Las aceras en la República Dominicana están siendo –en su mayoría– mal utilizadas en un colectivo de calles del país, estando manejadas por comerciantes y por los mismos ciudadanos para parquear sus vehículos, además de algunos desaprensivos que aferran alguna porción de la acera como parte de la propiedad de su vivienda, dejando al peatón en la obligación de utilizar la calle, poniendo en riesgo su vida.
Hace mucho tiempo las autoridades anunciaron que se castigaría a aquellos que ocupen las aceras sin autorización previa, pero la pregunta es: ¿Se fiscalizó a aquellos que las utilizan a su antojo irrespetando al peatón, privándolo de caminar por cualquier acera del país con la seguridad de que no tendrá que bajar a la calle y exponerse al peligro? O ¿Se castigó por lo menos a uno para llamar la atención de los demás y lograr que despojen las aceras?
Los puestos de comida, las exhibiciones de los productos de los negocios; como bicicletas, gomas de vehículos, entre otras, son las cosas que entorpecen el paso del transeúnte por su destinado carril.
Las personas con alguna discapacidad motora, visual, auditiva también se exponen cada día al transitar por las veredas.
En caso de andar en silla de ruedas y tenga la necesidad de tomar la calle porque algún artículo entorpece su paso, este incapacitado corre un riesgo duplicado: ser atropellado por un vehículo y hasta caerse por el desnivel entre la acera y la calle, en caso de que no haya rampas destinadas para este grupo de personas –de las que no abundan–.
Y ¿Qué hay de los niños y adolescentes al salir clases cada día? ¿Deben exponerse también a ser víctima de algún carro o motoconchista que conduzca a alta velocidad?
Pero como dice el dicho: ´´a grandes males, grandes remedios´´. A esos que tomaron la iniciativa de castigar a los que usurpen la vía del viandante no solo deberían anunciarlo, sino cumplir con ello y evitar lo que podría convertirse en una tragedia por culpa de inconscientes.
Algo viable que resolvería este problema que afecta a muchos ciudadanos es educar aquellos que no son juiciosos del daño que pueden hacer utilizando las aceras para que el país pueda inclinarse hacia el progreso y desarrollo como nación.
Iniciar desde ya con las nuevas y últimas generaciones con las orientación a fin de comenzar desde ya una siembra, que si se hace de la manera correcta, puede dar una buena cosecha.
El pueblo no necesita látigos ni castigos para comprender, bastaría solo algo de tiempo y paciencia y perseverancia de quienes orienten.
¡Que no se pierda nunca la fe, nunca!