Encantamientos, deseo y voluntad: lo que aprendí
Por A.H. – Colaboración especial
La magia no siempre te transforma, a veces solo te revela.
Este artículo nace, como muchas cosas, de una experiencia accidental, una fiesta, una sala sin ventanas, una combinación de pociones en el aire, no hubo accidentes que lamentar, no hubo escándalos públicos, pero sí un fenómeno digno de ser explorado: cómo la magia, combinada con nuestras emociones más humanas, puede hacernos cuestionar lo que sentimos, lo que deseamos y lo que estamos dispuestos a traicionar o proteger.
Una habitación privada, una persona conocida, una mezcla de poción de amor con probablemente una variante de poción desinhibidora ¿Y luego? Conversaciones incómodas, miradas demasiado largas, calor que no venía del clima.
Es fácil pensar que el deseo puede ser provocado mágicamente, que basta con agitar una varita, alterar un poco el aire, para hacer que dos personas crucen una línea, pero lo que descubrí esa noche fue todo lo contrario, el verdadero deseo, el que vale la pena, no lo crea ninguna poción, lo refuerza la memoria, el afecto, las decisiones y lo frena, también, la voluntad.
La Amortentia no crea amor, refleja, Intensifica, a veces con brutal precisión, el olor que te rodea, ese aroma imposible de inventar, viene de lo que tu cuerpo asocia con amor, con seguridad, con deseo. No huele igual para nadie y sin embargo, muchos creen que esa conexión química equivale a sentimiento ¿Qué pasa cuando descubres que lo que más deseas... ya está afuera esperándote?
¿Y qué ocurre cuando, por un segundo, el deseo se desvía?
Aquella noche entendí algo que ningún libro de Pociones enseña, que hay límites que valen más que el impulso, que el respeto, aunque no tenga fuegos artificiales, puede ser más poderoso que un beso, que la magia no puede torcer del todo el amor verdadero, aunque sí puede recordarte quién eres cuando nadie te está mirando, no me interesa romantizar lo que paso, el deseo existió, el error casi también, pero incluso en el calor de esa atmósfera enrarecida, hubo espacio para elegir y la elección fue honesta.
Mucho se habla del amor romántico en nuestra sociedad, del instinto, del “dejarse llevar”, poco se dice de lo que cuesta mantenerse firme cuando todo a tu alrededor te empuja hacia otra cosa, de cómo la monogamia, esa idea tan criticada como defendida, no es un hechizo ni una prisión, sino una elección consciente que se renueva cada día, incluso en medio de pociones peligrosas.
Este artículo no busca generar un debate moral, ni sentenciar a quienes cruzan límites, pero sí resaltar algo que rara vez se menciona, a veces lo más valiente no es el acto, sino el freno, no es besar, sino elegir no hacerlo, no es dejarse llevar, sino sostener el timón cuando la corriente aprieta y cuando sales de esa habitación, con la ropa intacta pero el alma un poco revuelta, te das cuenta de que no todo escándalo deja marcas visibles a veces solo deja lecciones.
Una de las mías fue esta: La magia puede alterar tus sentidos, pero no puede tomar tus decisiones por ti y si lo hace, entonces ya no es magia, es manipulación.
La voluntad es el verdadero acto mágico y por una vez, me alegra haberla tenido y experimentado.