El conflicto entre especies galácticas y la soberbia del linaje Kree fueron las piezas afiladas que destruyeron su planeta de origen. Abras, nombre en honor a su abuelo paterno, nació entre caos y destrucción. Apenas siendo infante, tras perder a sus progenitores, viajó arduas millas en un inmenso océano de estrellas, bajo la protección de la Capitana Marvel… y junto a un suculento grupo de refugiados de tinte esmeralda. Una vez aterrizaron en aquel desconocido globo terráqueo, el Skrull adoptó la falsa identidad de Abraham Horace y una apariencia mundanamente humana.
En la actualidad, el individuo con orejas puntiagudas en su naturaleza… trabajaba en una división clandestina para el ojo bueno de Nick Furry. Su principal misión era desmantelar clanes extremistas de Skrulls y, personalmente, liberar a su estirpe de cualquier prejuicio. Por ello, en las últimas semanas, el paisaje de su piel se transformaba cada mañana en la agente especial Delia Moore. La mujer había sido aniquilada en un inoportuno altercado, en un callejón oscuro. Ahora, su cuerpo inerte descansaba en un cajón congelado mientras sus tacones pisaban las instalaciones de SWORD.
El extraterrestre en ese momento vestía una figura fina, cabellos extensamente áureos y la máscara de aquella fémina. Los ojos de Moore barrieron las hileras de escritorios antes de sonreír con soberbia. El bolso que conjuntaba su vestimenta descendió pesado en una lámina en particular, mientras tomaba asiento suavemente en el borde y alzaba una ceja tentativa. “Me debes una… llevo toda la noche analizando los datos del último expediente” declaró, como una absoluta mentira por parte de Abras. “¿Y tú? ¿Cómo pasaste la noche?” tanteó con una voz femenina…