La hora de la Champeta…cuando interesa al público blanco
Entre el 29 enero y el 1 de febrero se celebró en Cartagena de Indias, Colombia, el reconocido Hay Festival que se autodefine como “la fiesta de las ideas y las palabras”. Es un evento que cumplía su décimo aniversario, y en el que tienen lugar numerosas conferencias y conversatorios sobre literatura, política y sociedad con figuras de renombre a nivel nacional e internacional. Pero, si bien es uno de los festivales más importantes en cuanto a su temática de toda América Latina, es un festival que saca a la luz el racismo, clasismo y la desigualdad en los que está fuertemente sumergida la ciudad de Cartagena.
La diferencia de clases muy marcada en esta ciudad, donde las clases bajas y la clase media-alta difícilmente encuentran lugares en los que interactuar, ha marcado siempre un distanciamiento de lo popular-cultural. Puede decirse, que hoy en día se observa tanto a nivel nacional como local una apertura parcial hacia ciertos rasgos culturales de los cuales muchos sectores de la población del país renegaban de ellos. Pero ello no ha eliminado aun la existencia de un doble discurso envuelto en un aire de hipocresía por el que de puertas para fuera se reniega de estos aspectos culturales por estar ligados a las clases bajas, pero de puertas para dentro se disfruta a lo grande.
Volviendo al Hay Festival hay que aclarar que el público al que va dirigido no es, ni de lejos, el público que representa a la mayoría de la sociedad cartagenera. Este público, de una muy amplia mayoría blanca, tiene tres formas de acceder a los diferentes encuentros. Los estudiantes pueden conseguir escarapelas (entradas) de forma gratuita con una previa reserva. Un 20% que depende de si se llena el aforo o no. También, están aquellos invitados que ya sea por contactos o porque forman parte de la “élite” que reciben invitaciones gratuitas. Entre los invitados se encuentran patrocinadores, organizadores y los “amigos del Hay Festival” que pagan una suscripción anual. Por último, quedan aquellas personas que deciden comprar unas entradas por el precio de 20 mil pesos cada una. Un precio que se presupone inviable para un porcentaje alto de la población de la ciudad cuyo salario mínimo está en 644.350 pesos.
Prácticamente, la totalidad de los eventos del Hay Festival se llevan a cabo dentro de la muralla que delimita el centro histórico de la ciudad creando así una burbuja de realidad que poco tiene que ver con el resto de la ciudad. Los precios abusivos que se encuentran en el centro y patrones estéticos diferentes nos llevan, de nuevo, a mostrar el carácter clasista que envuelve las jornadas. Hay que concretar, diciendo que Cartagena es una ciudad cuyo centro histórico no se encuentra acondicionado para los cartageneros sino para el único disfrute del turista. Pero ese es un tema que no nos compete ahora.
Esta última edición del festival, haciendo un gesto de acercamiento a las clases más populares, se decidió terminar con un conversatorio dedicado a la Champeta y con un posterior concierto de uno de los máximos representantes de este género musical, Chales King.
Para los que no estén familiarizados con la Champeta, se trata de un género musical, que surge en África y que llega al caribe y a la costa colombiana a mediados de los años 70. Su origen en Colombia está ligado a los barrios populares/pobres de mayoría negra que encuentran en esta música un lazo con sus raíces y una vía de escape en términos de expresión de letras políticas y sexuales rompedoras con las estructuras mentales de la época. Un género que como muchos otros juega la mayoría del tiempo con metáforas y figuras retóricas con las que se plasman experiencias y realidades con un trasfondo social y contracultural muy marcado.
Es importante poner en contexto a Cartagena en el marco del racismo. Pese al paso del tiempo, las prácticas racistas siguen mostrándose en niveles realmente preocupantes. Por ejemplo, las estadísticas muestran claramente la diferencia en acceso a la educación y en acceso a obtener un trabajo de la población afrodescendiente con respecto a la blanca. Un estudio de la Universidad de los Andes en el que se enviaron hojas de vida falsas en las ciudades de Cali, Medellín y Bogotá reveló datos como que una persona blanca tiene el 20% de posibilidades de ser llamada a una entrevista de trabajo frente a un 9% de una persona afro del mismo perfil o como que el sector donde hay menos representación afro es en los bancos.* Y resulta que hoy en día quienes dominan son los Bancos. Por otro lado, hay datos tan alarmantes como los que se presentan en el último informe del PNUD “Los afrodescendientes frente a los objetivos del desarrollo del milenio” que afirman que el 32% de los afros adultos mayores en Cartagena son analfabetos.
