Quiero hablarte de algo que...
...surge en el camino de elegir el arte como estilo de vida, por lo menos en mi caso particular: la música y las imágenes. A mis ya 41 años, me encuentro en un camino completamente diferente al que solía transitar. Todo lo que me daba satisfacción y plenitud, hoy solo me deja vacío y frustración. Pero es una acumulación que viene de muchos años atrás. Siempre fui un ser artístico para absolutamente todo.
Hace unos años atrás me diagnosticaron un trastorno de rumiación ansiosa obsesiva compulsiva. Para mi sorpresa, mi vida empezó a tener otro significado y más sentido aún entendiendo y asumiendo este estado al que me sometí toda la vida pensando que pensar demasiado me iba a llevar lejos. Bueno, si, lejos de la realidad, lejos de mis amistades, lejos del amor y la empatía. A lugares siniestros y oscuros de los cuales me es muy difícil escapar si no tengo una mano que me saque de esas arenas movedizas. Duele, me angustia. Asumir y aceptar que la mitad de mi vida estuve transitando algo solo sin saber como solucionarlo y que al ponerle nombre mi visión de la realidad cambie por completo, me deja en un estado meditativo, pensando?, si... pero desde un lugar más calmo, menos apabullado por las cosas que no fueron y las que no serán. Ese momento en que te das cuenta que todo lo que habías creído sobre tu vida, en parte, ha sido una gran fantasía durante décadas. Y sí, obvio que me dan ganas de llorar, de gritar de forma tal que mi voz se escuche en todo el globo terráqueo. Un grito que hace que el mundo gire tan rápido como tan estático en el vacío del espacio exterior. Sentirme sin oxígeno, paralizado físicamente y por dentro una la Little Boy esperando a ser arrojada por el Enola Gay. Entonces, le pregunté a mi hermosa madre (que ya no puede hablar pero está muy presente en el aquí y ahora): ¿Mamá, siempre fui así?, ¿Siempre exploté conmigo mismo como si fuera una gran bomba atómica que lo único que deja son rastros de sombras del pasado que empapelan el interior de mi ser?, ¿Manchas?... -Ella me mira fija e intensamente y luego responde asintiendo con la cabeza un enorme SI, mientras abre al máximo sus ojos para que me quede bien claro que no cabe ninguna duda de eso. Y yo, desolado por la afirmación y aún más confundido... solo quiero llorar en el regazo de mi madre. Necesito de su amor incondicional en este momento tan agobiante. ¿Cómo hago ahora para no obsesionarme con toda esta nueva data sobre mí, que siempre estuvo y no la podía ver? Y bueno, les escribo acá, para quien lea, para quien esté en una situación similar. Entiendo que no estoy solo y tengo apoyo, pero me es imposible negar que las distancias de años luz que puse en entre medio de mis amistades es una realidad. Porque es eso, dejarme llevar por los malestares internos, dejarlos escritos de forma tal que pueda salir de este momento alúcinógeno natural simplemente por no poder parar de salir de esas arenas que me chupan como cuando era adolescente y lo único que hacia era evadir con alcohol para sentir que todo estaba bien y el dolor pasa. Pero creo que ese dolor pasa si sigo aceptando y trabajando en mí para que al fin y al cabo pueda hacer un cambio mental de forma tal, que lo negativo obsesivo esté pero conviva con lo buena persona que soy. Porque esto es una verdad que vomito en el aquel y allá... algún día.













