Te soñé, te recree en mi memoria y cuál bello angel abriste tus alas para recibirme en un abrazo enorme, lleno de luz, paz, amor...
Eres ese ser alado que trae melancolía a mi corazón porque no te olvido, porque te llevo prendida a mi alma y es difícil seguir la marcha sin tu presencia.
Aún así, se que estás en un lugar tranquilo, de divinidad y allá, en el cielo, junto a Dios.
¡Te extraño! Tanto, que de repente la memoria me juega chueco y las lágrimas asoman al iris de mis ojos y la tristeza se hace infinita; pero después de un rato tu presencia me llena de brillo y un aura de armonía me acapara y todo se calma.
Un día como hoy partiste, contrajiste tus alas para los que te amamos y las extendiste hacia ese lugar donde no hay regreso, un cielo que lloraba te esperaba y después el sol en su esplendor de nuevo salió anunciando tu llegada al paraíso de Dios.
¡Te amo mami! Y hasta donde te encuentres te tengo en mis oraciones, agradezco haberte tenido en mi vida y espero, pido que nuevamente nos reencontremos para volverte abrazar.
Podría decir tantas cosas de ti, pero el espacio es poco para recordar a tan grande y hermosa mujer, eres y siempre serás amor puro, desinteresado, grande, sincero, verdadero... De los que solo los que somos padres sabemos y entendemos.