Volviendo al conversatorio. Los representantes de la Champeta invitados, Charles King, Viviano Torres y Luis Towers, encontraron en el acto un espacio para reivindicar ciertos aspectos que consideran que aún no han cambiado pese a la relevancia que está obteniendo este género. Se criticó fuertemente a los diferentes agentes políticos de la ciudad, así como a los sucesivos alcaldes que se han empecinado en renegar de la Champeta hasta que han necesitado de los votos de la gente y por ello llevan a cabo pequeñas campañas que dan visibilidad y un supuesto reconocimiento a la champeta en un ejercicio de “Realpolitik”. Esto no debió agradar al señor alcalde Dionísio Vélez que se encontraba en el teatro y que decidió abandonar su palco cuando aún quedaba mucho del evento y el posterior concierto que puso a todo el teatro Adolfo Mejía a bailar. Se puede hacer un inciso para remarcar la ironía que tiene que un teatro que se llama Adolfo Mejía pero que difícilmente se encuentra población afrodescendiente en los eventos que tienen lugar en él.
Durante la sesión, hubo tiempo para hablar sobre las “nuevas” formas de champeta dejando para el debate la idea de cómo la entrada en un mercado más amplio y que pretende llegar a un público que nunca se ha reconocido como propio de la Champeta implica cambiar algunas de las bases para buscar la comercialización masiva y por lo tanto de rentabilidad económica. La tendencia a un “dejarse llevar” puede resultar peligrosa y puede dar lugar a que se pierdan algunas de los principales distintivos del género. Los sonidos cada vez más electrónicos, que tienden a hacer olvidar la raíz africana, y las letras cada vez más “simples” en el sentido de comerciales, pueden hacer que a la larga cambie el concepto de la Champeta y esto es un aspecto importante que se debe re-pensar. Hay quien dice que de haber sido hace unos años ya estaría sonando una champeta sobre El Chikungunya.
Es curioso como en un acto que habla de la reivindicación y reconocimiento de un género musical con una trayectoria transgresora y con un carácter tan fuerte de identidad africana la mayoría del público fuese blanco, vestidos de “etiqueta” y gente que utilizan el evento como escaparate para sus relaciones sociales y su nuevas prendas de vestir. No hay que pasar por alto el espacio que se crea de negocios y firmas de importantes acuerdos entre diferentes personalidades y empresas en los tiempos de espera de los eventos.
Con este evento se ha pretendido proclamar la mayoría de edad de un género socio-musical que se había acostumbrado a vivir bajo la segregación por clase, y por su puesto por raza. Si bien es positivo que se le reconozca institucionalmente el valor de este género no hay que olvidar que la champeta surgió y sobrevivió gracias a las clases populares. Gracias a la población afrodescendiente del caribe colombiano que en una búsqueda de identidad se encontró con una vía para expresarse y reconocerse a sí misma. Y por lo tanto, todo evento que no refleje ese aspecto, ese origen y la propia idiosincrasia del “Champetudo” no será representativo de la Champeta.
Para ir terminando considero que es necesario dejar claro una serie de aspectos que tienden a ser olvidados. La herencia africana, de la que mucho tiene que ver la Champeta, no se limita a una herencia en términos culturales ya sea a través del baile, la gastronomía o la artesanía. La herencia africana también se observa en diferentes modelos sociales de algunas zonas del país. La herencia africana está también en lo político y en lo económico, es decir, en aquello que permite empoderarse a las personas. La herencia de lucha, la herencia de tantas formas de trabajo de tierra, agricultura, etc. Hablar de herencia africana en solo términos culturales implica negar un pasado intelectual del africano, y con ello, ratificar el racismo interiorizado. Es volver a la invisibilización de un aspecto crucial del colectivo afrodescendiente.
Por último, es importante tener en cuenta la presión que ejerce la contracultura con respecto los patrones dominantes, y por ello es esencial evitar que se la apropien quienes siempre han renegado de ella porque perdería su esencia y por lo tanto su sentido.
*Fuente Noticias Caracol: http://st.caracolnoticias.co/antioquia/colombia/afrodescendientes-tienen-menos-oportunidades-laborales-segun-estudio