conseguir una unión fructífera, ahora se muestra como un juego desigual donde se ven forzados a participar sin siquiera conocer las reglas.













